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 Hoy, más que nunca, escasean los patrones a los que ceñirse, y la Responsabilidad Social Corporativa se erige como la última esperanza de alcanzar un nuevo orden económico y empresarial mucho más eficaz, más transparente, orientado a la sostenibilidad a largo plazo.

 

Beatriz Lorenzo

Beatriz_LorenzoEl concepto de liquidez aparece, en principio, como un aspecto positivo cuyas connotaciones- flexibilidad, fluidez, ausencia de barreras-nos hacen pensar en una realidad carente de cortapisas, dúctil, adaptable. Sin embargo, existe una cara más oscura, y la concepción de la sociedad moderna como “tiempo líquido”, expresión acuñada por  el sociólogo Zygmunt Bauman, nos da fe de la transición de una modernidad casi inmóvil, pero sólida y estable, hacia un sistema voluble y cambiante en el que las estructuras sociales  ya no perduran en el tiempo.  Es la actual es una sociedad que ha visto apagarse la llama de la solución estable, el marco de referencia inamovible ( aunque a veces desacertado) para enfrentarse a una inestabilidad vinculada a la desaparición de patrones conocidos. 

 

Han sido varios los autores que  han indagado en las causas de la progresiva liquidez de la sociedad actual, como Franz Hinkelammert que, en su libro “El Retorno del Sujeto Reprimido” expone: “…el proceso de racionalización creciente que acompaña al desarrollo moderno, ésta produciendo una irracionalidad creciente…”. El propio Barman ahonda en el tema aseverando que en la actualidad las estructuras sociales ya no perduran el tiempo suficiente como para enraizarse en las costumbres de los ciudadanos, dando lugar a un mundo en el que el verdadero Estado es el dinero y “el olvido se presenta como condición del éxito”.

 

En la época actual, la liquidez se percibe más que nunca tras el derrumbe de los gigantes macroeconómicos que no supieron anteponer el sentido común a los afanes cortoplacistas, tras la vertiginosa serie de malas prácticas dieron lugar a una situación final de incertidumbre  y falta de referencias. Hoy, más que nunca, escasean los patrones a los que ceñirse, y la Responsabilidad Social Corporativa se erige como la última esperanza de alcanzar un nuevo orden económico y empresarial mucho más eficaz, más transparente, orientado a la sostenibilidad a largo plazo.

 

Empresas líquidas

 

Ahora bien, si la sociedad es líquida, las compañías desdibujan también sus márgenes, pierden la fuerza de los castillos casi infranqueables que eran en otras épocas. Los cerrojos corporativos, oxidados bajo capas de marketing engañoso, información sesgada y exageraciones recurrentes, saltan ahora bajo las palancas de unos stakeholders cada vez más exigentes, más lúcidos y  más comprometidos.

 

A la hora de examinar las posibles ventajas de la sociedad líquida, encontramos que las premisas de la Responsabilidad Social Corporativa encuentran aquí su habitat natural, su razón de ser. La paulatina maleabilidad de las estructuras favorece un estilo de liderazgo más horizontal, más dialogante y mucho más flexible para uno de los grupos de stakeholders internnos más importantes: los empleados. La colaboración empresarial, las redes sociales cada vez más dinámicas, la gestión del compromiso y la diversidad son otras de las premisas responsables que encuentran en la sociedad líquida el caldo de cultivo ideal para retroalimentarse a sí mismas y sobrevivir.

 

"Coopetición"


Lejos quedan, entonces, los tiempos en que triunfaban las compañías más voraces, las más implacables, las que más esfuerzo destinaban a la búsqueda de beneficios a toda costa. La competitividad- como premisa natural e inherente al mercado capitalista- sigue existiendo, pero matizada por las circunstancias. Aquí, como en otros aspectos, la naturaleza sirve de ejemplo con su teoría de la “coopetición”, que explica el modo en que varias especies del mundo natural son capaces de ayudarse e intercambiar agua o alimento. Un símil de total aplicación a las voraces multinacionales que, para sobrevivir en un modelo productivo mucho más lábil, mucho menos predecible, deberían aprender a compartir para competir de un modo cabal y más coherente que en épocas anteriores.

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