Imaginemos por un momento que en la ventanilla de cualquier entidad bancaria colgara un cartel que dijera en letras grandes “No hay financiación para empresas que no hacen una gestión ambiental responsable”. Cualquiera pensaría que ya no saben los bancos qué hacer para “cerrar el grifo a las empresas” y dificultar sus posibilidades de crecimiento. Se clamaría al cielo, argumentando que esta medida es una locura en la actual situación de crisis y desempleo. Pero si analizamos en profundidad las bases que sustentarían esta medida, quizás nos daríamos cuenta que sería una medida más sensata y argumentada de lo que parece a simple vista.
Jesús R. Andria
Imaginemos por un momento que en la ventanilla de cualquier entidad bancaria colgara un cartel que dijera en letras grandes “No hay financiación para empresas que no hacen una gestión ambiental responsable”. Cualquiera pensaría que ya no saben los bancos qué hacer para “cerrar el grifo a las empresas” y dificultar sus posibilidades de crecimiento. Se clamaría al cielo, argumentando que esta medida es una locura en la actual situación de crisis y desempleo. Pero si analizamos en profundidad las bases que sustentarían esta medida, quizás nos daríamos cuenta que sería una medida más sensata y argumentada de lo que parece a simple vista.
Para empezar, todos los que nos dedicamos a trabajar en consultoría ambiental sabemos que son muchas las empresas que no hacen una verdadera gestión responsable con el medio ambiente, incluso son muchas las ocasiones en las que ni siquiera se cumple con la normativa en vigor, aún corriendo el riesgo de importantes sanciones. Se anteponen otras prioridades, y más, en tiempos de crisis. Y esto nos lleva muchas veces a realizar una labor “evangelizadora” más que de consultoría, percibiendo que no pocas veces se cumple a golpe de sanción propia o del vecino.
A esto podemos añadir que, en la vanguardia de la puesta en marcha de políticas de Responsabilidad Social Corporativa en España se encuentran muchas de las grandes entidades bancarias. A día de hoy, son un sector que actúa de propulsor de la RSC, y con la intención de seguir siéndolo exprimen al máximo su máquina de marketing y comunicación para dar a conocer a la opinión pública cualquier avance que realizan en este campo, inclusive que durante los meses estivales sustituyan la corbata y el aire acondicionado por agua y ropa más informal para ahorrar energía (a lo cual no resto su importancia).
En este sentido, me pregunto si no es del todo incoherente aprobar un crédito a una empresa únicamente atendiendo a criterios financieros y de balance económico. Y me lo planteo por dos razones. Una porque se me antoja difícil que un banco o una compañía de seguros firmara una póliza de cobertura a robos con una empresa que no tuviese ventanas (ya no digo sistemas de alarmas). Hay que entender que si una empresa incumple la normativa ambiental en vigor, y su economía requiere para subsistir de una financiación externa, ante cualquier sanción (que suelen ser de importante cuantía, incluso superiores a 300.000 euros) entraría en quiebra de inmediato, igual de vulnerable que sin ventanas. En segundo lugar, porque entiendo que bajo el paraguas de las políticas de RSC de las entidades bancarias, esta medida sería, en mi opinión, del todo adecuada y serviría para trasladar los valores propios de estas políticas en su cadena de valor a los clientes.