La impresión que tienen los miembros de Manos Unidas es que "esta conferencia debería tener una importancia fundamental como tanteo de las negociaciones internacionales previas a la cumbre de Copenhague de diciembre de este año, va a tener más repercusión por las “puestas en escena” de algunos activistas, que por los avances conseguidos."
La sensación que los representantes de Manos Unidas han sacado de esta conferencia es que “se va a quedar en nada”. Muchos países desarrollados, principalmente Estados Unidos, no parecen dispuestos a comprometer una cifra clara para las reducciones de CO2 para hasta 2020. La Unión Europea es la única que se ha comprometido a reducir hasta 2020 un 20 por ciento sus emisiones de dióxido de carbono de forma unilateral.
Mientras tanto, los países en desarrollo parecen hablar otro lenguaje que se centra, sobre todo, en un compromiso de apoyo financiero para poder hacer frente a los procesos de adaptación y mitigación frente a los efectos del cambio climático. Y anuncian que, para ellos, la lucha contra el Cambio Climático es, ante todo, una cuestión de supervivencia.
Así, Elizabeth Peredo, miembro de la junta directiva de la Fundación Solón, de Bolivia, aseguró que "para quienes sufren los efectos (del cambio climático) hablar de adaptación es casi un chiste. Cuando un barco se hunde, la gente busca sobrevivir, no adaptarse. Por tanto, esto es un tema de supervivencia, y es eso lo que queremos hacer llegar a los líderes de Copenhague, porque creemos que no está presente en las negociaciones con la premura que requiere".
Pero para premura, la del tiempo. Son ya muchos lo que han dejado entrever que esa va a ser la excusa que va a impedir adoptar en Copenhague un acuerdo vinculante, que estipule sanciones para los países que lo incumplan.
Mucho nos tememos que Copenhague además de a “smorebrod” huele a humo.