Juantxo López UrraldeEn los últimos meses asistimos a una campaña sin precedentes de lavado de imagen de la industria nuclear, que ha alcanzado su punto culminante con el debate generado en torno al cierre de Garoña. No hace falta decir que el lobby nuclear mundial está centrando  sus ataques en España, ante el riesgo de que se cierre por aqui alguna central que pudiera ser ejemplo para otros paises.

 

Juantxo Lóez Uralde

Director Ejectutivo de Greenpace

Juantxo López Urralde

 

En los últimos meses asistimos a una campaña sin precedentes de lavado de imagen de la industria nuclear, que ha alcanzado su punto culminante con el debate generado en torno al cierre de Garoña. No hace falta decir que el lobby nuclear mundial está centrando  sus ataques en España, ante el riesgo de que se cierre por aqui alguna central que pudiera ser ejemplo para otros paises.

 

Hay dos indicadores clave de responsabilidad de un sector empresarial: la transparencia y la veracidad en sus informaciones. En ambos el sector nuclear (e incluyo en él al Consejo de Seguridad Nuclear) obtienen un suspenso rotundo. Basta analizar el incidente de la fuga radiactiva de la central de Ascó para probar mis argumentos. Dicha fuga  fue ocultada por la empresa primero y por el CSN después. Tuvo que ser Greenpeace quien diera cuenta de la misma. ¿Puede ser considerado responsable ante la sociedad quien hace gala de profundo secretismo, y sólo cuando una organización social denuncia el problema y no queda ya remedio, entonces lo reconoce? Desde mi punto de vista la respuesta es clara: no.



Pero, además, la industria nuclear no es limpia, ni segura, ni barata. No puede ser limpia una industria que produce residuos mortalmente tóxicos, que quedarán acumulados durante cientos de generaciones. Su seguridad está en entredicho por los constantes incidentes y accidentes que tienen estas plantas, y por su vulnerabilidad frente a atentados terroristas. Los impactos cualitativos de un accidente nuclear son tremendos, como vimos en Chernóbil. en cuanto al precio, se trata de la energía más cara, por el alto coste de construcción de sus plantas.



En estas semanas hemos sido víctimas de las mentiras de industria nuclear. Nos han dicho que España depende de las nucleares francesas, cuando en realidad somos exportadores de energía; que si se cierra Garoña la luz subirá un 10%, lo cual es falso; el pronuclear Ministro Sebastián ha manifestado que hay centrales estupendas a los 50 años, cuando ninguna central nuclear  tiene más de 42 años; que combaten el cambio climático, cuando las emisiones percápita no son menores en los países nuclearizados. y yo me pregunto, ¿puede ser responsable un sector que utiliza la mentira como argumento?



El caso de Garoña ha puesto en evidencia a un sector, el nuclear, capaz de hacer lo que sea por defender el beneficio económico que genera el alargamiento de la vida de una planta vieja y peligrosa. La codicia por encima del bien común.




Juan Lopez de Uralde
Director Ejecutivo
Greenpeace España

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