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España podría generar hasta 560.000 puestos de trabajo vinculados a la economía verde antes de 2030. Sin embargo, esta oportunidad laboral no está llegando por igual a todas las generaciones. Un informe de Fundación Endesa y Fundación Máshumano advierte de que las personas mayores de 50 años encuentran importantes obstáculos para incorporarse a los sectores sostenibles, pese a que más del 90% estaría dispuesto a formarse y trabajar en ellos.
La transición ecológica abre miles de empleos, pero deja atrás al talento sénior

La transición hacia una economía más sostenible no solo plantea cambios en la manera de producir, consumir y utilizar los recursos, sino que también abre nuevas posibilidades de empleo. Sin embargo, el crecimiento de las actividades vinculadas a la descarbonización y la protección ambiental convive con una realidad preocupante: miles de profesionales con experiencia siguen encontrando dificultades para reincorporarse al mercado laboral debido a su edad.

Según las previsiones del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), España podría crear hasta 560.000 empleos verdes antes de que termine esta década. Una oportunidad que podría contribuir a reducir el desempleo entre las personas mayores de 50 años, un colectivo que representa cerca de un tercio de la población desempleada del país.

Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), correspondientes al tercer trimestre de 2026 y publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), muestran que más de 767.000 personas mayores de 50 años se encuentran en situación de desempleo, lo que equivale al 30% del total. Además, 386.200 de ellas, aproximadamente la mitad, llevan un largo periodo buscando trabajo.

En este contexto, el informe Activar la experiencia: Oportunidades de empleo y emprendimiento sénior en la economía verde, elaborado por SAVIA, una iniciativa de Fundación Endesa en colaboración con Fundación Máshumano, analiza las posibilidades de inserción laboral que ofrece la transición ecológica y las barreras que dificultan su aprovechamiento.

Una de sus principales conclusiones es que la falta de interés no constituye el problema. Más del 90% de las personas sénior encuestadas afirma que estaría dispuesta a trabajar en actividades relacionadas con la economía verde y a adquirir nuevas competencias para hacerlo. No obstante, las dificultades para acceder a formación especializada, los prejuicios asociados a la edad y la falta de contactos profesionales siguen limitando sus oportunidades.

Un mapa de oportunidades verdes con importantes diferencias territoriales

El avance del empleo sostenible no se produce de manera homogénea en España. Las posibilidades laborales dependen de las características económicas de cada comunidad autónoma, de sus recursos naturales y de los sectores productivos que están impulsando su transformación ecológica.

De acuerdo con los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recogidos en el estudio, la Comunidad de Madrid encabeza la clasificación territorial, con un 22,1% de empleo verde. Le siguen Cataluña, con un 20,1%; Cantabria y País Vasco, ambas con un 20%; y Galicia, con un 19,8%.

En Madrid, las principales oportunidades se encuentran en la rehabilitación energética de edificios, la gestión de residuos y el desarrollo de sistemas de movilidad sostenible. Estas actividades pueden resultar especialmente relevantes para profesionales con trayectorias vinculadas a la construcción y las instalaciones, que podrían adaptar sus conocimientos a las nuevas exigencias ambientales.

Cataluña, por su parte, presenta un importante potencial en el despliegue de energías renovables, especialmente mediante instalaciones solares fotovoltaicas y eólicas. También destaca el impulso de la movilidad eléctrica, particularmente en Barcelona, donde las políticas de transporte sostenible están favoreciendo nuevas actividades profesionales.

En el norte peninsular, Cantabria y el País Vasco comparten un peso similar del empleo verde, aunque sus oportunidades responden a modelos productivos diferentes. Mientras Cantabria concentra parte de su potencial en la energía eólica y marina, la economía azul y la recuperación de ecosistemas costeros, el País Vasco encuentra oportunidades en la eficiencia energética, la gestión avanzada de residuos y la movilidad eléctrica, en el marco de su transformación industrial.

Galicia presenta un perfil especialmente relacionado con el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. La gestión de espacios protegidos, la acuicultura responsable, la energía procedente de biomasa y los proyectos de restauración ecológica, especialmente en Lugo, constituyen algunas de sus principales áreas de desarrollo.

El estudio también identifica territorios emergentes en este ámbito, como la Comunidad Valenciana, donde el empleo verde representa el 17,9%, y las Islas Baleares, con un 17,2%.

Estas diferencias territoriales ponen de manifiesto que la incorporación de profesionales sénior a la economía verde requiere estrategias de formación y orientación adaptadas a las necesidades concretas de cada región.

La edad, una barrera para acceder a los nuevos empleos sostenibles

Pese a las posibilidades que ofrece la transformación ecológica, el informe advierte de que muchos trabajadores mayores de 50 años no cuentan con los recursos necesarios para acceder a estas nuevas ocupaciones.

Uno de los principales problemas es la escasa formación especializada. Apenas el 3% de las personas encuestadas ha recibido capacitación específica en economía verde, mientras que el 45% reconoce dificultades para acceder a este tipo de aprendizaje.

Esta situación resulta especialmente relevante porque muchas de las actividades con mayor potencial de crecimiento requieren conocimientos técnicos concretos. La rehabilitación energética de edificios, las instalaciones renovables, la movilidad eléctrica o la acuicultura sostenible son algunos ejemplos de sectores en los que la actualización de competencias puede facilitar la incorporación de trabajadores procedentes de otras actividades.

Sin embargo, el obstáculo no es únicamente formativo. El 71% de los profesionales consultados considera que existe discriminación por edad en los procesos de selección. Estos prejuicios pueden dejar fuera a personas que cuentan con experiencia y capacidades profesionales aprovechables para los nuevos empleos.

A ello se suma la dificultad para identificar oportunidades laborales. El 57% de los encuestados asegura que desconoce cómo buscar trabajo en la economía verde y el 32% señala la ausencia de redes profesionales en estos sectores.

La aparición de nuevas empresas, plataformas de contratación y canales de contacto puede complicar la búsqueda de empleo para quienes han desarrollado su trayectoria en actividades tradicionales. Además, los periodos prolongados de desempleo contribuyen a debilitar los vínculos profesionales y dificultan todavía más el regreso al mercado laboral.

Desde Fundación Endesa insisten en que la transformación ecológica debe aprovechar tanto las nuevas capacidades como la experiencia acumulada por quienes llevan décadas trabajando.

“La transición ecológica también debe ser una oportunidad para el talento sénior. La transformación de los sectores productivos exige nuevas competencias, pero también experiencia, conocimiento y capacidad de adaptación. Para aprovechar todo este potencial, es necesario facilitar que los profesionales mayores de 50 años puedan actualizar sus habilidades y acceder a las oportunidades que están surgiendo”, señala Carlos Mur, responsable de Empleo y de Emprendimiento Verde de Fundación Endesa.

Formación, contratación inclusiva y colaboración para no dejar a nadie atrás

Ante este escenario, el estudio de SAVIA plantea que aprovechar el potencial del empleo verde exige una respuesta conjunta de las administraciones públicas, las empresas, las instituciones educativas y los propios trabajadores.

En el ámbito individual, el documento recomienda que los profesionales sénior refuercen sus competencias ambientales y digitales, mantengan actualizados y visibles sus perfiles profesionales y exploren alternativas como el emprendimiento o la mentoría para regresar al mercado laboral.

Por su parte, las empresas tienen un papel fundamental en la eliminación de las barreras de acceso. El informe propone desarrollar programas de formación adaptados a las necesidades de este colectivo, revisar los procedimientos de selección para evitar sesgos relacionados con la edad y promover iniciativas de mentoría intergeneracional que faciliten el intercambio de conocimientos entre profesionales de distintas generaciones. También recomienda incorporar fórmulas de contratación flexibles.

Las administraciones públicas, las universidades y las entidades sociales deben contribuir a este proceso mediante itinerarios de recualificación que permitan obtener certificaciones reconocidas, incentivos específicos para favorecer la contratación de mayores de 50 años en actividades sostenibles y campañas de sensibilización destinadas a combatir los estereotipos asociados al envejecimiento laboral.

El informe concluye que el principal desafío no reside en la falta de capacidades de los profesionales sénior, sino en la insuficiencia de políticas y programas que permitan actualizar sus conocimientos y conectar su experiencia con las necesidades de los sectores emergentes.

En definitiva, el crecimiento de la economía verde representa una oportunidad para avanzar simultáneamente en la sostenibilidad ambiental y la inclusión laboral. Pero para que esta transformación sea verdaderamente justa, no bastará con crear nuevos puestos de trabajo: también será necesario garantizar que la edad no se convierta en un motivo de exclusión de las oportunidades que ofrece la transición ecológica.

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