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Las rutas migratorias hacia Europa son cada vez más peligrosas. Entre enero y abril de 2026, 821 personas murieron o desaparecieron en el Mediterráneo Central, más del doble que un año antes, mientras las llegadas descendieron un 46%. Los últimos datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) vuelven a situar en primer plano una cuestión esencial de derechos humanos: reducir los movimientos migratorios no significa necesariamente proteger mejor la vida de quienes migran.
El Mediterráneo, una frontera cada vez más mortal para las personas migrantes

Las cifras dibujan una paradoja especialmente preocupante. Hay menos personas llegando a Europa por algunas de sus principales rutas migratorias, pero quienes emprenden esos desplazamientos se enfrentan a recorridos que pueden ser más largos, complejos y peligrosos.

Según el Panorama Mundial de las Rutas Migratorias correspondiente al periodo enero-abril de 2026, elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre enero y abril 821 personas murieron o desaparecieron en la Ruta del Mediterráneo Central. La cifra supone un incremento del 111% respecto al mismo periodo de 2025. Al mismo tiempo, las llegadas se redujeron un 46%, hasta situarse en 8.577.

El comienzo del año fue particularmente mortífero: 430 de esas muertes y desapariciones se produjeron únicamente en enero, coincidiendo con el paso del ciclón Harry por la región.

La situación también se agravó en el Mediterráneo Oriental. Durante los cuatro primeros meses del año se contabilizaron 244 personas muertas o desaparecidas, un 259% más, con numerosos naufragios registrados en las proximidades de Creta.

Los datos refuerzan una advertencia fundamental: el descenso de las llegadas no puede utilizarse por sí solo como indicador de éxito de las políticas migratorias cuando las personas continúan perdiendo la vida durante el trayecto. La propia OIM ya había advertido que la combinación de conflictos, impactos climáticos, fragilidad económica, inestabilidad política y mayores controles fronterizos podía hacer que los desplazamientos durante 2026 fueran más largos, fragmentados y arriesgados.

“Detrás de cada una de estas cifras hay una familia que espera noticias que nunca llegan”, señaló la directora general adjunta de la OIM, Ugochi Daniels. La responsable de la organización recordó además que, ante unos trayectos cada vez más largos y peligrosos, salvar vidas tanto en el mar como en tierra constituye una responsabilidad compartida que no puede recaer únicamente sobre un Estado.

España ante unas rutas que están cambiando

El informe muestra, además, que las tendencias son muy diferentes dependiendo del corredor migratorio. En la Ruta Atlántica de África Occidental, las llegadas a España descendieron un 78%, hasta las 2.276. Sin embargo, los puntos de salida se han desplazado hacia zonas situadas más al sur, lo que prolonga las travesías y aumenta los riesgos que afrontan las personas en movimiento.

La evolución es diferente en la Ruta del Mediterráneo Occidental, donde las llegadas a España aumentaron un 66%, hasta alcanzar las 5.647. Este crecimiento estuvo impulsado por la triplicación de los cruces terrestres hacia Ceuta y Melilla.

Estos cambios confirman el carácter dinámico de las rutas migratorias. La OIM subraya que se trata de recorridos fluidos e interconectados que atraviesan diferentes países y regiones, por lo que propone analizarlos desde una perspectiva que contemple conjuntamente los lugares de origen, tránsito y destino, en lugar de limitar la respuesta a las fronteras de cada Estado.

Fuera de Europa, el panorama también está experimentando profundas transformaciones. En la Ruta Oriental del Cuerno de África, las llegadas a Yemen crecieron un 9%, hasta alcanzar las 70.200, siguiendo las pautas estacionales. En cambio, en el Darién, en Panamá, el movimiento hacia el norte prácticamente se detuvo durante el periodo analizado, con solo 135 tránsitos registrados.

Las hostilidades en Oriente Medio constituyen otro factor decisivo. La escalada iniciada a finales de febrero provocó desplazamientos masivos en Líbano e incrementó los retornos transfronterizos hacia Siria durante marzo y abril. La propia Matriz de Seguimiento de Desplazamiento de la OIM ha documentado durante la primavera de 2026 cómo la intensificación de las hostilidades en la región ha generado una crisis humanitaria con efectos significativos sobre la movilidad de la población.

Migrar desde una perspectiva de derechos humanos

Las cifras adquieren otra dimensión cuando la movilidad humana se aborda desde el marco internacional de los derechos humanos. Hablar del derecho a migrar requiere, sin embargo, una precisión importante: el derecho internacional no reconoce de manera general un derecho ilimitado a entrar libremente en cualquier país.

Sí existen derechos fundamentales directamente vinculados con la movilidad. El artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece el derecho de toda persona a circular libremente y elegir su residencia dentro de un Estado, así como a salir de cualquier país, incluido el propio, y regresar a él. Su artículo 14 reconoce, además, el derecho a buscar asilo frente a la persecución.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su artículo 12, también reconoce que toda persona es libre de salir de cualquier país, incluido el suyo, y establece que nadie puede ser privado arbitrariamente del derecho a entrar en su propio país. Las eventuales restricciones deben estar previstas legalmente y cumplir condiciones específicas vinculadas, entre otras cuestiones, con la seguridad nacional, el orden público, la salud pública o los derechos y libertades de otras personas.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos aclara precisamente esta distinción: no existe en el derecho internacional un “derecho a migrar” como tal, entendido como un derecho automático a entrar en cualquier Estado, pero sí un conjunto de derechos que los Estados deben respetar también en la gestión de sus fronteras, comenzando por el derecho a abandonar cualquier país y regresar al propio.

Esta perspectiva resulta especialmente relevante frente a la mortalidad en las rutas. Independientemente de su situación administrativa, las personas migrantes siguen siendo titulares de derechos humanos. La gestión migratoria y el control de fronteras no eliminan las obligaciones de protección de la vida, la dignidad y la integridad de las personas.

304 millones de migrantes internacionales

La dimensión global de la movilidad humana va mucho más allá de las imágenes de embarcaciones que llegan a las costas europeas. La OIM estima que había alrededor de 304 millones de migrantes internacionales en el mundo a mediados de 2024. Aun así, desplazarse internacionalmente continúa siendo una excepción: la mayoría de la población mundial vive en su país de nacimiento y la migración interna es mucho más frecuente. Entre quienes migran internacionalmente, el trabajo constituye el principal motivo y las personas trabajadoras migrantes representan la mayoría.

Daniels ha llamado precisamente a ampliar la mirada: casi la mitad de esos 304 millones de migrantes internacionales reside dentro de su propia región. “Los buenos datos no sustituyen a las soluciones, pero no hay soluciones sin ellos”, afirmó.

El Panorama Mundial de las Rutas Migratorias reúne información procedente de la Matriz de Seguimiento de Desplazamiento (DTM), el Proyecto Migrantes Desaparecidos de la OIM y gobiernos asociados. La organización actualiza los datos de las principales rutas cada cuatro meses con el objetivo de comprender cómo evolucionan unos movimientos humanos que no se detienen en las fronteras nacionales.

Detrás de los porcentajes de llegadas, descensos y aumentos existen personas que buscan seguridad, oportunidades, protección o una vida diferente. Y detrás de cada muerte o desaparición queda también una familia. Una política migratoria compatible con los derechos humanos no puede medir sus resultados únicamente por cuántas personas alcanzan una frontera: también debe preguntarse cuántas vidas se pierden intentando llegar hasta ella.

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