Las rutas migratorias hacia Europa son cada vez más peligrosas. Entre enero y abril de 2026, 821 personas murieron o desaparecieron en el Mediterráneo Central, más del doble que un año antes, mientras las llegadas descendieron un 46%. Los últimos datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) vuelven a situar en primer plano una cuestión esencial de derechos humanos: reducir los movimientos migratorios no significa necesariamente proteger mejor la vida de quienes migran.