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En el Día Internacional de la Juventud, que se celebra hoy 12 de agosto, las cifras europeas muestran una generación que sitúa el medio ambiente entre sus principales preocupaciones, pero que al mismo tiempo afronta dificultades económicas, riesgo de pobreza y obstáculos para incorporarse al mercado laboral. Garantizar un futuro sostenible exige que la transición ecológica vaya acompañada de empleo digno, formación, protección social y una participación real de los jóvenes en las decisiones que determinarán las próximas décadas.
¿Qué futuro sostenible estamos dejando a los jóvenes?

Cada 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, una fecha establecida por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1999 para situar en la agenda internacional los desafíos que afectan a las nuevas generaciones y reconocer su potencial como actores fundamentales de la sociedad. La celebración está vinculada al Programa de Acción Mundial para los Jóvenes y busca impulsar su participación en ámbitos decisivos para el futuro colectivo.

Hablar hoy de juventud implica necesariamente hablar de sostenibilidad. Las generaciones más jóvenes tendrán que vivir durante más tiempo con las consecuencias de las decisiones que actualmente se adopten en materia de cambio climático, energía, empleo, vivienda o protección social. Pero también serán protagonistas de buena parte de las transformaciones necesarias para construir economías más sostenibles.

La cuestión, por tanto, no pasa únicamente por preguntar qué pueden hacer los jóvenes frente a la crisis ambiental, sino también por plantear qué condiciones económicas, sociales y laborales les está ofreciendo la sociedad para construir ese futuro sostenible.

El medio ambiente preocupa, pero también llegar a fin de mes

Los datos muestran que las preocupaciones ambientales conviven con problemas mucho más inmediatos. Según la Encuesta sobre Juventud del Eurobarómetro, publicada por el Parlamento Europeo, el 40% de los europeos de entre 16 y 30 años identifica el aumento de los precios y el coste de la vida como una de sus principales preocupaciones.

Al mismo tiempo, uno de cada tres jóvenes considera que la Unión Europea debería centrar su atención en el medio ambiente y el cambio climático durante los próximos cinco años. La situación económica y la creación de empleo son señaladas por el 31%, mientras que la vivienda aparece entre las prioridades para el 23%.

Esta combinación resulta especialmente significativa: para una parte importante de la juventud europea, la preocupación por el planeta convive con la incertidumbre sobre sus propias condiciones materiales de vida.

Los últimos datos de Eurostat refuerzan esa lectura. En 2025, el 24,2% de las personas de entre 15 y 29 años de la Unión Europea se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social, frente al 20,9% registrado para el conjunto de la población. Además, el 5,8% de los jóvenes sufría privación material y social severa.

El empleo sigue siendo una pieza fundamental

La inserción laboral representa otro de los grandes desafíos. En 2025, el 11% de los jóvenes europeos de entre 15 y 29 años no estaba trabajando ni participaba en estudios o formación, según Eurostat. Aunque supone una importante mejora frente al 15,2% registrado en 2015, la cifra todavía se encuentra por encima del objetivo europeo de reducir este indicador al 9% para 2030.

También existen señales positivas. La tasa de empleo entre los jóvenes de 20 a 34 años que habían finalizado recientemente sus estudios alcanzó el 83% en la UE en 2025, frente al 82,3% del año anterior. Entre quienes contaban con educación superior llegó al 87%.

A escala mundial, sin embargo, el desafío continúa siendo considerable. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte de que alrededor de uno de cada cinco jóvenes —el 20,4%— no estudia, no trabaja ni recibe formación, una situación que limita tanto sus oportunidades presentes como sus posibilidades de construir una trayectoria laboral estable.

Una transición verde que también debe ser justa

La transformación hacia una economía baja en carbono puede abrir nuevas oportunidades laborales para las generaciones jóvenes, pero ese potencial no se materializará automáticamente.

La OIT sostiene que una transición justa hacia economías ambientalmente sostenibles debe incorporar específicamente a la juventud. Entre las medidas que considera necesarias figuran la promoción del empleo verde, el acceso a las competencias y la formación adecuadas, el apoyo al emprendimiento juvenil, sistemas de protección social y mecanismos que permitan a los jóvenes participar en la toma de decisiones.

Precisamente en julio de 2026, la organización presentó su programa Skills for a Greener Future, orientado a fortalecer las capacidades de trabajadores, empresas e instituciones para impulsar una transición justa, aumentar la productividad y favorecer el trabajo decente. La iniciativa sitúa el desarrollo de competencias para empleos verdes como una pieza de la transformación económica.

El reto es especialmente relevante porque la transición ecológica puede generar empleo juvenil, pero existe una brecha entre las oportunidades previstas y las capacidades disponibles. La OIT estima que una transición justa hacia una economía verde podría generar 8,4 millones de empleos para jóvenes de aquí a 2030, mientras advierte de que más del 60% podría carecer de las competencias fundamentales necesarias para desenvolverse en una economía baja en carbono si no se refuerza la formación.

Los jóvenes no pueden ser únicamente destinatarios

La sostenibilidad plantea, además, una cuestión de justicia intergeneracional. Muchas de las decisiones que se toman actualmente sobre emisiones, energía, biodiversidad, ciudades o modelos productivos desplegarán sus efectos durante décadas. Incorporar a quienes vivirán durante más tiempo con esas consecuencias supone reconocerlos no solo como beneficiarios de las políticas públicas, sino como participantes en su diseño.

Naciones Unidas destaca precisamente la capacidad de la juventud para contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y recuerda que el mundo cuenta con más de 1.200 millones de jóvenes, cuya participación, creatividad y capacidad de movilización resultan relevantes para avanzar hacia sociedades más sostenibles.

La OIT plantea una idea similar respecto a la transición ecológica: los jóvenes deben contar con mecanismos para participar en las políticas que condicionarán sus oportunidades futuras, incluido el diálogo social y otras fórmulas de participación en la toma de decisiones.

Sostenibilidad también significa poder construir un proyecto de vida

El Día Internacional de la Juventud ofrece así una oportunidad para ampliar el significado de la palabra sostenibilidad. Un futuro sostenible no depende exclusivamente de reducir emisiones o acelerar las energías renovables. También requiere que las nuevas generaciones puedan acceder a formación, encontrar empleos dignos, afrontar el coste de la vida y participar en las decisiones que condicionarán su futuro.

Las cifras muestran avances en algunos ámbitos, como el empleo de los recién graduados o la reducción del porcentaje de jóvenes europeos que no estudian ni trabajan. Pero también revelan vulnerabilidades persistentes, desde el riesgo de pobreza hasta las dificultades de inserción laboral.

La transición ecológica abre una oportunidad para cambiar esa realidad si las políticas climáticas, laborales, educativas y sociales avanzan de manera coordinada. El desafío no consiste únicamente en dejar a los jóvenes un planeta ambientalmente más habitable, sino también una sociedad en la que dispongan de las herramientas y oportunidades necesarias para construir su propio futuro.

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