
Europa vuelve a sufrir las consecuencias más graves del calor extremo. Cuando el verano todavía no ha terminado, los datos recopilados en cinco países europeos muestran cerca de 10.000 fallecimientos en exceso vinculados a las altas temperaturas, según informó este miércoles la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El problema adquiere una dimensión especialmente preocupante en una región que se calienta aproximadamente al doble de la media mundial. Esta evolución convierte las olas de calor en una amenaza creciente para la salud pública, la seguridad sanitaria y la capacidad de respuesta de hospitales y otros servicios esenciales.
“Casi 10.000 muertes en exceso, y el verano todavía no ha terminado”, alertó el director regional de la OMS para Europa, Hans Henri P. Kluge. El responsable de la organización rechazó que estos episodios puedan considerarse únicamente desastres naturales y señaló que se repiten cada año porque numerosos gobiernos todavía abordan el calor como un fenómeno meteorológico y no como una emergencia sanitaria.
Para ayudar a los países a afrontar esta situación, la OMS ha presentado una nueva edición de su guía para los Planes de Acción sobre Calor y Salud. El documento propone sustituir las respuestas puntuales por una preparación permanente que permita actuar antes de que las temperaturas alcancen niveles peligrosos.
Según explica la organización, el marco reúne ocho componentes fundamentales: reforzar la gobernanza, desarrollar sistemas de alerta temprana, localizar a las poblaciones más expuestas, mejorar la comunicación pública, preparar los servicios sanitarios, reducir la exposición al calor y fortalecer tanto la vigilancia como la evaluación de las medidas adoptadas.
La guía incluye, además, cinco documentos con recomendaciones dirigidas específicamente a los ámbitos de la salud, el trabajo, la planificación urbana, los servicios sociales y la educación. También incorpora un banco de mensajes de salud pública preparado para su difusión durante episodios de temperaturas extremas.
El aumento de las hospitalizaciones durante las olas de calor ejerce una presión añadida sobre unas instalaciones sanitarias que, en muchos casos, no fueron construidas para resistir temperaturas tan elevadas. El sobrecalentamiento puede comprometer el suministro eléctrico, la refrigeración y los sistemas informáticos, al tiempo que incrementa el estrés térmico entre pacientes y profesionales.
La OMS pone como ejemplo al hospital Buhuși, en Rumania. El centro habilitó una zona climatizada para atender a pacientes con golpes de calor, distribuye agua fresca y ha formado a su plantilla para reconocer los primeros signos de agotamiento por calor. También trabaja para instalar un sistema de refrigeración de alta eficiencia en todo el edificio.
La organización presta asistencia a distintos países mediante el Índice de Seguridad Hospitalaria, una herramienta diseñada para comprobar si los centros podrán mantener su actividad durante una emergencia. Armenia, Georgia, Kazajistán, Polonia y Ucrania ya han llevado a cabo evaluaciones y programas de formación con el respaldo de la OMS para reforzar la preparación de sus respectivos sistemas sanitarios.
La nueva guía también plantea que la población deje de ser considerada una simple receptora de avisos. Las personas y las comunidades pueden desempeñar un papel activo en la protección de su propia salud y en el cuidado de quienes se encuentran a su alrededor.
Como referencia, la OMS destaca el plan del Reino Unido ante fenómenos meteorológicos extremos. Este modelo utiliza alertas diferenciadas por colores y las vincula con actuaciones concretas para los servicios sanitarios, las autoridades locales, las organizaciones comunitarias y la ciudadanía. Cuando algunas zonas británicas registraron hasta 37,7 °C en junio de este año, el mecanismo activó automáticamente las advertencias correspondientes.
La OMS advierte de que el calentamiento de Europa no puede afrontarse exclusivamente mediante actuaciones dentro del continente. En julio de 2024, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, instó a todos los países a elaborar planes nacionales frente al calor y a fortalecer la cooperación internacional. Diez entidades de la ONU, entre ellas la OMS, participan en esta iniciativa.
Durante los últimos cuatro años, las altas temperaturas han provocado más de 200.000 muertes en la región europea. Además, la mortalidad asociada al calor ha crecido un 30% durante las dos últimas décadas, de acuerdo con los datos recordados por Kluge.
Pese a la gravedad del balance, la OMS subraya que una parte importante de estas muertes puede evitarse. Entre las medidas necesarias se encuentran alertar con antelación a las comunidades, adaptar las ciudades para reducir el calor, facilitar el acceso al agua y a espacios con sombra, prestar atención a las personas más vulnerables y preparar los sistemas sanitarios antes de que las temperaturas lleguen a sus niveles máximos.