
La resiliencia climática gana peso en la agenda financiera y empieza a consolidarse como un factor estratégico para la inversión. Así lo trasladaron representantes de BBVA durante su participación en la London Climate Action Week, el gran encuentro internacional celebrado en la capital británica entre el 22 y el 25 de junio, que reunió a más de 100.000 asistentes y más de 1.000 actividades en torno a la acción climática.
Según expuso la entidad en distintos foros celebrados durante esta semana del clima, el riesgo físico asociado al cambio climático —como sequías, inundaciones o fenómenos meteorológicos extremos— está dejando de abordarse únicamente desde la sostenibilidad para incorporarse de forma creciente a las decisiones de negocio, financiación e inversión.
En una mesa redonda organizada por la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP FI), Antoni Ballabriga, director global de Inteligencia en Sostenibilidad de BBVA, defendió que la adaptación climática se está convirtiendo en una palanca de competitividad para las empresas. En ese contexto, señaló que la próxima cumbre del clima prevista en Antalya será, a su juicio, “la COP de la implementación”, en un momento en el que el debate ya no gira tanto en torno a si los impactos climáticos se producirán, sino a cómo compañías y financiadores incorporan esos riesgos a sus decisiones de inversión.
La misma idea estuvo presente en otra de las sesiones del encuentro, en la que participó José Antonio Carbonero, managing director de project finance de BBVA en Reino Unido. Allí advirtió de que el riesgo físico climático ha pasado a ocupar una posición central en la asignación de capital. A su juicio, tanto bancos como inversores están reforzando sus capacidades para evaluar este tipo de riesgos y prestan cada vez más atención a que sus clientes dispongan de estrategias de resiliencia sólidas y creíbles.
En ese escenario, Carbonero apuntó que, aunque la adaptación todavía no se incorpora de forma sistemática en la financiación, sí se observa una mayor exigencia en el análisis de la exposición climática de los proyectos y de los planes de preparación de las empresas. En consecuencia, aquellas organizaciones capaces de identificar sus vulnerabilidades y demostrar medidas claras de adaptación estarán mejor situadas para sostener su acceso al capital a medio y largo plazo.
Desde esta óptica, el papel de las entidades financieras también evoluciona. Más allá de canalizar recursos, su función pasa por acompañar a las empresas en la identificación de riesgos físicos y en el diseño de planes de resiliencia que permitan transformar esas necesidades en proyectos financiables.
Para ilustrar ese enfoque, BBVA compartió durante el encuentro algunos ejemplos vinculados a operaciones de project finance en las que la resiliencia se incorpora desde el diseño del activo o de la infraestructura. Entre ellos, la entidad citó el acueducto HARP, concebido para transportar agua en el noroeste de Inglaterra, además de distintas infraestructuras de transporte en varios países e iniciativas ligadas a la agricultura regenerativa.
La entidad subraya que el argumento empresarial de la adaptación también está cambiando. Si hasta hace poco el foco se situaba en el coste de no actuar y en la necesidad de evitar pérdidas, ahora gana terreno una visión más ligada a la protección de ingresos, la continuidad operativa y la preservación del valor de los activos. Bajo esta perspectiva, la resiliencia climática deja de entenderse solo como una herramienta de gestión del riesgo y empieza a verse como un elemento de ventaja competitiva.
En otra de las sesiones celebradas durante la London Climate Action Week, Gunes Gozen, del área de Sostenibilidad de Garanti BBVA, puso el acento en la necesidad de reforzar mecanismos que aceleren la financiación de una transición energética limpia y segura.
Como balance de su participación en el encuentro, BBVA destacó el avance de la agenda de resiliencia en Europa, impulsada tanto por la evolución de la regulación como por el creciente interés de empresas, instituciones públicas e inversores en integrar los riesgos físicos del cambio climático en sus decisiones.
La conclusión que trasladó la entidad es que la adaptación no debe entenderse únicamente como un problema de financiación. Según defendió durante la cita londinense, el reto pasa sobre todo por la preparación, la existencia de una cartera de proyectos madura y la incorporación de la resiliencia desde el origen en el diseño de infraestructuras, activos y modelos de negocio. Solo así, sostienen sus responsables, el capital podrá movilizarse con mayor rapidez hacia iniciativas capaces de responder a un entorno climático cada vez más exigente.