
La Comisión Europea ha puesto en marcha un nuevo enfoque para abordar el creciente riesgo de incendios forestales en el continente, un fenómeno cada vez más agravado por el cambio climático. Según detalla la propia institución, esta estrategia apuesta por una gestión integral que incluye prevención, preparación, respuesta y recuperación, con el objetivo de reforzar la resiliencia de los territorios y proteger tanto a la población como a los ecosistemas.
Europa se enfrenta a una tendencia preocupante: incendios forestales de mayor tamaño, frecuencia e intensidad. En 2025 se registró la peor temporada desde que existen datos, con más de un millón de hectáreas arrasadas. Este escenario, vinculado a la crisis climática y a la degradación ambiental, pone en evidencia la urgencia de actuar de forma coordinada y preventiva.
En este contexto, la Comisión insiste en que la restauración de la naturaleza es una pieza clave. Los ecosistemas saludables no solo almacenan carbono y conservan biodiversidad, sino que también son más resistentes al fuego y ayudan a limitar su propagación.
El nuevo plan europeo prioriza las medidas preventivas basadas en la gestión de los ecosistemas. Esto implica diseñar paisajes más resilientes al fuego y reducir los riesgos mediante la conservación y recuperación de espacios naturales.
En esta línea, Bruselas ha publicado nuevas orientaciones para adaptar los espacios protegidos de la red Natura 2000 al cambio climático, facilitando al mismo tiempo respuestas rápidas en situaciones de emergencia sin comprometer los objetivos de conservación.
Además, se actualizarán las herramientas de evaluación de riesgos para mejorar la planificación a largo plazo de los Estados miembros.
La estrategia también refuerza la capacidad de respuesta ante incendios. Entre las medidas anunciadas destaca la ampliación de la flota europea de rescEU, que incorporará 12 aviones y cinco helicópteros. El primer helicóptero, ya entregado en 2026, estará operativo en la próxima campaña.
A esto se suma el despliegue anticipado de bomberos en zonas de alto riesgo, el intercambio de expertos y la cooperación con regiones de otras partes del mundo especialmente afectadas por incendios.
La Comisión también continuará desarrollando herramientas tecnológicas, como el sistema europeo de información sobre incendios forestales basado en el satélite Copernicus, así como modelos de predicción y análisis apoyados en inteligencia artificial para mejorar la toma de decisiones.
Otro de los ejes del plan es la implicación social. Según una encuesta de la Agencia Europea de Medio Ambiente, la mitad de la ciudadanía europea muestra preocupación por los incendios forestales. Ante ello, la Comisión apuesta por reforzar la educación, la sensibilización y la participación ciudadana, incluyendo programas formativos y oportunidades de voluntariado.
Asimismo, se impulsarán estudios para analizar los riesgos para la salud de los bomberos, especialmente su exposición a sustancias tóxicas y condiciones extremas, con el fin de mejorar su protección a largo plazo.
Como parte de esta hoja de ruta, Bruselas trabaja en la creación de un centro europeo de lucha contra incendios en Chipre, que combinará funciones operativas con formación especializada.
La Comisión también prevé presentar una recomendación al Consejo para consolidar este enfoque integrado de gestión del riesgo, reforzando la coordinación entre administraciones, territorios y actores implicados.
En definitiva, la estrategia busca avanzar hacia una respuesta más estructural frente a los incendios forestales, abordando no solo sus consecuencias, sino también sus causas profundas en un contexto de emergencia climática.