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La subalimentación baja al 5,1% en 2024 y 6,2 millones de personas salen del hambre desde 2020. Sin embargo, casi un tercio de la población adulta vive con obesidad y la región registra el mayor coste mundial de una alimentación saludable.
América Latina reduce el hambre, pero afronta una crisis de obesidad

América Latina y el Caribe encadenan cuatro años de descenso en los niveles de hambre, según el último Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025, elaborado por varias agencias de Naciones Unidas. El informe confirma avances relevantes, pero también advierte de profundas desigualdades y de un escenario nutricional cada vez más complejo.

Menos hambre, pero con grandes diferencias territoriales

De acuerdo con el estudio —publicado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y UNICEF—, en 2024 el 5,1% de la población regional padecía subalimentación, frente al 6,1% registrado en 2020. En términos absolutos, esto supone que 6,2 millones de personas han dejado de pasar hambre en los últimos cuatro años.

Cuatro países —Brasil, Costa Rica, Guyana y Uruguay— presentan ya una prevalencia de hambre inferior al 2,5%, mientras que Chile y México se aproximan a ese umbral.

Por subregiones, América del Sur lidera la mejora, con una tasa media del 3,8%, casi un punto porcentual menos que en 2022. En Mesoamérica, la cifra se mantiene estable en torno al 5%. El Caribe, en cambio, continúa mostrando los datos más preocupantes: el 17,5% de su población sufre subalimentación, un porcentaje marcado por la grave situación de Haití, donde el 54,2% de la ciudadanía padece hambre.

Inseguridad alimentaria y brecha de género

Más allá del hambre extrema, el informe analiza la inseguridad alimentaria moderada o grave —es decir, la dificultad para acceder de forma regular a alimentos suficientes y nutritivos—. En 2024 afectó al 25,2% de la población, una mejora significativa respecto al 33,7% de 2020 y por debajo del promedio mundial (28%).

No obstante, persisten desigualdades estructurales. Las mujeres registran una prevalencia 5,3 puntos porcentuales superior a la de los hombres, una brecha que evidencia cómo la inseguridad alimentaria tiene un claro componente de género.

La dieta saludable más cara del mundo

El documento también pone el foco en el acceso económico a una alimentación equilibrada. En 2024, el coste medio diario de una dieta saludable en la región ascendió a 5,16 dólares, tras incrementarse un 3,8% en el último año. Se trata del precio más alto a nivel mundial.

A pesar de ello, 15,4 millones de personas más lograron acceder a una dieta saludable en comparación con 2021. Sin embargo, el reto sigue siendo mayúsculo: 181,9 millones de personas aún no pueden permitírsela.

Obesidad en aumento y alerta en la infancia

El informe advierte además de una tendencia creciente de sobrepeso y obesidad. Actualmente, el 29,9% de las personas adultas en América Latina y el Caribe vive con obesidad, casi el doble del promedio mundial, situado en el 15,8%.

En la población infantil menor de cinco años, el sobrepeso alcanzó el 8,8% en 2024, muy por encima de la meta global fijada para 2030. Esta doble carga —hambre y obesidad coexistiendo en un mismo territorio— refleja un sistema alimentario tensionado, donde el acceso a alimentos saludables convive con la expansión de productos ultraprocesados y dietas poco equilibradas.

Un llamamiento a políticas integrales

Las agencias de Naciones Unidas subrayan la necesidad de adoptar políticas públicas integrales que aborden simultáneamente el hambre, las desigualdades y el sobrepeso. Según afirmó Lena Savelli, directora regional del Programa Mundial de Alimentos, “no podemos hablar de progreso real mientras las brechas sigan dejando atrás a millones de personas, especialmente a las mujeres”.

El mensaje es claro: aunque la región avanza en la reducción del hambre, el desafío pasa ahora por garantizar dietas saludables accesibles, reducir las desigualdades de género y frenar la epidemia de obesidad. Un reto clave para el cumplimiento de la Agenda 2030 y el derecho universal a la alimentación adecuada.

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