
La descarbonización de la industria pesada europea ha logrado avances relevantes en los últimos veinte años, pero el ritmo se ha frenado y los costes sanitarios derivados de la contaminación siguen siendo elevados. Así lo señala la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés) en su nuevo informe “Zero pollution, decarbonisation and circular economy in energy-intensive industries”, que analiza la evolución de las emisiones y plantea las vías necesarias para consolidar una transformación estructural del sector.
Según el documento, las industrias intensivas en energía —responsables de cerca del 27% de las emisiones industriales de gases de efecto invernadero en la Unión Europea— han reducido sus emisiones un 42% en las últimas dos décadas. También han disminuido de forma notable contaminantes atmosféricos como las dioxinas (–63%), el níquel (–64%) o los óxidos de nitrógeno (NOx, –55%).
Sin embargo, el impacto económico de la contaminación sigue siendo considerable: los costes externos asociados alcanzan aproximadamente los 73.000 millones de euros anuales. Estos costes incluyen los efectos sobre la salud pública y el medio ambiente, que continúan siendo significativos pese a los avances logrados.
El análisis también apunta a que las reducciones más pronunciadas registradas a partir de 2020 coincidieron con una caída del valor añadido bruto (VAB) del sector. Esto sugiere que parte del descenso de emisiones no solo responde a mejoras tecnológicas, sino también a cambios estructurales en la actividad económica.
El informe se centra en industrias clave como el hierro y el acero, el cemento y la cal, el aluminio, la pasta y el papel, el vidrio y la cerámica, y la industria química. En conjunto, estos sectores concentran más del 60% del consumo energético de toda la industria manufacturera europea.
Durante la reciente crisis energética en la UE, su elevada dependencia de la energía ha afectado negativamente a su competitividad. A ello se suman factores como la débil demanda y la sobrecapacidad global en determinados sectores, como el siderúrgico. Además, el coste de la electricidad en la Unión Europea sigue siendo entre dos y cuatro veces superior al de sus principales socios comerciales.
El informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente subraya que avanzar hacia nuevas reducciones dependerá, por un lado, de la plena aplicación de la legislación climática y ambiental ya vigente en la UE y, por otro, de una transformación más profunda de los procesos industriales con mayor intensidad de emisiones.
En este contexto, el análisis se enmarca en el Clean Industrial Deal impulsado por la Comisión Europea, cuyo objetivo es acelerar la modernización industrial reforzando al mismo tiempo la competitividad sostenible.
Entre las principales vías de transformación identificadas destacan la electrificación de procesos, el uso de materias primas y materiales alternativos, así como el mayor aprovechamiento de materias primas secundarias. Estas soluciones ofrecen beneficios combinados: contribuyen a la mitigación del cambio climático, previenen la contaminación y reducen la dependencia de recursos externos.
No obstante, el informe advierte de que las distintas rutas de transformación pueden generar tensiones entre objetivos ambientales —por ejemplo, entre eficiencia energética y uso de materiales—, lo que obliga a diseñar estrategias específicas por sector y a evaluar cuidadosamente los posibles efectos cruzados.
Comprender estas interacciones será determinante para orientar inversiones y decisiones políticas que permitan reducir emisiones al menor coste posible, maximizando a la vez los beneficios en salud pública, resiliencia y competitividad.
Según el documento, esta perspectiva integrada debería incorporarse también a los criterios de financiación de proyectos industriales, al diseño de nuevos marcos de permisos y a los estándares de sostenibilidad y compra pública, especialmente en productos como el acero de bajas emisiones.
En definitiva, la transformación industrial no es solo una cuestión climática, sino una pieza estratégica para avanzar hacia una economía europea más limpia, resiliente y competitiva.