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Un informe de Cruz Roja Española alerta de que la discriminación por edad afecta especialmente a las personas mayores de 45 años, deteriora su salud mental y supone una pérdida de talento para una economía que envejece. El 65% de las personas encuestadas desconocía incluso el término “edadismo”.
El edadismo laboral golpea al 44% de quienes buscan empleo en España

En un país que afronta un claro envejecimiento demográfico, la exclusión por razón de edad se ha convertido en una barrera estructural en el acceso al empleo. Así lo pone de manifiesto Cruz Roja Española en su informe basado en la encuesta El Edadismo y Yo, elaborada a partir de 886 respuestas válidas de participantes en sus Planes de Empleo.

Los datos son contundentes: el 44% de las personas consultadas asegura haber sufrido discriminación por su edad durante la búsqueda de trabajo. En el caso de quienes superan los 45 años, el porcentaje se eleva hasta el 58%. La mayoría de estas situaciones (un 84%) se producen en los propios procesos de selección, antes incluso de que la persona pueda demostrar su experiencia o capacidades.

Experiencia penalizada, juventud cuestionada

El análisis revela una brecha clara entre generaciones. Aunque el 26% de las personas menores de 30 años reconoce haber sufrido edadismo, el impacto es notablemente mayor entre quienes superan los 45.

Según informa Cruz Roja Española, el mercado laboral español tiende a penalizar la trayectoria acumulada en un contexto en el que la población activa envejece de forma sostenida. No obstante, la discriminación opera en ambos sentidos.

Las personas jóvenes denuncian comentarios como “no saben trabajar” o que “la van a liar por ser jóvenes”, mientras que quienes superan los 45 años escuchan frases como “es demasiado mayor para el puesto” o “no está al día en nuevas tecnologías”. La fecha de nacimiento se convierte así en un filtro informal que condiciona oportunidades y expectativas.

En cuanto a la percepción de quién sufre más esta discriminación, existen matices generacionales y de género. Entre la población joven, algunos hombres consideran que el problema les afecta especialmente por la supuesta falta de experiencia, mientras que muchas mujeres jóvenes identifican el edadismo como una barrera estructural contra las personas mayores. Por su parte, el colectivo senior coincide de forma mayoritaria en que el mayor impacto recae sobre quienes superan los 45 años.

Un problema extendido… pero invisible

Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es el desconocimiento generalizado del fenómeno. El 65% de las personas encuestadas no sabía qué significaba el término “edadismo” antes de participar en los programas de Cruz Roja. El porcentaje alcanza el 67% entre los hombres y el 59% entre las mujeres.

Este desconocimiento evidencia hasta qué punto la discriminación por edad está normalizada en la cultura laboral y social. De hecho, el informe recoge datos de la OCDE que sitúan la discriminación por edad por encima de otras causas más visibilizadas, como el sexo o el origen, aunque el término apenas forme parte del debate público.

Mitos que frenan el talento

El informe no se limita a describir el problema, sino que desmonta los principales estereotipos que lo sostienen. Expertos en psicología laboral y empleabilidad identifican cuatro ideas recurrentes en los departamentos de Recursos Humanos:

  • Que las personas mayores de 45 años rinden menos.
  • Que muestran resistencia al cambio.
  • Que tienen menor capacidad de aprendizaje.
  • Que son más fiables y leales.

Las tres primeras creencias, subraya el informe, carecen de respaldo empírico. La única característica que la evidencia psicológica confirma —la mayor fiabilidad, honestidad y compromiso del talento senior— suele pasar desapercibida en la práctica empresarial.

Descartar currículums por la edad supone, en muchos casos, renunciar precisamente a esos valores de estabilidad y responsabilidad que las organizaciones dicen buscar.

Impacto en la salud mental y “autoedadismo”

Más allá de la pérdida de talento, el documento pone el foco en las consecuencias emocionales. Perder el empleo o no lograr reincorporarse al mercado laboral a partir de los 45 años puede convertirse en una auténtica “fractura identitaria”.

Los testimonios recogidos por Cruz Roja reflejan una sensación de invisibilidad y anulación: personas que sienten que, al cumplir 50 años, dejan de contar. Esta situación se agrava con el denominado “autoedadismo”: la interiorización de los estereotipos negativos.

Un 22% de las personas encuestadas reconoce haber creído en algún momento que los prejuicios asociados a su grupo de edad podían ser ciertos. Esta autopercepción actúa como una barrera adicional: algunas personas se descartan a sí mismas, evitan postularse a ofertas o dejan de formarse porque asumen que ya no encajan.

Un desafío demográfico y económico

El informe recuerda que más del 50% de la población española supera ya los 45 años y que, de cara a 2050, más de la mitad tendrá más de 50. En este contexto, mantener dinámicas excluyentes no solo es una injusticia social, sino también un riesgo económico para el país.

Para revertir esta tendencia, Cruz Roja plantea medidas concretas: campañas de sensibilización que desmonten estereotipos, eliminación de límites de edad en las ofertas, promoción de currículums ciegos, programas de mentoría inversa —donde jóvenes y mayores intercambien competencias digitales y experiencia— y una apuesta decidida por la formación continua a lo largo de la vida.

El enfoque, subraya la organización, no debería centrarse en exigir que las personas mayores “se reinventen”, sino en ayudarlas a “revalorizarse”: traducir su experiencia al lenguaje actual del mercado y recuperar la confianza. En un mercado laboral en transformación, la diversidad generacional puede ser una palanca de innovación, cohesión y resiliencia. Como resume uno de los participantes en la encuesta, “la edad no debería ser un obstáculo, sino un valor añadido”.

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