
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó esta semana una advertencia clara: los recortes en la ayuda internacional y las persistentes brechas de financiación están erosionando los cimientos de la salud pública mundial. Según informó el organismo de Naciones Unidas, esta situación llega en uno de los momentos más delicados para la salud global de las últimas décadas.
Durante su intervención ante ministros de Salud y representantes diplomáticos, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, explicó que las restricciones presupuestarias obligaron el año pasado a reducir personal y capacidades operativas, con consecuencias directas en la respuesta sanitaria. De hecho, calificó a 2025 como “uno de los años más difíciles” en la historia de la organización.
Según detalló, los recortes abruptos en la ayuda bilateral han generado importantes disrupciones en los sistemas de salud de numerosos países, afectando tanto a la atención básica como a la capacidad de prevención y respuesta ante emergencias.
Aunque la OMS ha logrado mantener en marcha programas esenciales para salvar vidas, la actual crisis ha dejado al descubierto debilidades estructurales en la gobernanza sanitaria mundial. Estas carencias se hacen especialmente visibles en los países de ingresos bajos y medios, que afrontan serias dificultades para sostener servicios esenciales sin apoyo externo.
La reducción de la financiación internacional para la salud forma parte, además, de una tendencia más amplia que obliga a muchos Estados a tomar decisiones complejas sobre prioridades presupuestarias. En este contexto, la OMS está acompañando a los países en la transición desde la dependencia de la ayuda hacia modelos de mayor autosuficiencia, promoviendo la movilización de recursos internos. Entre las medidas señaladas se incluyen impuestos al tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas.
Sin embargo, las necesidades siguen siendo enormes. Según datos del propio organismo, 4.600 millones de personas en el mundo aún no tienen acceso a servicios de salud esenciales, mientras que 2.100 millones enfrentan dificultades económicas para afrontar los costes sanitarios. A esto se suma una escasez prevista de 11 millones de profesionales de la salud para 2030, más de la mitad del déficit correspondiente al personal de enfermería.
Tedros subrayó que una crisis financiera aún más profunda se evitó gracias al acuerdo de los Estados miembros para aumentar las contribuciones obligatorias, reduciendo así la dependencia de fondos voluntarios condicionados. Gracias a esta reforma, la OMS ha logrado asegurar cerca del 85 % de los recursos necesarios para su presupuesto básico de 2026-2027.
No obstante, el 15 % restante sigue siendo una incógnita en un contexto internacional marcado por la incertidumbre económica. El director general advirtió sobre la existencia de “bolsas de pobreza” en áreas clave como la preparación ante emergencias sanitarias, la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos y la resiliencia frente al cambio climático.
Pese a las dificultades financieras, la OMS ha registrado avances relevantes. Entre ellos, destaca la adopción del Acuerdo sobre Pandemias y de las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional, orientadas a reforzar la preparación global tras la experiencia del COVID-19.
Además, el organismo ha ampliado la vigilancia epidemiológica, incorporado sistemas de inteligencia epidémica basados en inteligencia artificial y apoyado a los países en la gestión de cientos de emergencias sanitarias durante 2025. Muchas de estas crisis no llegaron a trascender públicamente gracias a una contención temprana.
Aun así, el panorama sigue siendo preocupante. Actualmente, una de cada seis infecciones bacterianas en el mundo ya presenta resistencia a los antibióticos, una tendencia que, según la OMS, se acelera en determinadas regiones.
“La pandemia nos dejó una lección clara: las amenazas globales requieren respuestas globales”, recordó Tedros ante la Junta Ejecutiva. En ese sentido, insistió en que sin una financiación suficiente, estable y predecible, el mundo corre el riesgo de llegar menos preparado a la próxima emergencia sanitaria. “La solidaridad es la mejor inmunidad”, concluyó, apelando a la responsabilidad colectiva de los Estados. “Esta es su OMS: su fuerza está en la unidad y su futuro depende de las decisiones que se tomen hoy”.