
España ha alcanzado un hito en su mercado de trabajo: por primera vez, la población activa ha superado los 25 millones de personas. Este avance se explica, en gran medida, por la aportación de la población migrante en un contexto de expansión económica y creación sostenida de empleo, según recoge el último informe "El mercado de trabajo en 50 titulares", elaborado por Randstad Research.
De acuerdo con este análisis, la población ocupada se situó en el tercer trimestre del año en 22,38 millones de personas, tras sumar 564.000 nuevos empleos en los últimos doce meses. Se trata de un máximo histórico que incluye tanto a personas asalariadas como a trabajadoras y trabajadores por cuenta propia.
Desde Randstad Research subrayan que este crecimiento no sería posible sin la contribución de la inmigración. “El incremento de la población ocupada demuestra un ritmo de expansión del mercado laboral y de la economía española que es imposible de sostener sin la llegada de trabajadores de otros países”, señala Valentín Bote, director del servicio de estudios de la compañía, según informa la propia entidad.
La mejora del empleo ha venido acompañada de una reducción del desempleo. Al cierre del tercer trimestre, la tasa de paro se situó en el 10,45%, casi ocho décimas menos que un año antes. En paralelo, la afiliación a la Seguridad Social mantuvo una evolución positiva, con un crecimiento interanual del 2,35% en septiembre.
Las previsiones apuntan a que esta tendencia continuará en 2026. Randstad Research estima que el próximo año la población ocupada alcanzará una media anual de 22,67 millones de personas, lo que supone un aumento del 2,1% respecto a 2025. La tasa de paro, por su parte, podría descender hasta el 10,2% de media anual.
El informe destaca el crecimiento sostenido del empleo entre personas con nacionalidad extranjera, que alcanzaron los 3,52 millones en septiembre. Actualmente, el 78% de las personas ocupadas son españolas, el 6% cuenta con doble nacionalidad y el 16% es de origen extranjero, un dato clave para entender la dinámica reciente del mercado laboral.
Otro indicador relevante es la tasa de temporalidad, que cayó hasta el 15,6% en el tercer trimestre, seis décimas menos que un año antes y el nivel más bajo registrado en la economía española. No obstante, persisten importantes diferencias entre el sector público, donde la temporalidad alcanza el 27,1%, y el sector privado, con un 13%.
En cuanto a los salarios, la negociación colectiva muestra una desaceleración: los incrementos pactados se situaron en torno al 3,3% hasta septiembre, seis décimas por debajo de lo acordado un año antes, según el mismo informe.
Pese a estos avances, España continúa a la cola de la Unión Europea en tasa de actividad. En septiembre se situó en el 59,3%, con una brecha de género de 9,4 puntos porcentuales a favor de los hombres. Esta menor participación se explica, según Randstad Research, por la salida temprana del mercado laboral de las personas mayores de 55 años y por la menor incorporación de las mujeres, especialmente a partir de los 50 años.
Si se acota la población entre 15 y 64 años, la tasa de actividad asciende al 75%, apenas 0,8 puntos por debajo de la media europea. En este tramo, España se sitúa por encima de Italia y en niveles similares a Francia, aunque aún lejos de países como Alemania.
El informe también pone el foco en la formación como factor clave para mejorar la participación laboral. La tasa de actividad alcanza el 77,9% entre las personas con estudios universitarios y el 72,5% entre quienes cuentan con Formación Profesional, muy por encima de la media general.
En conjunto, los datos dibujan un mercado laboral en expansión, con récords de empleo y una contribución decisiva de la inmigración, pero también con retos estructurales pendientes en materia de igualdad, envejecimiento activo y participación femenina, claves para una transición laboral más justa y sostenible.