
La desinformación se ha convertido en uno de los principales desafíos de nuestro tiempo, con efectos directos sobre la confianza social, la reputación corporativa y la calidad del debate público. Sin embargo, el primer análisis específico sobre información responsable en el IBEX 35 evidencia que este riesgo todavía no ocupa un lugar central en la estrategia de la mayoría de las grandes empresas españolas.
El informe, que analiza exclusivamente la información pública disponible en las webs corporativas de las 35 compañías del índice, clasifica sus prácticas en tres niveles: transparente, translúcida u opaca. El resultado global es contundente: el 89 % de las empresas se sitúa en el nivel más bajo de transparencia, solo un 11 % alcanza un grado intermedio y ninguna supera el umbral necesario para ser considerada transparente. La información responsable, por tanto, aún no se ha consolidado como un estándar verificable.
El estudio pone de manifiesto carencias profundas en la arquitectura de gobierno corporativo. Una de las más relevantes es la ausencia de una política general de comunicación. Solo dos compañías del IBEX 35 —Telefónica y Naturgy— cuentan con un marco público y transversal que ordene principios, responsabilidades y procesos editoriales. En el resto, la comunicación se rige por normas parciales, habitualmente centradas en la información financiera o la relación con inversores, insuficientes para garantizar coherencia y trazabilidad en un contexto de alta exposición a la desinformación.
Esta debilidad estructural se agrava en la gestión del riesgo informativo. A pesar de que organismos internacionales como el Foro Económico Mundial identifican la desinformación como uno de los principales riesgos globales, únicamente una empresa del IBEX reconoce y describe de forma explícita este riesgo en su mapa corporativo. En más del 90 % de los casos, no existe información pública que permita conocer cómo se previene, detecta o corrige la difusión de contenidos falsos o inexactos.
Uno de los ámbitos más críticos es el uso de la inteligencia artificial en la comunicación corporativa. El informe señala que solo tres compañías han publicado políticas de gobernanza de la IA con alcance transversal, y ninguna dispone de procedimientos claros que expliquen cuándo y cómo se informa al público del uso de estas tecnologías en contenidos o campañas. En la práctica, la transparencia sobre el uso de la IA en comunicación es prácticamente inexistente en el IBEX 35.
A ello se suma un vacío total en la relación con los medios de comunicación. Ninguna empresa condiciona públicamente su inversión publicitaria a estándares verificables de integridad informativa ni establece criterios de exclusión para medios que difunden desinformación. Esta ausencia de diligencia debida implica un riesgo real: financiar, de forma indirecta, entornos que erosionan la confianza pública y entran en contradicción con los valores corporativos que muchas compañías declaran.
En el ámbito de la publicidad responsable, el diagnóstico es igualmente preocupante. Aunque algunas empresas cuentan con políticas que exigen mensajes veraces y claros, ninguna incorpora cláusulas explícitas contra el greenwashing ambiental y social con procedimientos claros de validación y corrección. La falta de estos mecanismos incrementa la probabilidad de difundir mensajes ambiguos o engañosos, con el consiguiente impacto reputacional y regulatorio.
El Observatorio de Medios subraya que este diagnóstico no tiene un enfoque sancionador, sino pedagógico. La experiencia acumulada en informes anteriores sobre fiscalidad responsable y compliance demuestra que la evaluación periódica y comparada actúa como una palanca eficaz de cambio. Ambos ámbitos partieron de situaciones similares y lograron avances significativos con el paso de los años.
El mensaje de fondo es claro: la información responsable sigue siendo una asignatura pendiente en la gran empresa española. Integrarla exige pasar de declaraciones genéricas a políticas claras, públicas y operativas que aborden la desinformación, el uso de la inteligencia artificial, la relación con los medios y la publicidad. En un entorno saturado de ruido informativo, la transparencia ya no es solo una cuestión reputacional, sino una condición básica para la legitimidad empresarial y la confianza social.