
Las finanzas sostenibles ya no son una tendencia lejana en Guatemala. Son una realidad que está empezando a mover capital, a ordenar criterios y a conectar al sistema financiero con las necesidades de desarrollo del país. Así lo explicó Enrique “Quique” Crespo, CEO de CMI Capital y miembro de la junta directiva de Centrarse, en una conversación con Almudena Díez, directora de Diario Responsable, durante el principal foro de sostenibilidad de Centroamérica.
Crespo recordó que desde Centrarse se entendió pronto que, si el sistema financiero es el motor de las inversiones de largo plazo, incorporar la sostenibilidad a ese motor era clave para “hacer exponencial” el impacto de las empresas responsables. Con el apoyo de BID Invest se convocó a bancos, sector privado real y actores públicos para poner en marcha el Consejo Consultivo de Finanzas Sostenibles, que ya cumple cuatro años y que hoy cuenta con la participación de los principales grupos financieros del país.
Uno de los avances más relevantes ha sido la firma de un protocolo de finanzas sostenibles y el desarrollo de una taxonomía voluntaria, que permite a todos los actores “hablar el mismo idioma” cuando se trata de financiar proyectos con impacto ambiental o social. “No se trata de imponer más regulación ni encarecer el crédito, sino de generar incentivos para quien hace las cosas bien”, subrayó Crespo. Bajo este esquema se han impulsado ya emisiones de bonos verdes y sostenibles en Guatemala y existe interés por seguir avanzando incluso hacia bonos azules.
El ejecutivo insistió en que las finanzas sostenibles en el país no se conciben como una carga, sino como una oportunidad de negocio y de diferenciación: permiten financiar inclusión de género, emprendimiento rural, gestión ambiental responsable o proyectos liderados por población indígena, un colectivo que representa cerca del 40% de la población guatemalteca y que está cada vez mejor organizado en sectores como el turismo y los servicios.
Desde su rol en CMI Capital, Crespo defendió también la inversión de impacto como modelo empresarial: “no solo buscamos rentabilidad financiera, buscamos impactos sociales y ambientales medibles, con KPIs claros”. Y recordó que la pandemia demostró el papel insustituible de las empresas cuando acompañan a sus grupos de interés, incluso a costa de la cuenta de resultados, porque eso se traduce en reputación, fidelidad y licencia social para operar. “La reputación es de los valores más tangibles que tiene una empresa: se construye día a día y puede perderse en minutos”, afirmó.
De cara a los próximos años, el Consejo Consultivo se marca un reto: comunicar mejor qué son las finanzas sostenibles para que no se queden solo en las grandes corporaciones y lleguen también a pymes, territorios menos bancarizados y emprendimientos locales. Para ello prevén impulsar programas de educación financiera básica y una estrategia de comunicación que traduzca el concepto a un lenguaje práctico.
La conclusión de Crespo fue clara: Guatemala ya ha logrado sentar a la misma mesa a bancos, empresas, organismos multilaterales y sector público. Ahora el desafío es que ese ecosistema sea capaz de llevar prosperidad —no solo crecimiento económico— a todo el país, “con reglas claras, confianza y sin dejar a nadie atrás”.