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A pesar de ser responsables de casi la mitad de la producción agrícola mundial, las mujeres rurales siguen enfrentando grandes obstáculos para acceder a financiación, tierra y oportunidades. Este 15 de octubre, la Fundación Microfinanzas BBVA pone el foco en su contribución al desarrollo sostenible y en historias como las de Inés, en España, y Miriam, en Chile, que reflejan la fuerza y la resiliencia del trabajo femenino en el campo.
El Día Internacional de las Mujeres Rurales reivindica su papel esencial en la sostenibilidad y el desarrollo

Más de la mitad de los alimentos que se consumen en el planeta llevan el sello invisible de las mujeres rurales. Según ONU Mujeres, ellas representan más de un tercio de la población mundial y el 43% de la mano de obra agrícola. Sin embargo, continúan encontrando barreras estructurales para acceder a recursos, financiación y espacios de decisión. Por eso, cada 15 de octubre, el Día Internacional de las Mujeres Rurales busca reconocer su aporte fundamental a la economía global y a la sostenibilidad de los territorios.

En España, el emprendimiento se ha convertido en una herramienta clave de autonomía para las mujeres del medio rural. De acuerdo con el Observatorio del Emprendimiento de España (GEM), una de cada cinco mujeres rurales está impulsando su propio proyecto, aunque la burocracia y la falta de capital inicial siguen siendo los principales frenos.

Inés Luengo, vecina de Fariza de Sayago (Zamora), es un ejemplo de esa perseverancia. Es la única cabrera que queda en la zona de Arribes del Duero, una Reserva de la Biosfera compartida entre Zamora y Salamanca. “No te dan facilidades, la burocracia hace que cada vez sea más difícil dedicarse a esto y si quieres empezar de cero, te tiene que gustar mucho porque es complicado”, reconoce. Su rebaño de más de 200 cabras es la base de la economía familiar y, además, contribuye a prevenir incendios mediante el pastoreo en el monte.

Mientras en Europa la actividad agraria femenina pierde fuerza, en América Latina sucede lo contrario. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), es la única región del mundo donde ha crecido la participación de las mujeres en el sector primario durante las últimas dos décadas, aunque solo acceden al 10% de los créditos.

Miriam Pizarro, emprendedora chilena que vive en la cordillera de Talahuén, es una de ellas. En un entorno tan remoto como desafiante, logró poner en marcha un negocio de producción de quesos orgánicos gracias al apoyo del Fondo Esperanza, entidad chilena de la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA). “Gracias al apoyo financiero que he recibido, he podido mejorar las instalaciones. Nosotras, como mujeres luchadoras, podemos hacer este trabajo o cualquier otro”, afirma con orgullo.

Laura Fernández Lord, responsable de Sostenibilidad, Igualdad e Inclusión de la FMBBVA, subraya que las mujeres apoyadas por la fundación en América Latina reinvierten el 90% de sus ingresos en educación y bienestar familiar: “Apostar por ellas es invertir en progreso económico y social”. La FMBBVA acompaña actualmente a más de 1,7 millones de mujeres en cinco países latinoamericanos, ofreciéndoles créditos adaptados, seguros de maternidad y formación gratuita en liderazgo, marketing y competencias digitales. Solo este año, 360.000 personas participaron en sus cursos, el 68% de ellas mujeres.

Historias como las de Inés y Miriam ponen rostro a una realidad que trasciende fronteras: las mujeres rurales son el corazón del desarrollo sostenible. Garantizar su acceso a recursos, derechos y oportunidades no solo es una cuestión de justicia social, sino una apuesta segura por el futuro del campo y de nuestras comunidades.

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