
La quema de gas, un procedimiento habitual durante la extracción de petróleo que consiste en incinerar el gas natural asociado, se disparó en 2024 hasta los 151 000 millones de metros cúbicos, 3000 Mm³ más que el año anterior, marcando el nivel más alto de casi dos décadas. El Global Gas Flaring Tracker del Banco Mundial estima que esta práctica liberó a la atmósfera 389 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, de las cuales 46 millones procedieron de metano no quemado, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.
El coste energético de esta quema es enorme: unos 63 000 millones de dólares en recursos desaprovechados. “En un momento en que más de mil millones de personas carecen de acceso a energía confiable y los países buscan nuevas fuentes para cubrir la creciente demanda, resulta frustrante ver cómo se desperdicia este recurso natural”, declaró Demetrios Papathanasiou, director global de Energía e Industrias Extractivas del Banco Mundial.
Aunque algunos países han reducido su quema, los nueve principales responsables concentran tres cuartas partes de la práctica, pese a producir menos de la mitad del petróleo mundial. Además, la intensidad de la quema,la cantidad de gas quemado por barril de petróleo extraído, se ha mantenido prácticamente sin cambios durante los últimos 15 años.
El informe subraya que los países adheridos a la iniciativa Eliminación de la Quema Regular de Gas para 2030 han reducido en promedio un 12 % la intensidad de quema desde 2012, mientras que aquellos que no se sumaron han registrado un aumento del 25 %.
Para acelerar el cambio, la Asociación Mundial para la Reducción de la Quema de Gas y de las Emisiones de Metano (GFMR) del Banco Mundial impulsa proyectos con financiación inicial, asistencia técnica y reformas regulatorias. Un ejemplo es Uzbekistán, donde se destinaron 11 millones de dólares a reparar fugas de metano en su red de transporte de gas, reduciendo 9000 toneladas de emisiones anuales, con un potencial de hasta 100 000 toneladas.
“Los Gobiernos y las empresas deben priorizar esta reducción. Con políticas eficaces y condiciones favorables, el gas desperdiciado podría transformarse en un motor de desarrollo económico”, afirmó Zubin Bamji, gerente de la GFMR.