En 2024, la quema de gas natural durante la extracción de petróleo volvió a aumentar por segundo año consecutivo, alcanzando 151 000 millones de metros cúbicos y generando un desperdicio energético valorado en 63 000 millones de dólares. Según el Banco Mundial, esta práctica no solo agrava la crisis climática, sino que también socava los esfuerzos para garantizar seguridad energética y acceso universal a la energía.