
La transición energética en Europa necesita más velocidad. Esa es una de las conclusiones principales del informe "Renewables, electrification and flexibility — for a competitive EU energy system transformation by 2030", publicado este agosto por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). Según el documento, una expansión decidida de las energías renovables, junto con una electrificación profunda de la calefacción, el transporte y la industria, puede traducirse en un descenso de costes, mayor independencia energética y un impulso clave para la descarbonización del continente.
El estudio señala que la UE ha logrado reducir significativamente las emisiones de CO₂ en el sector eléctrico en las últimas décadas, lo que demuestra su capacidad para avanzar hacia la descarbonización. Sin embargo, el ritmo es más lento en otros sectores como el transporte o la climatización, aún muy dependientes del gas y el petróleo.
En este contexto, la AEMA subraya que las energías renovables, especialmente la solar y la eólica, ofrecen una vía sostenible para reforzar la autonomía energética europea, especialmente tras la crisis de precios vivida en 2022, cuando el encarecimiento del gas disparó la factura energética hasta representar un 4% del PIB comunitario.
Si se alcanzan los objetivos de renovables y eficiencia energética marcados para 2030, los costes variables de generación eléctrica podrían caer hasta un 57% respecto a los niveles de 2023, según los modelos analizados en el informe. Aunque estas reducciones podrían verse atenuadas a corto plazo por las inversiones necesarias para adaptar la red eléctrica, a medio y largo plazo repercutirán positivamente en los precios finales para los consumidores. El informe enfatiza que estas transformaciones son esenciales para romper la dependencia del gas importado, que actualmente influye de manera determinante en la formación de precios de la electricidad.
Tres prioridades urgentes para transformar el sistema energético europeo
Para materializar estos beneficios, la AEMA identifica tres líneas de actuación prioritarias:
La AEMA propone un enfoque específico por sectores. En edificios, la electrificación pasa por impulsar el uso de bombas de calor y la rehabilitación energética de viviendas ineficientes. En el ámbito industrial, el informe considera clave la previsibilidad del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE, que actúa como principal herramienta económica para reducir emisiones.
En movilidad, la electrificación debe ir acompañada de más infraestructura para vehículos eléctricos, así como de un mayor fomento del transporte colectivo, a pie y en bicicleta, con el doble objetivo de descarbonizar y generar ahorro para la ciudadanía.
Freno a las subvenciones fósiles y señales económicas claras
Por último, el informe llama a los Estados miembros a alinear los incentivos fiscales y las señales económicas en todo el sistema energético. Para lograrlo, es imprescindible eliminar gradualmente las subvenciones a los combustibles fósiles, que alcanzaron niveles récord en 2022 y 2023.
La electrificación necesita además señales económicas más contundentes y políticas integrales que orienten las decisiones de consumo, tanto en lo relativo a la vivienda como al transporte. En este sentido, la AEMA concluye que es necesario un paquete más ambicioso de medidas para revertir la tendencia de estancamiento en la electrificación antes de que finalice esta década.