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El pasado enero marcó un hito en el registro climático español al superar en 0,4 °C al récord previo de enero de 2016, el mes más cálido desde que comenzaron las mediciones en 1961. Con una temperatura media de 8,4°C sobre la España peninsular, este mes se destacó como 0,8°C más de lo habitual.
Enero 2024, el más cálido en España desde que hay registros

A lo largo de las últimas décadas, Europa ha sido testigo de un aumento constante en las temperaturas medias, un fenómeno que plantea desafíos significativos para la región. Datos recopilados por diversos organismos meteorológicos revelan una tendencia clara hacia un clima más cálido y volátil en el continente.

El pasado enero, España, como parte integral de Europa, no fue una excepción. Según un informe de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), el país experimentó su enero más cálido desde que se iniciaron los registros en 1961. Este mes superó en 0,4°C al enero de 2016, hasta entonces el más cálido documentado.

Las cifras son impactantes: la temperatura media sobre la España peninsular alcanzó los 8,4°C, una desviación de 2,4°C por encima de la media del periodo de referencia (1991-2020). Las anomalías térmicas se manifestaron en todo el territorio, con áreas del sur de Castilla y León, sur de Aragón, interior de la Comunitat Valenciana, Región de Murcia y otros en donde las temperaturas se situaron hasta +3°C por encima de lo habitual.

El informe detalla episodios cálidos que abarcaron gran parte del mes, con temperaturas máximas y mínimas muy por encima de los valores normales, mientras que un episodio frío, aunque breve, también se hizo presente. Estos extremos climáticos no solo afectan la salud humana, aumentando el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor, sino que también impactan en la agricultura y la biodiversidad.

Los ecosistemas europeos están bajo una presión cada vez mayor. El derretimiento acelerado de los glaciares amenaza la disponibilidad de agua dulce, mientras que los cambios en las temperaturas alteran los patrones migratorios de numerosas especies, generando un riesgo para la biodiversidad y la estabilidad de los ecosistemas locales.

En respuesta a esta crisis climática, muchos países europeos están intensificando sus esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse a los impactos inevitables del cambio climático. Sin embargo, queda claro que se necesita una acción más coordinada a nivel global para abordar este desafío con la urgencia y la determinación necesarias.

En conclusión, el calentamiento global está dejando una marca indeleble en Europa, con efectos que se hacen sentir cada vez con más fuerza. Solo mediante una acción decisiva y colaborativa, tanto a nivel nacional como internacional, podemos esperar mitigar los impactos y proteger el futuro de nuestro continente.

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