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Liliana Valiña es la presidenta del Mecanismo de Expertos sobre el Derecho al Desarrollo y experta en derechos humanos. En una entrevista con Naciones Unidas señaló que, teniendo en cuenta la participación de las personas y las comunidades, los Estados deben generar políticas públicas que permitan el acceso a recursos y derechos básicos como la salud, la educación, la alimentación y la vivienda.
Educación y participación, el mejor antídoto contra la desigualdad

La educación y la participación activa en la sociedad son elementos fundamentales para luchar contra la desigualdad. Algunas razones por las cuales estos dos elementos desempeñan un papel crucial en la lucha contra la desigualdad son:

  1. Acceso igualitario a la educación: La educación de calidad es un medio fundamental para romper el ciclo de la pobreza y la desigualdad. Asegurar que todas las personas tengan acceso a una educación equitativa y de calidad es esencial para crear oportunidades iguales.
  2. Desarrollo de habilidades y capacidades: La educación proporciona a las personas las habilidades y conocimientos necesarios para competir en la economía moderna. Las personas bien educadas tienen más probabilidades de acceder a empleos bien remunerados y a mejores oportunidades de vida.
  3. Conciencia social y cívica: La educación no se limita a la adquisición de habilidades; también fomenta una comprensión más profunda de los problemas sociales y promueve la conciencia cívica. Las personas educadas tienden a ser más conscientes de las cuestiones de desigualdad y pueden participar de manera más efectiva en la promoción de cambios positivos.
  4. Participación democrática: La participación activa en la vida política y cívica es esencial para influir en las políticas públicas y abordar la desigualdad. Esto incluye votar, involucrarse en organizaciones comunitarias y expresar opiniones a través de medios democráticos.
  5. Empoderamiento individual y colectivo: Tanto la educación como la participación pueden empoderar a las personas para superar la desigualdad. Las personas educadas pueden tomar decisiones informadas sobre su vida, salud y bienestar, y la participación activa en la sociedad puede influir en políticas que reduzcan la desigualdad.
  6. Reducción de barreras y discriminación: La educación y la participación también pueden ayudar a reducir la discriminación y eliminar barreras que perpetúan la desigualdad. Cuando las personas están educadas y comprometidas en la sociedad, es más probable que luchen contra la discriminación y aboguen por la igualdad de oportunidades.
  7. Generación de cambios sistémicos: La educación y la participación pueden influir en cambios sistémicos que aborden las causas profundas de la desigualdad, como políticas gubernamentales injustas o estructuras económicas desequilibradas.

Liliana Valiña es la presidenta del Mecanismo de Expertos sobre el Derecho al Desarrollo, un mecanismo de cinco expertos independientes del Consejo de Derechos Humanos relativamente nuevo y en una entrevista con Naciones Unidas a raíz de la entrega de su último sobre DD.HH explicó cuáles son los retos y asuntos que más obstaculizan en este momento el derecho al desarrollo y las soluciones para poder disfrutar de él.

En primer lugar, la experta explicó que el derecho al desarrollo está muy relacionado con lo que plantea la Declaración de Naciones Unidas sobre el Derecho al desarrollo, que por una parte señala que se trata de un derecho inalienable de toda persona y de todos los pueblos. O sea, está la dimensión individual pero también la colectiva (...) (Ambos) están facultados para acceder y participar en un desarrollo que tiene toda esta dimensión social, cultural, política, económica y, aunque la Declaración no lo dice porque es de otra época, hoy en día agregamos también la medioambiental. La idea es que a partir de esta participación (las personas y comunidades) puedan acceder a la plenitud de los derechos humanos y las libertades fundamentales, a contribuir al desarrollo y a recibir sus beneficios.

Y en este aspecto, explica la experta, un elemento central es el deber de los Estados generar políticas públicas que creen oportunidades, incluidas el acceso a recursos básicos y a los derechos básicos como salud, educación, alimentación, vivienda.  Esas políticas deben incluir la participación. Este es un concepto que la especialista destaca porque lo que señala es con la participación activa, libre y significativa, no cualquier participación, sino una que se incluya (en las políticas públicas), es decir que sea una influya en la toma de decisiones para la equitativa distribución de los beneficios que da el desarrollo. Y el otro aspecto que recoge la declaración, que también es fundamental, es que como estamos dentro de un mundo donde el impacto no es sólo sobre un país, sino que es global cuando hay dificultades para acceder al desarrollo y llegar a los objetivos estamos hablando de la necesidad de la solidaridad y de la cooperación internacional.

Sobre el informe, Liliana Valiña expresó que se ha tratado de reflejar áreas importantes para la realización del derecho al desarrollo como la desigualdad, la protección social y el derecho al desarrollo, el derecho al desarrollo y el derecho internacional de las inversiones y el deber de cooperar de los actores no estatales, es decir, aquellos actores como el sector privado y cómo contribuyen al derecho al desarrollo. En este punto, sostuvo además que la desigualdad está en el centro de los obstáculos para el desarrollo y una de las respuestas claves es la participación. La necesidad de focalizarnos en que debe haber una participación diversa, que incluya a las mujeres, los niños, los adolescentes, los jóvenes, pero también tanto la población rural como población urbana.

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