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El Consejo de Seguridad, la coordinadora de la ONU para la Prevención y la Respuesta al Hambre, afirma que los conflictos armados siguen siendo los principales impulsores del hambre y la hambruna. Además, el organismo cifra en 250 millones el número de personas que el año pasado sufrieron inseguridad alimentaria aguda, la cifra más alta registrada en los últimos años.
A menos conflictos, menos hambre

Es cierto que los conflictos y la inseguridad son factores importantes que contribuyen significativamente al hambre y la hambruna en diferentes partes del mundo. Estos dos problemas están estrechamente interrelacionados y a menudo se refuerzan mutuamente, creando una situación desafiante para las comunidades vulnerables.

El Consejo de Seguridad, la coordinadora de la ONU para la Prevención y la Respuesta al Hambre, afirmó que cada uno de los siete países en los que durante 2022 la población padeció situaciones de carencia grave de alimentos también se vieron afectados por conflictos armados o niveles extremos de violencia. En una sesión del órgano de seguridad que debatió la estrecha relación entre la inseguridad alimentaria mundial y los conflictos, Reena Ghelani recordó que cinco de los siete países -Afganistán, Haití, Somalia, Sudán del Sur y Yemen- figuran regularmente en la orden del día del Consejo.

El punto es que los conflictos armados destruyen los sistemas alimentarios, destrozan los medios de subsistencia y expulsan a la gente de sus hogares, dejando a muchas personas en situación de extrema vulnerabilidad y hambrientas. Las cifras no engañan. El número de personas que el año pasado sufrió inseguridad alimentaria aguda alcanzó los 250 millones, la cifra más alta registrada en los últimos años. 

De los diez países más expuestos a riesgos climáticos, siete están afectados por conflictos, seis cuentan con una misión de mantenimiento de la paz o una misión política especial de la ONU y cuatro tienen a más de un millón de personas a un paso de la hambruna.

La solución al hambre muchas veces está en la paz. Entre las alternativas para hacerle frente al problema de la hambruna, desde la ONU destacaron la necesidad de redoblar los esfuerzos para prevenir, reducir y poner fin a los conflictos en todas sus formas. Mientras no se produzca esta situación, se identificaron cinco aspectos fundamentales para reducir el sufrimiento de las personas y prevenir la hambruna:

  • Garantizar que las partes en conflicto respeten el derecho internacional humanitario
  • Aprovechar mejor los mecanismos de alerta temprana existentes, como la Resolución 2417 del Consejo de Seguridad 
  • Encontrar formas audaces y creativas  de mitigar el impacto de la guerra en los más vulnerables
  • Colocar a las mujeres y las niñas en el eje de los empeños
  • Proveer una financiación humanitaria adecuada

Para abordar el hambre y la hambruna en estas situaciones, es esencial trabajar en la prevención y la resolución de conflictos, promover la paz y la estabilidad, y garantizar el acceso seguro y sin obstáculos para la asistencia humanitaria. Los esfuerzos deben centrarse en abordar las causas fundamentales del conflicto y la inseguridad, así como en proporcionar ayuda humanitaria para garantizar que las personas afectadas reciban el apoyo necesario para satisfacer sus necesidades básicas de alimentos y nutrición.

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