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La Organización las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) denuncian que, si no hay soluciones urgentes y duraderas, la vida de millones de personas está en riesgo, en especial, la de niños y niñas de áfrica occidental y central.

El hambre es sinónimo de muerte en muchas latitudes. La desigualdad está a la orden del día y el precio más alto lo pagan las comunidades más pobres. Las cifras recientemente divulgadas por UNICEF son preocupantes: el número de personas hambrientas en África occidental y central alcanzará un máximo histórico de 48 millones, incluidos 9 millones de niños y niñas, el próximo año si no se encuentran y ponen en marcha ya soluciones urgentes y duraderas para hacer frente a esta crisis. Estos datos se desprenden del último análisis sobre seguridad alimentaria de Cadre Harmonisé que revela que más de 35 millones de personas, entre ellos 6,7 millones de niños y niñas, en la región, aproximadamente el 8% de la población evaluada, no pueden satisfacer actualmente sus necesidades básicas de alimentación y nutrición.

En este escenario por demás preocupante, en una declaración conjunta durante la reunión anual de la Red para la Prevención de Crisis Alimentarias en África Occidental (RPCA) celebrada en Lomé (Togo), la Organización las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas instan a los gobiernos de toda la región a aumentar el apoyo y las inversiones en programas de seguridad alimentaria y nutrición que refuercen la resiliencia de las comunidades y protejan sus medios de subsistencia, al tiempo que reducen el riesgo de que las personas caigan en una inseguridad alimentaria catastrófica.

El informe denuncia que la situación es especialmente preocupante en las zonas afectadas por el conflicto de la cuenca del lago Chad y la región de Liptako-Gourma (Burkina Faso, Malí y Níger), donde 25.500 personas sufrirán hambre catastrófica (fase 5) durante la temporada de escasez que va de junio a agosto de 2023. Este es el período del año en que se agotan las reservas de alimentos de la cosecha anterior y las familias luchan por satisfacer sus necesidades alimentarias básicas hasta la siguiente cosecha. A pesar de las buenas perspectivas de cosecha, la mejora de la situación del mercado y el aumento de las estimaciones de producción de cereales en toda la región, la inseguridad alimentaria y la desnutrición persisten y se están extendiendo desde el Sahel hacia los países costeros debido a la persistente inseguridad, las crisis climáticas, los altos precios de los alimentos, las consecuencias económicas de la COVID-19 y el impacto del conflicto en Ucrania.

En Benín, Costa de Marfil, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Liberia, Sierra Leona y Togo, el análisis del Cadre Harmonisé revela un aumento del 20% en la inseguridad alimentaria durante el último trimestre de 2022, en comparación con el mismo período del año pasado. Solo en Nigeria, 25 millones de mujeres, hombres y niños se enfrentan a una inseguridad alimentaria de moderada a severa, lo que significa que pueden caer fácilmente en una situación de seguridad alimentaria de emergencia si no se ofrece una respuesta inmediata. Detrás de las cifras hay millones de personas cuyas vidas penden de un hilo. Pese a los esfuerzos de los gobiernos y sus aliados, la desnutrición aguda en niños y niñas menores de 5 años es motivo de preocupación, especialmente en los países del Sahel y Nigeria, con tasas que superan el umbral de emergencia del 15% en algunas áreas de Senegal (Louga y Matam), Mauritania (Gorgol y Guidimaka ), el noreste de Nigeria (estados de Yobe y Nord Borno) y Níger (Dogon y Doutchi).

En medio de esta crisis global, las tres agencias de la ONU y sus aliados se han comprometido a abordar esta problemática alimentaria y nutricional sin precedentes mediante un enfoque sólido de sistemas alimentarios, con programas múltiples e integrados que ofrecen respuestas de nutrición, salud, agua, higiene y saneamiento para niños y niñas, mujeres y otros grupos vulnerables.  En este sentido, la FAO, UNICEF y el PMA reforzarán y ampliarán su apoyo continuo a los sistemas nacionales de protección social que respondan a las crisis y sean sensibles a la nutrición de las mujeres embarazadas, las madres lactantes, los niños y niñas pequeños y los adolescentes. Sobre la base de los sistemas existentes a nivel local, nacional y regional, y con la plena participación de las comunidades locales, las tres agencias de la ONU también ampliarán sus soluciones a medio y largo plazo con el objetivo de reforzar la resiliencia de las comunidades afectadas por crisis, mientras apoyan la construcción de la paz y la coexistencia pacífica.

 

* Para contribuir al trabajo de UNICEF en desnutrición, consultar aquí: https://www.unicef.es/hazte-socio-hambruna

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