Una gran cantidad de muertes podrían evitarse si dejáramos de contaminar el planeta. Según un informe publicado hoy, 28 de junio, por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), la exposición a la contaminación atmosférica, al humo de tabaco, a la radiación ultravioleta, al amianto, a determinadas sustancias químicas y a otros contaminantes causa más del 10 % de todos los casos de cáncer en el viejo continente. La buena noticia es que esta situación se puede- y debe-prevenir. Según el estudio de la AEMA, la mayoría de estos riesgos ambientales y laborales relacionados con el cáncer pueden reducirse evitando la contaminación y modificando nuestros propios comportamientos. El poder de cambiarlo todo está en nuestras manos, ¿lo haremos?
La contaminación, culpable del 10 % de todos los casos de cáncer en Europa

Con casi 3 millones de pacientes nuevos y 1,3 millones de muertes cada año en toda la Unión Europea, el cáncer causa graves perjuicios en nuestra sociedad, también en cuanto a los costes económicos, que se han estimado en alrededor de 178.000 millones de euros solo en 2018.  Se trata de muertes evitables en muchos casos, ya que las causas son creadas por nosotros mismos. Así lo explica el informe publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA): “Beating cancer — the role of Europe’s environment” (Combatir el cáncer, el papel del medio ambiente europeo), el cual advierte que los contaminantes en el medio ambiente y en el lugar de trabajo, así como algunos riesgos naturales, tienen grandes repercusiones en nuestra salud que, en algunos casos, desembocan en cáncer.

Si bien los datos que exponen los expertos son realmente preocupantes, la buena noticia es que, según el estudio de la AEMA, la mayoría de estos riesgos ambientales y laborales relacionados con el cáncer pueden reducirse evitando la contaminación y modificando nuestros propios comportamientos. La reducción de la exposición a estos riesgos permite reducir de forma eficaz y rentable los casos de cáncer y las muertes asociadas.  En este estudio, la agencia europea investigó por primera vez los vínculos entre el cáncer y el medio ambiente, y examinó los últimos datos científicos sobre contaminación atmosférica, radón, radiación ultravioleta, humo de tabaco de segunda mano y sustancias químicas. Concretamente, el informe estima que los riesgos ambientales y laborales son responsables de cerca del 10 % de los casos de cáncer en Europa.

Riesgos ambientales

El documento sostiene que la contaminación atmosférica (tanto interior como exterior) está relacionada con alrededor del 1 % de todos los casos de cáncer en Europa y causa aproximadamente el 2 % de todas las muertes por cáncer. Si consideramos solo el caso del cáncer de pulmón, esta cifra aumenta hasta el 9 % de las muertes. Cabe destacar que en estudios recientes se han detectado relaciones entre la exposición prolongada a las partículas en suspensión, un contaminante fundamental de la atmósfera, y la leucemia en adultos y niños.

El radón y la radiación ultravioleta también contribuyen significativamente a la incidencia del cáncer en Europa. La exposición al radón en recintos cerrados se asocia a hasta el 2 % de todos los casos de cáncer y a uno de cada diez de cáncer de pulmón en Europa, mientras que la radiación ultravioleta natural puede ser responsable de hasta el 4 % de todos los casos de cáncer en Europa. Además, la incidencia del melanoma, una forma grave de cáncer de piel, ha aumentado en Europa durante los últimos decenios.

Por su parte, la investigación demuestra que la exposición al humo de tabaco de segunda mano puede incrementar el riesgo global de todos los cánceres hasta en un 16 % en personas que nunca han sido fumadoras. En torno al 31 % de las y los europeos están expuestos al humo de tabaco ajeno en el hogar, el trabajo, durante el ocio, en instituciones educativas o en entornos públicos. Otro factor de riesgo completamente evitable se redujera el consumo de cigarrillo.

Asimismo, determinadas sustancias químicas utilizadas en los lugares de trabajo europeos y liberadas al medio ambiente son carcinógenas según la publicación. Además, se sabe o se sospecha que algunas de estas sustancias químicas pueden inducir cáncer en varios órganos: entre estas sustancias se encuentran el plomo, el arsénico, el cromo, el cadmio, la acrilamida, los plaguicidas, el bisfenol A y las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS). La investigación destaca al mismo tiempo, que todas las formas de amianto son carcinógenos bien conocidos, asociados al mesotelioma y al cáncer de pulmón, así como al cáncer de laringe y ovario. Aunque la UE prohibió el amianto en 2005, sigue presente en edificios e infraestructuras, causando la exposición al mismo de los trabajadores que realizan tareas de renovación y demolición. Además, los cánceres se manifiestan también muchos años después de la exposición, y se calcula que el amianto representa entre el 55 y el 88 % de todos los casos de cáncer de pulmón de origen profesional.

¿Qué hacer frente a esto?

Es evidente el vínculo indisociable entre contaminación y problemas de salud. Los datos son alarmantes pero el costado positivo es que el poder de cambiar el curso de la historia está en nuestras manos. Cuidar el planeta y reducir la contaminación es nuestra responsabilidad y no sólo podemos, sino también debemos hacerlo. En este sentido, el Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer reconoce el papel de los riesgos ambientales y laborales en el aumento de los casos de cáncer, así como el potencial de salvar vidas a través de estrategias de prevención eficaces. En consonancia con este objetivo, el Plan de Acción «Contaminación cero» pretende, mediante la disminución de la contaminación del aire y del agua, reducir la exposición humana a la contaminación ambiental y su repercusión en la salud, incluida la incidencia de cáncer ambiental y laboral.  Es por ello, que la UE ya ha adoptado medidas estrictas en materia de contaminación atmosférica, en virtud de la Directiva relativa a los compromisos nacionales de reducción de las emisiones y las Directivas relativas a la calidad del aire ambiente, por las que se establecen normas de calidad del aire para Europa. Por su parte, la Comisión Europea ha iniciado una revisión de las Directivas sobre la calidad del aire ambiente con el objetivo, entre otras cosas, de armonizar las normas de calidad del aire con las últimas directrices sobre la calidad del aire de la Organización Mundial de la Salud.

La Estrategia de Sostenibilidad para las Sustancias Químicas tiene por objeto prohibir las sustancias químicas más nocivas en los productos, en particular las que causan cáncer, y promover el uso de sustancias químicas seguras y sostenibles desde el diseño. En relación con el radón, la Directiva sobre normas de seguridad básicas ha introducido requisitos jurídicamente vinculantes para la protección frente a la exposición a fuentes naturales de radiación. Exige a los Estados miembros de la UE que establezcan planes nacionales de acción relativos al radón. Otras acciones de la UE son la coordinación de las iniciativas europeas destinadas a combatir el humo de tabaco ajeno y la sensibilización sobre los peligros de la radiación ultravioleta.

Hans Bruyninckx, director ejecutivo de la AEMA, concluyó sobre le informe: “Somos testigos del impacto que tiene la contaminación de nuestro medio ambiente en la salud y la calidad de vida de los ciudadanos europeos y, por eso, la prevención de la contaminación es tan crucial para nuestro bienestar. La reducción de la contaminación a través del Plan de Acción ‘Contaminación cero’ de la UE y la Estrategia de Sostenibilidad para las Sustancias Químicas, así como la aplicación rigurosa de otras políticas existentes de la UE, contribuiría en gran medida a reducir los casos de cáncer y las muertes asociadas. Sería una inversión eficaz en el bienestar de nuestros ciudadanos”.

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