Así lo afirma el Estudio sobre “Valores, actitudes y conducta medioambiental de los españoles” de la Fundación BBVA que se ha dado a conocer recientemente. La investigación advierte que el interés por el medio ambiente y los valores medioambientales han arraigado amplia y profundamente en nuestra sociedad, abarcando los ámbitos local y global, y se han trasladado a algunos planos de la conducta personal y en el espacio público. Entre las principales conclusiones se destaca que la mayoría de las y los españoles (80%) considera graves los problemas del medio ambiente y cree en la necesidad de preservarlo. Asimismo, la investigación muestra que la mayoría de los encuestados cree que los gobiernos, los organismos internacionales, las empresas y la sociedad en general no hacen lo suficiente para luchar contra el cambio climático, y que sólo la comunidad científica y las ONG ecologistas están a la altura del reto.
La ciudadanía española, cada vez más preocupada por el medioambiente

El día de ayer, 5 de junio, se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente. Coincidiendo con esa efeméride, la Fundación BBVA ha presentado el estudio “Valores, actitudes y conducta medioambiental de los españoles”. Una investigación que analiza el grado de interés, conocimiento y actitudes de la sociedad española sobre cuestiones del medio ambiente, con especial énfasis en el cambio climático. Se examinan también que facetas de la conducta individual están alineadas con los nuevos valores y qué se espera de las políticas públicas en esta área.

En términos generales, los resultados del estudio revelan que la cultura medioambiental ha arraigado en el conjunto de la sociedad española, tanto en extensión (abarcando una amplia serie de cuestiones), como en profundidad (detectándose coherencia entre las distintas áreas de preocupación y, más débilmente, entre valores y conducta) les interesa y preocupa todo lo relativo al medio ambiente, conocen conceptos esenciales aportados por la ciencia y, sobre esa base, han integrado valores que además han ido trasladando a determinadas facetas de la conducta  individual. Los expertos a cargo de la investigación sostienen que esto ocurre de forma amplia, profunda y transversal, independientemente del sexo, edad, formación y ubicación ideológica, e incluso a propósito de cuestiones como el cambio climático que en un pasado reciente generaron controversia fuera del ámbito científico.

De este modo, se observa que el medio ambiente ha ganado terreno entre los temas de interés y preocupación de los españoles, hasta el punto de convertirse en motivo de conversación cotidiana con amigos y familiares. La mitad de los españoles dice hablar con frecuencia sobre medio ambiente en su entorno, lo que supone el doble de quienes lo hacían en 2005. Además, el estudio afirma que existe un nivel alto de conocimiento entre las y los españoles. Al preguntar a los encuestados por una larga serie de conceptos aportados por la ciencia del medio ambiente, la mayoría de la población –el 59%– muestra un conocimiento ‘alto’ de las cuestiones medioambientales. Por ejemplo, un 81% identificó correctamente como verdadera la afirmación de que “la emisión de gases de efecto invernadero es la principal causa del cambio climático”.

Otra conclusión es que la conciencia y preocupación medioambiental no se ciñe al ámbito local, sino que se extiende a escala global, como lo evidencia la atención e importancia atribuida al cambio climático. Sin perjuicio de lo anterior, el estudio muestra que la traslación del conocimiento y los valores    presenta algunos casos de elevada resistencia en el plano de la conducta, como es el caso del uso del vehículo privado.

Por su parte, la ciudadanía manifiesta una profunda preocupación por la degradación del medio ambiente, considera que la situación es grave y considera que existe un desajuste entre el reto a resolver y las medidas que, hasta la fecha, se han puesto en marcha para atajarlo. Sin embargo, no cae en el pesimismo que podría llevar a la inacción: una mayoría –el 55%– considera que, si bien el cambio climático es irreversible, algunos de sus efectos sí pueden paliarse mediante la suma de conductas individuales y políticas públicas y un 39% cree incluso que todavía se está a tiempo de revertirlo. Para afrontar el reto del cambio climático, que la mayoría percibe como más grave que el coronavirus, se reclaman grandes acuerdos internacionales e iniciativa del Gobierno y la Unión Europea.

La investigación muestra que la preocupación por los problemas ambientales es grande entre las y los españoles. Concretamente, la amplia mayoría le atribuye una gravedad extrema a los problemas medioambientales (media de 8,6 en una escala de 0 a 10 en la que 0 indica que “no tienen gravedad ninguna” y 10 que “tienen muchísima gravedad”).  Además, se ha instalado una conciencia global que desborda las cuestiones locales: de hecho, la preocupación por los problemas del conjunto del planeta (8,9 en una escala de 0 a 10) supera a la referida a los problemas de su pueblo o ciudad (8,1).

De este modo, ante la magnitud de estos desafíos, se infiere que el interés y preocupación por los temas medioambientales colocan hoy al medio ambiente (junto a la investigación, salud y educación) como las principales áreas sobre las que los ciudadanos demandan un incremento del gasto público. Un 80% cree que el Gobierno debería aumentar el nivel de inversión en el área de medio ambiente.

Percepción extendida sobre el impacto ambiental de las conductas individuales

Además de lo anteriormente expuesto, el estudio analiza también cómo traducen los españoles los valores medioambientales a sus conductas individuales. La primera conclusión es que la mayoría está concienciada sobre el impacto de sus acciones en el medio ambiente: un 88% considera que el nivel de consumo actual contribuye mucho o bastante a acelerar el cambio climático, y una amplia mayoría opina lo mismo sobre el uso de medios de transporte como el automóvil (86%) y el avión (80%).

Al mismo tiempo, existe un amplio conocimiento sobre el impacto medioambiental de las diferentes energías, con un claro posicionamiento negativo sobre las no renovables como el petróleo (media de 8,4 en una escala de 0 a 10 donde 0 significa “nada perjudicial”  y 10 “muy perjudicial”) y el carbón (7,7), y una imagen más favorable de las renovables, comenzando por la solar (1,9) y la eólica (2,4).

Se observa también que el ecologismo de la sociedad no se queda en un plano meramente declarativo, sino que se plasma en un conjunto de comportamientos que se han generalizado en los últimos años. La mayoría declara que “siempre” o “frecuentemente” separa el cristal, las latas, el plástico o el papel para reciclarlos (87%), consume productos locales o de temporada (83%), evita el uso de bolsas de plástico nuevas al hacer la compra (81%), limita el consumo de agua (79%) y de electricidad (79%), compra electrodomésticos de bajo consumo energético (78%), reduce el uso de la calefacción (74%) y del aire acondicionado (69%).

Finalmente, la investigación concluye que existe una fuerte demanda de la ciudadanía hacia los poderes públicos. En un contexto de máxima preocupación por el cambio climático, prevalece una visión muy crítica sobre cómo se está abordando esta cuestión. La mayoría (un 63%) cree que las políticas para combatirlo en el mundo no tienen ningún efecto e incluso un 14% adicional cree que empeoran la situación. Esta visión se traslada también a nivel nacional, donde algo más del 84% de los españoles cree que no se está haciendo lo suficiente.

La gran mayoría de los españoles apuesta por acuerdos internacionales para luchar contra el cambio climático: el 96% cree que es necesario que exista un acuerdo internacional frente a apenas un 3% que opina que cada país debe establecer su propia estrategia. Por otra parte, y aunque las opiniones están divididas, son más numerosos (un 52%) quienes creen que esos acuerdos deben establecer una estrategia con plazos y exigencias diferentes según el país, que quienes creen que la estrategia deber ser común para todos los países (44%). La mayoría de los españoles cree que los gobiernos, los organismos internacionales, las empresas y la sociedad en general no hacen suficiente para luchar contra el cambio climático, y que sólo la comunidad científica y las ONG ecologistas están a la altura del reto.

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