Lograr una economía baja en carbono es uno de los mayores desafíos actuales. La emergencia climática es un hecho y urge detenerla. Para lo cual, la mayoría de las administraciones de la Unión Europea están llevando a cabo programas de protección medioambiental. Alcanzar el Acuerdo de París implica, necesariamente, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Pero ¿cómo hacerlo? Sin dudas, la ciencia es nuestra gran aliada en esta lucha. Un reporte recientemente publicado por BBVA analiza algunas medidas posibles para atenuar el cambio climático y evitar sus consecuencias más catastróficas mediante las llamadas “tecnologías CAUC”: de captación, almacenamiento y uso de CO2.
El reto del siglo: descarbonizar el planeta

La urgencia por detener la emergencia climática es innegable. Millones de jóvenes en todo el mundo lo vienen reclamando desde hace años bajo el lema de “No hay planeta B”. Y tienen razón, la tierra es una sola y la estamos destruyendo. El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas afirmó lo que ya sabíamos: El cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando.

Los efectos están a la vista y lamentablemnte, estamos ya naturalizándolos. Las temperaturas extremas como las olas de calor o los temporales de nieve como el temporal Filomena que tuvo lugar a comienzos de este año en España; el aumento de la temperatura y el nivel del mar o el recrudecimiento de eventos naturales extremos son la muestra más clara de que debemos actuar ahora.

Un reporte recientemente publicado por BBVA analiza algunas estrategias para luchar contra el cambio climático y caminar hacia la tan anhelada descarbonización de la economía. El  documento cita a Oliverio Álvarez, socio responsable del Área de Regulación en Energía de la consultora Deloitte quien explica que: "Para estabilizar el clima será necesario reducir de forma relevante, rápida y sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero para, finalmente, lograr cero emisiones netas de dióxido de carbono (CO2), el principal causante del cambio climático. Este proceso de reducción paulatina de las emisiones, denominado descarbonización, afectará a múltiples aspectos de nuestra forma de vida".

Por su parte, José Angel Peña, subdirector de infraestructuras, servicios, personal y relaciones institucionales del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A) de la Universidad Zaragoza (España) afirma que  es posible categorizar al menos tres grandes tipos de medidas para evitar que la atmósfera continúe carbonizándose. Estas están relacionadas con la precombustión, es decir, las que evitan las emisiones antes de que se generen; las que tienen que ver con la poscombustión, donde entrarían las tecnologías CAUC, que permiten atrapar el dióxido de carbono según sale de la chimenea y darle un uso económico; y las tendentes a retirar el CO2 que ya se encuentra en la atmósfera.

Cabe destacar que los artículos que hablan de la captura, transporte, almacenamiento, usos y transformación de CO2 (CAUC según sus siglas en castellano, CCUS en inglés) suelen referirse, sobre todo, a compañías del sector de la energía o la industria que quieren cazar los gases que emanan de sus chimeneas. Prácticamente todas las compañías energéticas del mundo han hecho, hacen o anuncian que harán pruebas piloto para testar la viabilidad económica de tecnologías CAUC. Que son parte de un futuro descarbonizado no lo duda nadie, lo que se discute es cuándo se harán efectivas.

En primer lugar, en lo que refiere a medidas de pre-combustión, el reporte de BBVA sostiene que Europa es el gran referente mundial en cuanto a esfuerzos en descarbonización. Al respecto, Oliverio Álvarez subraya que "El Pacto Verde Europeo pretende conseguir, mediante un proceso progresivo, que Europa sea el primer continente climáticamente neutro en 2050, sin dañar la economía y protegiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad. Para conseguirlo, establece un primer Objetivo 55 para 2030: reducir las emisiones en, al menos, un 55% respecto de los niveles de 1990".

Para alcanzar estas ambiciosas metas, en el viejo continente se han puesto en marcha dos tipos de medidas: las de carácter normativo y las de carácter económico. Una de las principales iniciativas en este sentido ha sido la producción de energía a partir de fuentes renovables.  En esta línea, António Guterres, secretario general de la ONU, afirmó que: "Para el próximo mes, los países que representan más del 65 % de los gases de efecto invernadero nocivos y más del 70 % de la economía mundial se habrán comprometido a alcanzar emisiones netas cero para mediados del siglo".

En segundo lugar, en cuanto a las medidas llamadas de “Post-Combustión”, puntualiza José Ángel Peña, el problema para capturar el dióxido de carbono no es el compuesto en sí, producto de la combustión de un hidrocarburo, sino el hecho de que viene diluido con nitrógeno, al respecto, el experto explica que separarlos resulta mi costoso. Sin embargo, el investigador de la Universidad Zaragoza sostiene que existen tecnologías CAUC llamadas “chemical looping combustión” que, simplificando mucho, aíslan el CO2 puro ya para almacenar.

Un punto clave en todas las mediadas de transición energética es el costo. Si bien no caben dudas de los beneficios a corto y largo plazo, aún los costos son muy elevados y muchas empresas no están dispuestas a afrontarlos. "Quemar carbón o hidrocarburos sigue siendo más barato que utilizar este CO2 recuperado", dice Peña, que defiende el CO2 como "una molécula prototipo de la economía circular", porque puede pasar de ser un problema a ser una solución, transformado en transportador de energía o en materia prima”

En tercer lugar, el último gran conjunto de medidas que se detallan en el reporte elaborado por el área de sostenibilidad de BBVA son aquellas vinculadas a retirar el Co2 de la atmosfera. La mejor alternativa para descarbonizar el planeta sería conseguir tener una tecnología que retirara el CO2 de la atmósfera. Sin embargo, esto aún no existe. Peña concluye que, mientras tanto, "habría que pensar en otro tipo de actuaciones, y en la posibilidad, natural, de incrementar la masa vegetal sobre la superficie del planeta".

Estas son algunas alternativas para detener de una vez por todas la crisis climática que mantiene alerta al mundo entero. Por un lado, promover el ahorro energético y la eficiencia y a continuación apostar por las energías renovables, sustituyendo poco a poco nuestra dependencia del petróleo. El camino no será fácil, pero dará buenos resultados. Repitamos como un mantra que "que no hay planeta B", la tierra es sólo está y debemos preservarla.

  

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