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En el suplemento de Mercados del dominical de El Mundo correspondiente al 6 de julio, Aldo Olcese realiza la afirmación de que “no hay mayor expresión de liberalismo que la responsabilidad social de la empresa”. Discrepamos y, profundamente. Esta es una más de esas feroces teorías disfrazadas de corderos que pretenden que la mejor guarda de las ovejas lo suponen los lobos a los que nos tiene acostumbrados el pensamiento reaccionario recubierto con la piel del liberalismo. Manuel Carneiro Caneda

 

Pinche aquí para leer el artículo original de Aldo Olcese

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La RSE es más una conquista del pensamiento progresista que del conservador. Supone, en el ámbito de las teorías económicas, algo más que una orientación meramente empresarial y considerar que no afecta al conjunto de situaciones sociales que se producen en este inicio de siglo es un planteamiento, cuanto menos, miope. Resulta, así mismo, una realidad cada vez más palmaria que las empresas constituyen actores fundamentales en la vida cotidiana así como que estas dibujan un conjunto de influencias que resultan decisivas para el logro de los avances tanto económicos como sociales. Negar esta evidencia hace que podamos caer en una visión mal enfocada de los elementos que componen las transacciones económicas en una sociedad desarrollada; y esta es una afirmación que, aunque cobijada bajo la piel del liberalismo, tiene cada vez mayor predicamento entre las posturas de izquierda.

 

Por ello, la RSE tiene interés para la izquierda, incluso más allá de su estricta importancia económica, por las siguientes razones:

  • En primer lugar, por la novedad y la trascendencia que está suponiendo esta orientación empresarial, la cual constituye no tanto una causa cuanto un efecto, y este es el interés que tanto las empresas mismas como los ciudadanos, el Estado y la propia Sociedad Civil manifiestan por saber qué hacen y cómo operan las organizaciones empresariales. Este control externo exige a las posiciones de progreso un acercamiento más ajustado a las características y a las actividades que definen a las empresas.

  • Una segunda cuestión apunta a la importancia económica que tienen las empresas en la actualidad, sobre todas multinacionales, trasnacionales o globales, tanto en la cuantía del montante económico que manejan, como en el volumen de personas que emplean como, finalmente, en lo que aportan a la sociedad a través de la vía impositiva directa o por la generación indirecta de riqueza y la creación de empleo.

  • Una tercera cuestión afecta, así mismo, no sólo a los cambios operados en el concepto de empresa o en sus derivadas (el empresariado autónomo, la política de microcréditos o de acceso a la propiedad que se produce en los países en vías de desarrollo, la importancia de los micro empresarios o de las pymes, el autoempleo, etc) sino también en cuanto a las modificaciones que sobre las implicaciones del hacer empresarial se están produciendo en este momento. Hablamos de sostenibilidad, de RSE Interna, de conciliación, de igualdad, etc, de muchas cuestiones que se desarrollan en el seno de las empresas y a las éstas no pueden permanecer ajenas; y de hecho no lo son. Las empresas se están convirtiendo en laboratorios de tendencias sociales y restar importancia a todo ello nos aleja de la realidad misma de manera irreversible.

  • Un cuarto elemento hace referencia a la vigilancia tanto política como social a la que están sujetas las empresas. No olvidemos que el modelo europeo que nos hemos atribuido habla de voluntariedad con respecto a la asunción y puesta en marcha de políticas de RSE. No se puede obligar a las empresas a ir más allá de lo legal y por tanto, fruto de la búsqueda de la conciliación y el consenso, así como de una política basada en el diálogo y el acuerdo, el respeto a la actividad empresarial así como un acercamiento realista y desideologizado por parte del progresismo y la orientación socialista se hace prácticamente imprescindible. Recurrir a los viejos eslóganes de confrontación frente a la "patronal" o "el capital", muy gráficos pero poco realistas, hace que la izquierda olvide, en ocasiones, las modificaciones radicales y la evolución que las empresas han sufrido, y por qué no el capitalismo mismo, desde mediados del siglo XIX; y que no recuerde la aportación que al bienestar colectivo generan las empresas. El planteamiento de la defensa de la empresa, de "la libre empresa", ha sido patrimonio de la derecha, sobre todo del liberalismo, en especial el económico; la reivindicación de otro modo de hacer empresa así como de otros modelos empresariales puede ser una propuesta legítima desde la izquierda y el progresismo.

  • Y en quinto lugar planteamos que no debemos olvidarnos de que la RSE es una orientación que surge del modelo de sociedad que Europa, la Europa Social, considera como una conquista inevitable. Involucrar a las empresas es, por tanto, una tarea fundamental, entendiéndose además que la RSE es un elemento de competitividad así como de acicate para otras áreas socioeconómicas menos avanzadas en conquistas sociales. Utilizar el cumplimiento de lo prescrito por la RSE como una herramienta imprescindible para poder competir en los mercados internacionales, hará que países y amplias regiones que no tienen consolidados los derechos humanos o los básicos del ámbito laboral, se tengan que avenir a cumplir dichos requisitos. Como caso concreto podemos aportar el de China en la actualidad; si dejamos que compita sin cumplir los derechos básicos con sus ciudadanos, la regresión de dichos derechos estará consolidada.

 

Por todo lo anterior, urge que el pensamiento de izquierda, el progresismo y más concretamente el socialismo estime que la RSE forma parte de su modelo de concepción económica y social y no sólo en lo que corresponde a su enfoque sobre las características y funciones de las empresas en la sociedad actual, y ello se debe a que:

  • Esta novedosa tendencia que privilegia el concepto de responsabilidad, está siendo cooptada por otras orientaciones fundadas en ideologías y concepciones contrarias al progresismo y a la propia izquierda. Incluso, yendo más allá, puede formar parte sin problema alguno, desde la legitimidad conceptual se entiende, del modelo ultraliberal, que no se va a oponer a que las empresas cobren una primacía excesiva que evite el control externo escudándose en el autocontrol y en la voluntariedad. La iglesia también favorece la denominada RSE (a través de la Acción Social y la doctrina social de la iglesia), las patronales también se manifiestan a favor incluso para evitar la presión social o para participar como uno más en una corriente social que les afecta. En definitiva, una visión pacata y ramplona sobre las propias empresas o el olvido de la importancia de la RSE puede hacer que, un concepto tan cercano a posiciones de progreso e izquierda, pase a formar parte del universo conceptual del liberalismo más deshumanizado.

  • La izquierda no puede olvidar que el desarrollo de la RSE es una conquista social y humana de gran magnitud. Cuestiones como la igualdad, la eliminación de la discriminación o la conquista del bienestar común pueden, en cierta parte, ser fomentadas dentro de las organizaciones empresariales a través de la sensibilidad que nos aporta la RSE.

  • El control sobre el actuar empresarial debe tener más orientaciones que la vigilancia externa propiciada por las autoridades políticas y la actuación del Estado. La RSE permite inocular el control haciéndolo depender no sólo de instancias externas; son los propios empleados los que pueden ejercer una ciudadanía activa a través de los mecanismos que la propia RSE pone en sus manos (los Comités de Ética, el interés por las repercusiones ecológicas, la posibilidad de ejercer la denuncia ante malas prácticas empresariales, etc).

  • La izquierda no puede ser ajena a las tendencias más actuales, sobre todo en lo concerniente a las dimensiones económica y social, si es que estas se pueden diferenciar con total claridad. Incluso existen novedosas corrientes como son la ciudadanía empresarial o la sostenibilidad que deberán forman parte de las respuestas que el socialismo debe orientar ante los retos que se producen en el inicio del siglo XXI.

  • Y por último, la RSE es la traslación al ejercicio empresarial de una corriente mundial de mejora en un reparto más equitativo de la riqueza y que como conciencia se encuentra ya ampliamente extendida y asumida. Nuestra visión de las clases trabajadoras o asalariadas tiene que cambiar dado que las circunstancias han hecho que cambien. Incluso ha cambiado nuestro concepto sobre el trabajo mismo. De este modo, los integrantes de las organizaciones, sobre todo las empresariales, mantienen unos mayores niveles de conocimiento y de cultura de las que hace ya más de un siglo presentaban las clases trabajadoras, Han surgido otro tipo de desheredados y desasistidos sociales, resulta indudable, pero una forma de extender los beneficios de la riqueza puede ser, en una parte concreta eso si, la aplicación de lo que la RSE supone como filosofía empresarial. Y a ello, como ya hemos planteado, no puede permanecer ajeno el socialismo. Olvidarlo supone dar la espalda a una orientación cada vez más extendida en los países con altos niveles de desarrollo y que puede propiciar cambios y mejoras sociales a través de uno de los pilares básicos del capitalismo y de la intervención en su seno sin afectar al libre ejercicio de la libre empresa. Supone, por tanto y como resumen, un cambio desde dentro, que casi, casi, nos acerca al tan querido planteamiento liberal de la reforma. En esta línea, el propio Olcese termina diciendo en el mencionado artículo que "el padre del capitalismo, Adam Smith, fue el primero en hablar del egoísmo privado como herramienta para generar interés público. Smith fue el auténtico precursor de la RSC". Ya.


Manuel Carneiro Caneda

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