En su firme apuesta por la economía circular y con esta, la protección del medioambiente, la entidad financiera les da una segunda vida a sus tarjetas. Así, las tarjetas con chip, consideradas en cierto sentido como pequeños dispositivos TIC, se convierten en materia prima para la fabricación de nuevas tarjetas si se llevan a la planta de tratamiento para reciclarlas. Hay más de 22.000 millones circulando en el mundo, contando solo las de crédito y débito.
Todas las tarjetas de BBVA serán recicladas en 2023

BBVA ya ofrece a sus clientes en España la posibilidad de reciclar sus viejas tarjetas entregándolas en sus oficinas. En esta línea, el banco ha conseguido reciclar en seis meses 240.000 tarjetas de débito y crédito, un 66% más que en marzo, cuando anunció que se habían reciclado cerca de 90.000 tarjetas.  La iniciativa ha permitido volver a aprovechar 1.192 kilos de residuos plásticos, que supone reutilizar el 90% de las materias primas que las componen para producir nuevos productos.

Todas las tarjeta de crédito o débito que incorporen un 'chip' o banda magnética  tienen una vigencia, ya sea por obsolescencia o por desgaste. ¿Qué suele hacer el consumidor? "Tirarla al contenedor verde, gris o negro — donde va a parar lo que no se puede reciclar—", cuenta Gonzalo Torralbo, director comercial y de relaciones institucionales de Recyclia (entidad administradora del reciclaje de residuos electrónicos y pilas).

Pero para garantizar que una tarjeta efectivamente pueda tener una segunda vida, las y los clientes de BBV pueden acudir de algunas entidades para su correcto tratamiento. "Estamos llegando a acuerdos con bancos como BBVA para la recogida de tarjetas caducadas mediante una operativa de logística inversa", señala Torralbo. A través de sus valijas, las sucursales las llevan a unos puntos de acumulación, desde donde se trasladan a la planta de tratamiento. Allí se someterán, como explica Torralbo, a una serie de triturados y moliendas, hasta convertirse en pequeñas partículas de diminutas proporciones. La parte metálica se separará de la fracción plástica mediante imanes y corrientes de Foucault (para recuperar metales no férricos). De esta forma, saldrán transformadas en materia prima para reutilizar.

Gracias a este sistema, más de 22.000 millones de tarjetas de crédito y débito circulan por todo el mundo, según Nilson Report. Cada año se fabrican 6.000 millones para reemplazar a las que han terminado su vida útil, y atender nuevas cuentas. "Casi todas se producen con plástico PVC de primer uso", sin reciclar. "Son parte del problema de la contaminación plástica", concluye Torralbo. El volumen de tarjetas con 'chip' que se recupera aún es muy pequeño, comentan desde Recyclia. Desde 2015 están incorporadas a la categoría 6, de pequeños aparatos TIC, dentro de los aparatos eléctricos y electrónicos. Más del 80% de los residuos de la categoría 6 que llegan a la planta de tratamiento se reciclan.

Juan Pedro de Miguel de IDEMIA, líder mundial en identidad aumentada, que el año pasado suministró a BBVA las primeras tarjetas de PVC reciclado de España, explica que las tarjetas bancarias constan de cinco capas de PVC reciclado. En la capa central se embeben el chip y la antena, que están hechos con aleaciones de metales.  "Los fabricantes están investigando en ecodiseño, para que el tratamiento de los materiales en la planta de reciclaje sea más eficiente", destaca Torralbo. Contemplan, por ejemplo, fórmulas para que la antena no esté tan embutida dentro de la tarjeta, y para que los plásticos no sean tan complicados de separar", asegura. De ahí que sea importante extremar el cuidado de separar en ese proceso las tarjetas de PLA (plástico biodegradable), ya que contaminan el reciclaje de otros materiales.

Torralbo concluye que: "Reciclar estos productos, que normalmente habrían sido enviados al vertedero, y volver a darles un uso, es una excelente manera de evitar contaminación", se enorgullece Alicia Ramos, responsable global de cuentas en  G+D, empresa que fabrica tarjetas. "Hemos de evitar que nuestras tarjetas con 'chip' se conviertan en desechos y terminen en la naturaleza, en los mares y en la cadena alimentaria, como plásticos y como microplásticos, conforme avanza su degradación".

Asimismo, cabe destacar que G+D, proveedor también de BBVA, ya suministra al banco tarjetas de pvc 100% reciclado.  "La previsión es que desde que iniciamos este proyecto en España, a mediados de 2020, hasta finales de 2021 entreguemos más de siete millones de tarjetas", calcula de Miguel. La iniciativa, lanzada en España, Estados Unidos, Argentina y Perú, "y en breve en el resto de países del grupo", comenzó asociada a la cuenta joven. "La estrategia cambia por país: en España está muy vinculada a las tarjetas Aqua y a algunas empresariales; en Colombia, a clientes de crédito; en Argentina y Estados Unidos se ha migrado todo el portfolio", desgrana.

"El objetivo del banco es que en 2023 el 100% de sus tarjetas sean de PVC reciclado", avanza de Miguel, que reconoce que la materia prima es más cara y el modo de producción, más complejo. BBVA ya está trabajando por la solución más sostenible posible. En este sentido, Ignacio Bañón, director global de pagos de la entidad, señala que "hemos estudiado diversos materiales para nuestras tarjetas hasta encontrar el material reciclado que produce menores emisiones. Tras casi dos años de trabajo con nuestro proveedor, hemos seleccionado este material de PVC reciclado, que tiene la misma duración que el PVC normal". "Es preferible a otros materiales ecológicos alternativos que tienen menor duración, lo que implicaría aumentar el número de tarjetas emitidas", concluye.

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