¿Pueden ser sostenibles las ciudades? Si bien pareciera una respuesta difícil de responder, la Agencia Europea de Medioambiente se muestra optimista y afirma que sí, las ciudades pueden ser sostenibles o, mejor dicho: deben serlo. Un informe recientemente publicado advierte que es probable que la pandemia influya en la transición de Europa hacia modelos de urbanización más sostenibles desde el punto de vista medioambiental durante los próximos años. De este modo, las urbes podrían convertirse en actores clave en la defensa de una recuperación ecológica y justa. La publicación analiza algunas de las principales oportunidades y desafíos para lograr la sostenibilidad medioambiental urbana tras la crisis.
Retos y oportunidades para una recuperación urbana ecológica, sostenible y justa en Europa

La pandemia ha puesto a las grandes ciudades en primera línea de la gestión de la crisis. El coronavirus golpeó con mucha mayor fuerza en las urbes y, si bien aún existe una gran incertidumbre sobre las repercusiones a largo plazo, ya está surgiendo una agenda creciente de cuestiones que habrá que abordar en los próximos meses y años en las ciudades.  Con el afán de echar luz sobre la temática de la transición verde y justa, la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) ha publicado recientemente un informe a donde analiza los retos y oportunidades a los que se afrontarán las ciudades.

El documento ofrece una breve visión general de algunos de los principales impactos que la pandemia ha tenido en la sostenibilidad medioambiental urbana y, a continuación, resume las oportunidades clave para alinear la recuperación con la transición urgente hacia ciudades más sostenibles. Es cierto que los desafíos que vendrán son realmente grandes, pero también resulta innegable que existe un movimiento creciente de ciudades en Europa que se comprometen activamente a una recuperación verde de la crisis, con el apoyo de iniciativas a nivel de la UE como el Acuerdo Verde Europeo, la agenda urbana para la UE y la nueva política de cohesión de la UE.

Sin embargo, el informe insta a reconocer los profundos cambios sociales y económicos provocados por la crisis sistémica que causó la llegada del coronavirus. Asimismo, afirma que los gobiernos deberán garantizar una recuperación inclusiva que reconozca que la pandemia ha exacerbado aún más las desigualdades existentes dentro de cada ciudad y entre ellas.  En este sentido, el documento explica que, aunque los esfuerzos actuales se centran, con razón, en abordar los retos inmediatos de la pandemia, es importante poner en marcha rápidamente enfoques para la recuperación que estén alineados con objetivos de sostenibilidad más amplios. Esto requerirá la participación activa y el pleno compromiso de todos los niveles de gobierno.

Una parte central de estos enfoques será garantizar que los gobiernos locales puedan desempeñar un papel activo en el proceso de planificación de la recuperación a nivel nacional y de la UE. También se necesitará urgentemente financiación, por ejemplo, destinando parte del Fondo de Recuperación y Resiliencia directamente a los gobiernos locales. Mientras la pandemia de COVID-19 sigue desarrollándose y las preocupaciones sanitarias siguen siendo primordiales, las ciudades ya están dando los primeros pasos hacia la recuperación y liderando los llamamientos a una recuperación verde y justa. El objetivo es permitir que las ciudades reconstruyan sus economías, aborden complejas cuestiones de justicia social y hagan frente a la crisis climática y ecológica al mismo tiempo.

Repensar la movilidad urbana y el uso del suelo

La pandemia permitió llevar a cabo experimentos políticos a una escala antes impensable y demostró que el comportamiento de la movilidad en las ciudades es mucho más fluido de lo que quizás se suponía. En el último año, las ciudades europeas ya han creado más de 1.400 km de nuevos carriles para bicicletas, medidas de pacificación del tráfico y calles sin coches. La investigación de la AEMA afirma entonces que existe la oportunidad de aprovechar este impulso fomentando el cambio modal y reasignando permanentemente el espacio vial a los desplazamientos a pie y en bicicleta -y a más espacios verdes-, evitando así el regreso a ciudades dominadas por el automóvil con altos niveles de peligrosa contaminación atmosférica y congestión. Esto requerirá nuevas intervenciones normativas que disuadan del uso del coche y fomenten la utilización del transporte público y los desplazamientos activos. El transporte público seguirá siendo la espina dorsal de la movilidad urbana y necesitará una atención especial, dadas las importantes pérdidas de ingresos que amenazan la viabilidad a largo plazo de sistemas completos de transporte público.

La pandemia también puso de manifiesto la importancia de garantizar un acceso más equitativo a los servicios clave. Aunque la mayoría de las ideas y medidas políticas en las que se basa la ciudad de 15 minutos no son nuevas, la pandemia ha aumentado claramente el interés por el concepto como forma de mejorar la habitabilidad, reducir las emisiones de carbono y reconstruir y preparar el futuro de las comunidades urbanas. Para que las ciudades adopten este modelo de proximidad urbana, habrá que reconsiderar cómo se planifica actualmente el transporte público y activo. Es necesario dejar de lado el transporte radial para ofrecer redes ciclistas que conecten las zonas residenciales con el núcleo urbano y garanticen mejores conexiones dentro de las distintas zonas y entre ellas.

Readaptación del parque de edificios urbanos

Otro punto que introduce la publicación es que las ciudades tienen una gran oportunidad de invertir en la modernización de sus viejos edificios. Esto puede desempeñar un papel fundamental en el apoyo a la ambición europea del Green Deal de lograr la neutralidad de carbono para 2050 y cumplir los objetivos de la nueva estrategia de la ola de renovación. En conjunto, los edificios de la UE son responsables del 40% del consumo total de energía y del 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La rehabilitación de edificios tiene considerables beneficios colaterales más allá de la reducción de las emisiones de carbono, como la reducción de los costes de funcionamiento y edificios más cómodos y saludables para los residentes. La reconversión también tiene un importante potencial de generación de empleo, que puede contribuir a reactivar la economía. Por ejemplo, Lille ha anunciado un plan de recuperación COVID-19 de 66 millones de euros, en el que se comprometen 35 millones de euros en los próximos 3 años para renovar 3 000 viviendas sociales, más de 3 600 viviendas privadas y 600 residencias de estudiantes. La investigación de la AEMA también ha puesto de manifiesto cómo las inversiones en infraestructuras verdes pueden ayudar a las ciudades a adaptarse a un clima que cambia rápidamente y a los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos a los que tienen que hacer frente como consecuencia de ello.

Sistemas alimentarios urbanos y economía circular

Otro aspecto que resaltan los expertos es que la seguridad alimentaria es fundamental para la sostenibilidad medioambiental urbana, y la pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de contar con un sistema alimentario sólido y resistente que pueda soportar crisis repentinas. La estrategia "de la granja a la mesa" de la Comisión pretende desarrollar un sistema alimentario justo, sano y respetuoso con el medio ambiente. Iniciativas como el Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán y la agenda alimentaria urbana de la FAO han creado plataformas para que las ciudades configuren activamente sistemas alimentarios más sostenibles, inclusivos y resistentes. La pandemia ha dado un impulso a las iniciativas que abrazan el valor de cultivar alimentos locales, orgánicos y más estacionales en las zonas urbanas y sus alrededores.

La producción local de alimentos también puede alterar los sistemas alimentarios lineales y apoyar los esfuerzos de las ciudades por avanzar hacia un modelo de consumo más circular. Este puede ser el caso especialmente cuando las ciudades también abordan otros problemas del sistema alimentario, como el abastecimiento de alimentos, el diseño y la comercialización de productos más saludables y la gestión de los residuos alimentarios. Las políticas de fomento de la producción local de alimentos deberán tener en cuenta su asequibilidad para los hogares con menores ingresos, que a menudo carecen de acceso a suficientes alimentos saludables y productos frescos. Por lo tanto, un replanteamiento exitoso de los sistemas alimentarios urbanos requerirá una política y una acción coordinadas a través de un complejo nexo de sectores, incluyendo la agricultura urbana, la planificación territorial y la política social. 

El informe concluye que invirtiendo en medidas de recuperación que den prioridad al transporte sin emisiones de carbono, a los edificios energéticamente eficientes, a las infraestructuras verdes y azules, a un mayor espacio para la naturaleza y a una vida urbana más eficiente en cuanto a recursos, las ciudades pueden aumentar su resiliencia ante futuras crisis y garantizar una transición justa para todos sus habitantes. Para ser verdaderamente inclusiva, la planificación de la recuperación debe comprender y abordar las desigualdades sociales existentes en las comunidades locales y garantizar que se satisfagan las necesidades de todos, incluidos los más vulnerables.  

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