Recuperación justa: las cadenas de suministro de alimentos deben ser inclusivas, equitativas y sostenibles

Históricamente el modo de producción del sistema alimentario en nuestras sociedades contemporáneas ha sido desigual. Mientras las y los trabajadores que ponen la mano de obra para por ejemplo, cosechar y sembrar los alimentos que luego las grandes cadenas utilizan para sus productos cobran salarios miserables, las ganancias en el rubro de la alimentación no hacen más que crecer. Esta situación se ha visto agravada tras la llegada del coronavirus. La pandemia está agravando la desigualdad y ha hecho aún más visibles las vulnerabilidades del sistema alimentario. Para analizar esta problemática, Oxfám Intermón ha publicado el pasado mes de marzo un informe en el cual realiza una evaluación crítica del cumplimiento de los compromisos de sostenibilidad de las grandes empresas de alimentación y bebidas. Partiendo de la premisa acerca de que tanto las principales empresas de alimentación, bebidas y agronegocios del mundo como sus proveedores y clientes tienen una enorme influencia en cómo se distribuye el valor, así como también tienen el poder necesario para abordar las principales problemáticas del sistema alimentario.

La investigación se enfoca en los siguientes campos en los cuales evalúa cómo ha sido el desempeño de las compañías a saber:  empoderamiento femenino; derechos sobre la tierra y cambio climático.  En primer lugar, respecto al empoderamiento económico de las mujeres, el estudio advierte que las empresas han elaborado evaluaciones de género de calidad desigual, mientras que sus iniciativas para acabar con la desigualdad de género en sus cadenas de suministro siguen presentando deficiencias. Por ejemplo, las mujeres realizan gran parte del trabajo en la producción del cacao y de otras materias primas agrícolas y, sin embargo, apenas se reconoce su valor. Además, no se abordan cuestiones críticas, como las prácticas laborales discriminatorias que afectan a las trabajadoras del cacao. Otra de las carencias que muestra la investigación es la ausencia de datos desagregados por género y la falta de información de carácter público.

En segundo lugar, en cuanto a los derechos sobre la tierra, las compañías han progresado considerablemente en la adopción y aplicación de los marcos y directrices existentes a nivel internacional y en sus sedes; sin embargo, estos principios se aplican de manera desigual en determinadas cadenas de suministro y zonas donde operan, a medida que aumenta la complejidad de la tarea. Asimismo, la evaluación revela que el cumplimiento de estos códigos, disposiciones y normativas todavía se basa fundamentalmente en compromisos voluntarios por parte de la mayoría de las empresas, lo cual dificulta que se pueda garantizar su cumplimiento. Sobre este punto, el documento sostiene que aproximadamente la mitad de los objetivos de reducción de emisiones con base científica de las empresas analizadas siguen ajustándose al escenario de limitar el calentamiento global a 2°C, algo que ya sabemos que es insuficiente.

Por último, respecto al cambio climático, las empresas han avanzado en el cumplimiento de objetivos acordes con el escenario de limitar el calentamiento global a 2°C, abordando las emisiones derivadas de sus actividades agrícolas; asimismo, han mejorado en cuanto a la publicación de datos y la transparencia. Sin embargo, no todas las empresas han hecho lo necesario para limitar el calentamiento global a 1,5° C, y apenas ha habido avances en la adopción de medidas serias para luchar contra la deforestación.

La problemática es por demás compleja y por tal motivo las soluciones deben ser planteadas de manera integral y deben contar con el esfuerzo de diversos actores. El estado y la generación de políticas públicas que protejan los derechos de las y los trabajadores como así también del planeta tierra resulta central. Asimismo, la aplicación de las medidas necesarias para cumplir con compromisos más ambiciosos requiere de una gran cantidad de energía por parte de las empresas. En términos generales, la investigación concluye que, si bien las empresas han adoptado medidas significativas a nivel global, sus progresos se estancan a la hora de trasladar estos enfoques a los países y las cadenas de suministro. También se han encontrado ejemplos positivos e innovadores en los principales países proveedores.

Aunque el panorama es poco alentador, la investigación realizada por la ONG destaca que resultan especialmente prometedoras las iniciativas asumidas a nivel local, en las que colaboran empresas multinacionales y nacionales, la sociedad civil, sindicatos y Gobiernos. No obstante, también explican que es necesario que las empresas aborden los principales obstáculos que bloquean los cambios a gran escala, por ejemplo, ofreciendo incentivos adecuados, haciendo públicos los nombres de sus proveedores y ayudándoles a asumir la agenda del cambio como propia, y defendiendo la necesidad de aplicar una mayor regulación.  

Finalmente, en cuanto al desempeño en derechos humanos, el estudio observa que sigue existiendo una enorme brecha entre las prácticas reales y los objetivos que deben cumplirse. Por ello, varios países, especialmente en la Unión Europea, están desarrollando nuevas leyes para garantizar que las empresas que operan en Europa actúen con la debida diligencia en el cumplimiento de sus obligaciones para con los derechos humanos.

La transparencia sigue siendo un problema esencial. En general, las empresas se plantean la transparencia como una obligación de presentar informes, en lugar de como una oportunidad para fomentar la innovación y promover mejoras, así como de fortalecerse a través del intercambio y el aprendizaje con sus homólogas y otras partes interesadas. Se necesita urgentemente un cambio sistémico para que el sistema alimentario mundial sea más resiliente.

De cara a un período de recuperación tras la crisis sistémica y sin precedentes que se desató con la llegada inesperada del coronavirus en el mundo entero tenemos la oportunidad de re pensar antiguos modos de producción y consumo que sean más justos y sostenibles. Si pensamos en una recuperación que no deje a nadie atrás no podemos olvidar que las cadenas de suministro de alimentos deben modificarse de manera urgente y para siempre. Las y los expertos de Oxfám afirman que la apropiación local de iniciativas de sostenibilidad de las empresas suele mejorar los resultados de las mismas. Cuando las empresas asignan personal y recursos allí donde el trabajo es más necesario, sus iniciativas de implementación cuentan con mayor base local, y son más relevantes.

Este cambio exige dejar atrás los actuales modelos de negocio, basados en la maximización a corto plazo de los beneficios, para avanzar hacia modelos más holísticos que integren los aspectos sociales, medioambientales y de buena gobernanza. Sobre esto, Rebecca Marmot, directora de Sostenibilidad de Unilever, afirmó que: “Las empresas prosperan cuando se ponen al servicio de todas sus partes interesadas: consumidores, personal, proveedores, organizaciones socias, y todos los actores que forman parte de la cadena de valor en su conjunto. Con la plena integración de nuestros objetivos empresariales y de sostenibilidad en una única estrategia unificada nuestro objetivo es demostrar que ser una empresa con propósito y orientada al futuro mejora el desempeño.”

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