La diversidad como clave para el éxito

A lo largo de los últimos años, la sociedad ha evolucionado positivamente en materia de igualdad entre hombres y mujeres. No obstante, y como muestran los datos, todavía queda mucho trabajo por hacer, muy especialmente en los países en vías de desarrollo donde la pobreza, la violencia y la desigualdad golpean en mayor medida a las mujeres.

Provengo de una familia numerosa de cuatro hermanas profundamente luchadoras, y no concibo que nuestra propia condición de mujer pueda ser un obstáculo para alcanzar nuestros sueños, nuestras metas.

Recuerdo en mi infancia como estas cuestiones ni se planteaban. Seguramente porque la sociedad nos había enseñado que determinadas materias no estaban hechas para las mujeres y eso que mi propia condición de aventurera y amante de los viajes se vio mermada en numerosas ocasiones por el hecho de ser mujer.

A raíz de un libro que leí y que relata la historia de Marga d’Andurain, cuya vida me pareció cuanto menos fascinante, empecé a ser más consciente de la lucha y las barreras que muchísimas mujeres tuvieron que superar y romper a principios del siglo XX. Mujeres aguerridas en tiempos en los que descubrir mundo y viajar allende los mares no era tan sencillo como ahora, pues su condición de mujer las dejaba relegadas a la nada. Pero ahí estaban ellas, para ponerse el mundo por montera y luchar por hacer realidad sus sueños. Mujeres que han sido la antesala de la lucha de la que somos ahora nosotras responsables, y que lo tuvieron mucho más difícil, pero nunca tiraron la toalla, como Clara Campoamor en su lucha por el sufragio femenino.

Ahora en pleno siglo XXI, estamos inmersos en una revolución social en favor del papel de la mujer con el fin de poder alcanzar una igualdad real y verdadera, pero todavía queda un largo camino por recorrer.  Resulta muy positivo que las empresas estén implementando medidas cada vez más consistentes para alcanzar dicha igualdad. Pero no nos engañemos, mientras esas políticas no sean aceptadas por las personas que forman parte de la organización, difícilmente podremos avanzar. De hecho, seguimos teniendo claros ejemplos en las empresas, donde todavía hoy no se ve con buenos ojos la baja por paternidad, los sistemas de promoción están vinculados al presentismo laboral en detrimento de la conciliación familiar, o donde las mujeres siguen teniendo una menor visibilidad que sus compañeros.

Desgraciadamente, el ser humano muchas veces no es capaz de aceptar los cambios a no ser que vea peligrar su propio sustento. Por eso es tan importante que las empresas no sólo implementen medidas en relación con su propia estructura, sino que también las hagan extensibles en las relaciones con sus proveedores.

La realidad actual reclama un liderazgo más inclusivo, con una visión más empática y sensible, cualidades propias del liderazgo femenino. Si los estudios han demostrado que las organizaciones con órganos de gobierno y equipos equilibrados y diversos obtienen mejores resultados, ¿a qué tenemos miedo para hacer realidad la igualdad de oportunidades?

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