Analítica y datos frente a los prejuicios de género

El sector inmobiliario ha sido, en líneas generales, bastante conservador a lo largo de su historia. Es lógico, puesto que la sociedad era la que era. Afortunadamente, hemos evolucionado muchísimo en este aspecto. Por eso, para mí lo más importante no es concentrarnos en lo que hemos vivido hasta ahora, si no en que se está produciendo un cambio muy positivo. Hemos de centrarnos en eso, en que cada vez son más las empresas que apuestan por el talento y por los resultados tangibles, independientemente del género.

Es crucial que lo que prime el interés del negocio y de la supervivencia de la compañía. Me preocupa seguir escuchando expresiones como la 'brecha salarial’, los ‘techos de cristal’, etc. porque es señal de que, más allá de la desigualdad de género, aún hay personas que están tomando decisiones basándose en parámetros arbitrarios, poco contrastados, alejados de la realidad y de los resultados. Poco o nada tienen que ver estas actitudes con aquellas que los analistas predicen que harán que las empresas, el sector y la economía prosperen.

En una situación de crisis como la que atravesamos, es importante diferenciar lo que nos aporta y lo que nos va a ayudar a avanzar. Es verdad que en el entorno actual no tenemos muchas certezas, pero sí podemos recurrir a los hechos contrastables, a los datos y a las tendencias para hacer análisis predictivos y saber cómo va a ser nuestro futuro.

Por ejemplo, si voy a ver a un cliente potencial y presta más atención al hecho de que soy mujer o a mi edad que a las ventajas que aporta la inteligencia artificial a su negocio o los beneficios específicos que la solución concreta que le ofrezco puede aportar a su problema, es muy probable que pierda una oportunidad de sobrevivir o de diferenciarse de la competencia, en un momento crítico.

Superar barreras

En general, las nuevas generaciones vemos el mundo desde otro prisma. Nos hemos educado de otro modo y seguimos otros modelos. Aún quedan muchas barreras por superar, a diferentes niveles (legales, administrativos y culturales) para que esos modelos en los que nos sentimos plenamente reflejados se desarrollen plenamente.

Las empresas jóvenes y los emprendedores tienen una mayor conciencia del peso que tenemos las personas dentro de la organización y eso se refleja, tanto en las condiciones de trabajo, que fomentan la conciliación -con todo lo que ello supone para las mujeres-, como en la concepción de los equipos, orientados a resultados o a funciones específicas, pero nunca asociados a perfiles definidos por el género.

Las startups, además, suelen tener muy presente, más que la igualdad, la equidad, un concepto más amplio y que da cabida también a la diversidad. Una compañía como Reatia es consciente del valor que aportan a un equipo los perfiles diferentes. No buscamos la igualdad o la paridad en nuestra plantilla, porque para seguir teniendo la mejor solución y dar el mejor servicio, generando un valor añadido para nuestros clientes, lo que necesitamos es un buen equipo y que esté comprometido con el proyecto, independientemente del género.

Es cuestión de tiempo, claro, pero cuanto antes se implanten estos nuevos modelos centrados en la persona y orientados al resultado, antes veremos concluido este cambio que necesitamos.

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