El cambio climático afecta directamente al bienestar de las personas. En los países de la Unión Europea los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes y estos traen de la mano enfermedades infecciosas. Un nuevo informe de The Lancet Countdown y la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), publicado en el Observatorio Europeo del Clima y la Salud, llama la atención sobre los impactos sanitarios del cambio climático en el viejo continente y sugiere acciones clave para abordarlos.
¿Cómo mantener la salud en Europa con un clima cambiante?

El cambio climático trae de la mano devastadores efectos tanto para el planeta como para la salud de las personas. Con el objetivo de alertar sobre esta realidad, The Lancet Countdown y la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) han publicado el informe "Responder a los riesgos sanitarios del cambio climático en Europa", el cual destaca los principales impactos sanitarios del cambio climático, así como las oportunidades para reducir los riesgos sanitarios relacionados con el clima mediante políticas de adaptación alineadas con las acciones de mitigación. El informe es un esfuerzo conjunto de Lancet Countdown: Tracking Progress on Health and Climate Change (una colaboración mundial de instituciones académicas y organismos internacionales) y la AEMA.

En los últimos meses todos los esfuerzos de la mayoría de los países han sido puestos para detener la pandemia. Si bien es cierto que la emergencia sanitaria que se desató tras la inesperada llegada del coronavirus fue y continúa siendo prioritario, atender a las consecuencias del cambio climático debería estar también en la lista de preocupaciones. El cambio climático amenaza con socavar los últimos 50 años de avances en la salud pública mundial debido a las olas de calor extremas, las amenazas a los sistemas alimentarios y de agua, y los cambios en los patrones de las enfermedades infecciosas.

Sin ir más lejos, lo vimos claramente en Madrid hace sólo algunos meses con la llegada del temporal Filomena que trajo consigo efectos sumamente nocivos para la salud de la ciudadanía y del planeta también. El informe recientemente publicado advierte que los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos ya están provocando muertes y efectos negativos en la salud en gran parte de los países de Europa. Asimismo, la vulnerabilidad a la población ante las temperaturas extremas de calor sigue aumentando en Europa, debido al crecimiento de la población urbana, a las enfermedades crónicas cada vez más comunes y al creciente número de personas mayores.

Sumado a esta ya compleja situación, el cambio climático está haciendo que algunas zonas de Europa sean más propicias para diversas enfermedades infecciosas, como el dengue, las infecciones por Vibrio y la fiebre del Nilo Occidental. Prueba de esto fue la llegada del mosquito del Nilo al Guadalquivir en la ciudad de Sevilla.

En este sentido, la publicación señala que, aunque todos los Estados miembros de la UE cuentan con estrategias o planes de adaptación, las medidas para hacer frente a las amenazas climáticas para la salud van a la zaga y podrían contar con más conocimientos sobre soluciones eficaces. Además, a nivel local, la adaptación al cambio climático sigue siendo competencia de los departamentos de ordenación del territorio, diseño urbano o medio ambiente, y los profesionales de la salud pública deberían implicarse más.

El informe presenta 43 indicadores repartidos en cinco secciones: impactos, exposiciones y vulnerabilidades del cambio climático; adaptación, planificación y resiliencia para la salud; acciones de mitigación y co-beneficios para la salud; economía y finanzas; y compromiso público y político. El cambio climático ya ha producido cambios considerables en los determinantes sociales y medioambientales subyacentes de la salud a nivel mundial. Los indicadores de todos los están empeorando.

La investigación afirma que estos efectos suelen ser desiguales y afectan de forma desproporcionada a las poblaciones que menos han contribuido al problema. Este hecho revela una cuestión más profunda de justicia, por la que el cambio climático interactúa con las desigualdades sociales y económicas existentes y agrava las tendencias de larga data dentro de los países de la Unión y entre ellos. Un examen de las causas del cambio climático reveló cuestiones similares, y muchas prácticas y políticas intensivas en carbono conducen a una mala calidad del aire, una mala calidad de los alimentos y una mala calidad de la vivienda, que perjudican desproporcionadamente la salud de las poblaciones desfavorecidas.

En cuanto a los fenómenos meteorológicos extremos, el informe sostiene que los avances en la ciencia del clima permiten una mayor precisión y certeza en la atribución; los estudios realizados entre 2015 y 2020 han mostrado las huellas del cambio climático en 76 inundaciones, sequías, tormentas y anomalías de temperatura. Además, se produjo un aumento del número de días en que la población estuvo expuesta a un riesgo muy alto o extremadamente alto de incendio forestal.

El estudio concluye que Los próximos 5 años serán clave para la toma de decisiones en materia de cambio climático y salud pública para alcanzar el objetivo de 1-5°C y limitar el aumento de la temperatura "muy por debajo de los 2°C. En efecto, esta disminución requerirá una reducción del 7-6% cada año, lo que supone multiplicar por cinco los niveles actuales de ambición de los gobiernos nacionales. Si no se interviene durante los próximos cinco años, las reducciones necesarias para alcanzar este objetivo aumentan hasta un 15-4% cada año, lo que aleja el objetivo de 1-5°C.

Además, la necesidad de acelerar los esfuerzos para hacer frente al cambio climático durante los próximos años se verá contextualizada por los impactos de la pandemia de COVID-19 y la respuesta mundial a la misma. Dado que la pérdida de vidas por la pandemia y por el cambio climático se mide en cientos de miles, los costes económicos potenciales se miden en billones y se espera que las consecuencias más amplias continúen durante los próximos años, las medidas adoptadas para hacer frente a ambas crisis de salud pública deben ser examinadas cuidadosamente y estar estrechamente vinculadas.

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