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El Observatorio de Sostenibilidad ha publicado un informe en el cual analiza la evolución del NO2 en 80 urbes más pobladas de España, que suponen unos 19 millones de habitantes del país, durante el año 2020. Una de las conclusiones más contundentes que se desprenden del estudio, es que el elevado nivel de contaminación persiste en las ciudades españolas. Esto tiene graves efectos en la salud humana y podría evitarse en gran medida mediante la reducción del uso de vehículos particulares.

La calidad del aire que respiramos cada día es algo que preocupa a casi todos los españoles. Con el afán de conocer el estado del medioambiente en nuestro país, El Observatorio de Sostenibilidad ha analizado la evolución del NO2 en 80 ciudades que suponen unos 19 millones de habitantes de España, es decir, alrededor de un 40% de la población del país durante el año 2020 y lo ha comparado con los años anteriores.

Del estudio se desprende que las ciudades con más concentración de NO2 son aquellas que conforman áreas urbanas de mayor tamaño, con gran población y en correspondencia con mayores parques de automóviles, de manera que se pueden señalar claramente las grandes conurbaciones de Madrid, Barcelona y la muralla urbana de la costa de Málaga, como las zonas con calidad del aire más baja debido a NO2.

La investigación explica que se observa que las ciudades más contaminadas son las más grandes y por supuesto esto tiene mayores afecciones sobre la salud de sus habitantes. En este sentido, El Observatorio de Sostenibilidad afirma que es necesario romper esta relación que las ciudades más grandes tengan que tener la peor calidad del aire.

Por otro lado, la investigación determina que la pandemia ha propiciado durante estos meses una oportunidad histórica para poder estudiar en detalle el impacto que han tenido las medidas de confinamiento en la contaminación de nuestras ciudades en una escala histórica desconocida a nivel mundial. En este contexto, el ailamiento obligatorio que trajo de la mano la COVID-19, y la consiguiente reducción del uso del automóvil en las ciudades, ha demostrado la gran plasticidad de las áreas urbanas de mayor tamaño. En estos espacios se ha comprobado que las grandes caídas de tráfico y las emisiones correspondientes, han determinado reducciones de  NO2.

El informe publicado advierte que el total de la reducción durante todo el año ha sido de un 26-28% en todas las ciudades como media, sin que se vea una diferencia entre unas y otras ciudades por tamaño en grandes grupos. Los días con aire sin apenas contaminación por NO2 (ICA NO2<10) directamente no existían en Madrid y Barcelona antes de la alerta sanitaria; en el resto, su porcentaje ha aumentado un 370% durante el confinamiento. El conjunto de las 11 ciudades más pobladas de España exhibe un descenso en la contaminación durante el confinamiento de respecto al nivel medio de referencia de 2016-2019.

El documento es contundente y así también lo son sus conclusiones. Así, se afirma de manera categórica que si no se cambian las políticas, tanto de transporte como de movilidad de las ciudades en muy pocas semanas o meses estaremos en una situación idéntica a la existente antes de la COVID-19 en cuanto a niveles de NO2 y por tanto, de efecto muy negativo sobre la salud de toda la ciudadanía. En esta línea el estudio realiza una serie de recomendaciones:

  1. Cualquier medida que implique una disminución de emisiones a corto, medio y largo plazo es positiva y repercutirá en una mejora de la calidad del aire y directamente en la salud de las personas.
  2. Respecto al contaminante NO2, se observa la necesidad de disminuir el tráfico, establecer desde zonas peatonales, uso de bicicleta, motos y coches eléctricos, transporte público no contaminante, más baratos y de mayor frecuencia, flotas de bajas emisiones, medidas desincentivadoras del coche privado, etc., etc. Las recomendaciones respecto a las partículas son menos obvias ya que, con los datos empleados, no se observan patrones claros de mejora durante el periodo de confinamiento.
  3. Este inimaginable experimento ecológico, también revela que existe un remanente de NO2 (algo menor del 50%) que debe ser monitoreado, vigilado e identificado para realmente mejorar la calidad del aire de las ciudades. Procede de fuentes diversas que se suman a las emisiones del tráfico rodado residual, de logística que nunca se paró durante la covid19, producido por generación de energía, grandes industrias, polígonos industriales, gestión de residuos, calefacciones domésticas, masas de aire procedentes de otras regiones, etc.
  4. Es necesario evaluar desde la óptica de políticas públicas cuales son las mejores acciones para disminuir estos niveles de NO2 y de partículas que tengan un menor impacto en la población.
  5. La calidad del aire en las ciudades que respiramos día a día y que afecta gravemente a nuestra salud es un reto sanitario que hay que enfrentar sin más dilación. La sociedad española ha sido capaz de reaccionar de una forma admirable ante el reto sanitario puntual provocado por el COVID19. Ahora resta saber si, seremos capaces de concienciarnos de los efectos en nuestra salud de la calidad del aire y de afrontar también la otra crisis ambiental que nos acucia, el cambio climático.

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