Hoy, 16 de octubre, se conmemora el día mundial de la alimentación y lo cierto es que hay pocos motivos para celebrar. Según el Informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición en el Mundo en 2020 publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en junio de este año, los datos son poco alentadores. El número de personas afectadas por el hambre a nivel mundial ha aumentado desde 2014. Asimismo, casi el 10 % de la población mundial pasa hambre todos los días. En un año particular signado por la crisis del coronavirus, el lema propuesto es “Cultivar, nutrir, preservar. Juntos.” La dimensión de lo colectivo cobra especial relevancia en un escenario adverso. Este año se hace un llamamiento a la solidaridad mundial para ayudar a las personas más vulnerables y más golpeadas por la crisis con el claro objetivo de disminuir el hambre en el mundo, propósito que también busca la Agenda 2030.
Las cifras del hambre duelen en todo el mundo

La crisis de la COVID-19 llegó en un momento en el que el mundo ya estaba convulsionado, a donde ya la desigualdad azotaba y continúa azotando a gran parte de la población. En este escenario, la pandemia no hizo más que agravar contextos difíciles. El hambre sigue siendo hoy uno de los grandes problemas de nuestros tiempos. Con el objetivo de disminuir el hambre a nivel global, cada 16 de octubre desde 1979 se celebra el Día Mundial de la Alimentación, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

El lema de este año es "Cultivar, nutrir, preservar. Juntos". Ya que el organismo internacional también quiere poner de relieve la labor de todas las personas que han hecho posible que la comida llegue a la mesa en un momento de emergencia sanitaria como el que estamos viviendo: los “héroes de la alimentación” que plantan, pescan, cultivan o transportan los alimentos.

Detrás de cada cifra hay vidas con hambre. Números que duelen. En el siglo XXI, a donde se supone que las sociedades han avanzado cuantitativa y cualitativamente en diferentes aspectos, en este momento mientras alguien lee este artículo, miles de personas tienen hambre en otras latitudes.  Según el Informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición en el Mundo en 2020 publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en junio de este año, las cifras son poco alentadoras: Cerca de 690 millones de personas pasan hambre, o el 8,9 % de la población mundial, un aumento de 10 millones de personas en un año y de casi 60 millones en cinco años.

Cuando indagamos acerca de las desigualdades en diferentes continentes, emerge que la mayoría de las personas desnutridas en el mundo (381 millones) se encuentran en Asia, más de 250 millones viven en África, donde el número de personas con desnutrición está creciendo más rápido que en cualquier otra región del mundo. El año pasado, cerca de 750 millones, o casi una de cada diez personas en el mundo, estuvo expuesta a niveles severos de inseguridad alimentaria. Esto sin pandemia, imaginemos hoy cómo la situación en países con economías vulnerables ha empeorado radicalmente. Según La FAO ,2.000 millones de personas en el mundo no tuvieron acceso regular a alimentos seguros, nutritivos y suficientes en 2019 y a nivel mundial, la inseguridad alimentaria es mayor entre las mujeres que entre los hombres.

La pandemia del hambre es más difícil de combatir que cualquier otra. Además, no se trata solamente de comer, sino además de comer bien. Los expertos de la FAO afirman que las dietas saludables son inasequibles para más de 3.000 millones de personas en el mundo. Se estima que son, en promedio, cinco veces más caras que las dietas que solo satisfacen las necesidades de energía alimentaria. El problema no es que el mundo no pueda abastecer a toda su población, el problema es cómo se reparten los recursos. Producimos alimentos más que suficientes para alimentar a todos y todas. Sin embargo, nuestros sistemas alimentarios sufren desequilibrios. El hambre, la obesidad, el cambio climático, el desperdicio de alimentos y la falta de seguridad para los trabajadores de la cadena alimenticios son solo algunos de los problemas que evidencian este desequilibrio avalada por un sistema capitalista depredador y desigual.

Eduardo Galeano decía que el hambre desayuna miedo y le agregaríamos que almuerza desigualdad. La desigualdad es una de las principales causas de la desnutrición. El Informe Global de Nutrición 2020 revela importantes desigualdades en los resultados nutricionales dentro de los países y las poblaciones. Según este documento, las desigualdades en los sistemas alimenticios y sanitarios aumentan las desigualdades en los resultados nutricionales que, a su vez, pueden generar más desigualdad y perpetuar un círculo vicioso.

En este año tan particular a donde la empatía y la solidaridad podrían ser las vacunas más efectivas para los males que nos atraviesan, es un buen momento también para reflexionar sobre el hambre y la desnutrición y exigir a los gobiernos que asuman con responsabilidad esta problemática urgente. El hambre no puede esperar, el hambre nos duele a todos.

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