Una encuesta global presentada en la Semana del Clima en Nueva York, revela la división entre países pobres y ricos sobre la urgencia del cambio climático. Esta, afirma que a nivel global, aumenta la preocupación por el cambio climático en el mundo, pero no así la percepción de la urgencia sobre las acciones a tomar.
La emergencia climática golpea con más fuerza a los países pobres

Una encuesta presentada en la Semana del Clima, un evento internacional organizado por la ONU y la ciudad de Nueva York entre los días 21 y 27 de septiembre, realizada en 27 países, a mil personas en cada país, por la consultora Globescan ha mostrado que, a nivel global, aumenta la preocupación por el cambio climático en el mundo, pero no así la percepción de la urgencia sobre las acciones a tomar.

La pandemia no ha afectado de igual manera a todo el mundo. La situación humanitaria en África y América Latina está empeorando con la confluencia de la crisis climática y la crisis generada por la COVID-19, aumentado los niveles de pobreza extrema entre amplios sectores de la población en ambos continentes. Sectores a donde ya había grandes problemas económicos sociales y políticos la crisis climática golpea aún más fuerte.  

Los resultados de la encuesta muestran que la gravedad percibida sobre el cambio climático va en aumento en los grandes países emisores como Estados Unidos, China e India. No obstante, los países más ricos como Australia, Alemania Suecia todavía muestran una preocupación comparativamente menor en comparación con los países más pobres, incluidos México, Turquía y Vietnam. Los encuestados reconocen en los países ricos que no han sentido personalmente el impacto del cambio climático, como si lo han hecho ya en los países donde se ve más claramente la emergencia, como son Kenia o Nigeria. Por esta razón, no creen que se deban tomar medidas tan urgentes como las que se han tomado para frenar la expansión del coronavirus.
 
En países como Senegal, Alianza por la Solidaridad constata cómo el cambio climático, como en el resto del Sahel, provoca estaciones secas más largas y duras a la vez que olas de calor más intensas, lo que está dañando los cultivos de subsistencia y a la ganadería, de la que vive la población. Por el contrario, en Haití aumenta la frecuencia de grandes tormentas tropicales y huracanes, que destruyen cultivos y viviendas de miles de personas a su paso. También se deja sentir con intensidad en países de Centroamérica, una región sometida ya a un fuerte estrés hídrico. Ni siquiera la llegada del fenómeno de La Niña podría bajar las elevadas temperaturas que se registran este año en torno al Ecuador.

Para Alianza por la Solidaridad-ActionAid, es evidente que el impacto no es el mismo en unas zonas que otras del planeta, como no es igual el sistema de protección y reconstrucción disponibles para las poblaciones afectadas por sequías, huracanes, inundaciones o incendios forestales. Por ello, reclama un aumento de los fondos destinados a nivel internacional tanto para la mitigación como para la adaptación al cambio climático, pero también que se avance en el Mecanismo Internacional de Pérdidas y Daños de Varsovia (WIM), que en la última Cumbre del Clima, celebrada en Madrid, quedó en el aire a expensas de la concreción de un nuevo grupo de trabajo, que será tratado en un encuentro virtual a mediados de octubre. En este sentido, Alianza por la Solidaridad –ActionAid  trabaja para promover políticas de desarrollo sostenible y se demanda una mayor implicación económica de los Gobiernos más contaminantes en la puesta en marcha de recursos y mecanismos que permitan acceder a financiación por parte de estos países, acciones concretas que vayan más allá de las declaraciones y compromisos climáticos que luego no se cumplen.

La emergencia climática, al igual que la pandemia de coronavirus, requiere de los esfuerzos de diferentes sectores en pos de preservar la salud de las personas que más lo necesitan. 

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