El informe anual “ Comunicando el Progreso 2019. La integración de los ODS y los Diez Principios en las empresas españolas”, demuestra que las empresas tienen en la lista de sus prioridades proteger la salud humana. Si esto ya era así previo a la pandemia de coronavirus, hoy con un escenario sanitario complejo a nivel mundial, se vuelve aún más importante. Las compañías, como actores centrales del desarrollo sostenible de las sociedades, son responsables junto a otras instituciones, del cuidado de la salud de las personas y por ende de alcanzar el ODS3 relativo a salud y bienestar, lo cual se vincula indefectiblemente con el cuidado medioambiental.
Las empresas tienen un papel fundamental en la protección de la salud

De diferentes modos, ya antes de la pandemia la salud era un aspecto prioritario para el sector empresarial. El ODS 3 relativo a salud y bienestar figura en el informe anual Comunicando el Progreso 2019. La integración de los ODS y los Diez Principios en las empresas españolas como el más trabajado por las empresas españolas adheridas al Pacto Mundial. Esto es así dado que las compañías tienen un papel fundamental en este ámbito, tanto interna como externamente. En este sentido este compromiso y responsabilidad debe ir más allá de la prevención de riesgos laborales y abordar otros aspectos relativos a la salud como su relación con el planeta.

En este sentido, resulta imprescindible reconocer el estrecho vínculo entre la salud y el medioambiente, área que, además, es la más trabajada por las empresas adheridas a la iniciativa en España. En concreto, un 93% de ellas dispone de políticas o prácticas en esta área. De este modo, la empresa debe tomar conciencia de que los efectos positivos y negativos de su actividad en las condiciones medioambientales tienen resultados en términos de salud y bienestar humanos.

A continuación, se exponen los diferentes impactos de la mejora del medioambiente en la salud de las personas:

  • Atenuación del cambio climático: varios estudios afirman que la limitación del aumento del calentamiento a 1,5º podría proteger a entre 10 y 40 millones de personas de la desnutrición, en comparación con un aumento de dos grados. Este control de la temperatura global también repercute directamente en la mortalidad relacionada con el calor y en las enfermedades transmitidas por vectores disminuyendo su frecuencia y propagación.
  • Reducción de las emisiones de GEI y de la contaminación atmosférica: Son muchos los efectos a corto y a largo plazo que la contaminación atmosférica puede ejercer sobre la salud de las personas. En efecto, la contaminación atmosférica urbana aumenta el riesgo de padecer enfermedades respiratorias agudas, como la neumonía, y crónicas, como el cáncer del pulmón y las enfermedades cardiovasculares. Muestra de ello es el dato que ofrece la OMS, que calcula que 1,3 millones las personas a nivel mundial mueren en un año a causa de la contaminación atmosférica urbana.
  • Mejora de la calidad del agua, el saneamiento y la higiene: la pandemia de la COVID-19 ha hecho que tomemos más conciencia sobre la importancia del agua y la higiene. De hecho, en múltiples ocasiones hemos podido escuchar cómo lavarse las manos es una de las mejores armas contra el virus. Sin embargo, miles de millones de personas en todo el mundo siguen sin tener acceso a servicios de agua y saneamiento gestionados de manera segura, lo que también produce un mayor riesgo de sufrir enfermedades como diarrea, tiña, esquistosomiasis o cólera. Una mejora de la gestión y calidad del agua y los servicios de saneamiento repercutiría de forma considerable en la salud de las personas, ayudando a su hidratación y previniendo el riesgo de contagio de este tipo de enfermedades.
  • Mejora de la biodiversidad gracias a una agricultura y una reforestación sostenibles: La alimentación está completamente conectada con la biodiversidad, que está siendo amenazada por las prácticas de agricultura insostenible. Con una mayor demanda alimentaria provocada por el aumento de la población, no podemos perder las posibilidades que ésta nos ofrece. Debemos salvaguardar y hacer uso de la biodiversidad para superar los desafíos globales a los que nos enfrentamos a través de mecanismos de protección y reparación, como la reforestación, y prácticas de explotación agraria responsable. Asimismo, hay que recordar que la biodiversidad es parte integral de la salud de los ecosistemas y de la nuestra propia; gracias a ella podremos hacer frente a los problemas de malnutrición y reducir el impacto de las enfermedades respiratorias.

En un contexto a donde hemos vuelto a priorizar la salud como el bien más preciado y en donde todas las instituciones están trabajando para salvaguardar a las personas ante la llegada de la COVID-19, es un buen momento para repensar el rol de las empresas en la protección de la salud. Es claro entonces que, si las empresas quieren apostar por la salud de sus empleados y de la sociedad en general, es necesario que inviertan también en el cuidado del medioambiente a través del trabajo en los diferentes Objetivos de Desarrollo Sostenible pertenecientes a esta categoría: ODS 6, 7, 13, 14 y 15. La salud humana y la salud medioambiental son dos caras de la misma moneda que las empresas no puedendescuidar.

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