La eficiencia energética es uno de esos términos más de moda en el ámbito medioambiental. Todos hemos oído hablar de ella. Básicamente, sabemos que tiene que ver con el ahorro de energía y también que es positiva para nuestro bolsillo y para el planeta. Aun así, pocas veces nos paramos a pensar en la influencia que realmente tiene la eficiencia energética en nuestras vidas.
Ocho claves para potenciar la eficiencia energética

Tener en cuenta la eficiencia energética en nuestra vida cotidiana no se trata solo de ahorrar en las facturas de luz o gas ya que de ella depende, por ejemplo, el futuro del lugar que habitamos. Tanto es así que la International Energy Agency (IEA), de la que España forma parte, calcula que un uso eficiente de la energía puede lograr por si solo el 40% de la reducción de emisiones necesaria para que en 2050 se limite a dos grados el crecimiento de la temperatura global.

Las posibles consecuencias de que el planeta se caliente más de lo debido en 2050 las conocemos muy bien: olas de calor prolongadas, sequías que se alternan con gotas frías, inundaciones, migraciones masivas y extinción de especies son algunas de ellas. Sin ir más lejos estas últimas semanas que hemos vivido en Madrid de sol y calor y al día siguiente viento y frío. Esta es la razón por la que apostar por la eficiencia energética tiene mucha más importancia de lo que parece.

La eficiencia energética consiste, básicamente, en la utilización de los recursos energéticos que tenemos a nuestro alcance de manera eficiente. Es decir, se trata de utilizar menos energía para realizar una misma tarea, eliminando su desperdicio. Sin embargo, lo que en realidad ocurre es que tendemos a pensar que eso de la eficiencia energética es algo de lo que se tienen que ocupar otros porque dudamos del impacto que puede tener el hecho de que una persona cierre un grifo o de que se desplace a pie, entre otras acciones posibles.

El asunto es que ese impacto no es cuestión de unos pocos actos aislados, sino que será la suma de las acciones de muchas personas lo que puede llegar a marcar realmente la diferencia. Es urgente que toda la ciudadanía se comprometa y pueda así multiplicar los efectos beneficiosos de esa acción colectiva.

El Instituto de Diversificación Energética (IDAE) atribuye a las familias españolas alrededor del 36% del consumo total de energía final en el país. En ese porcentaje tienen mucho que ver los usos energéticos de la vivienda (18,5%), pero también la utilización del vehículo privado (17%). Está claro que, a nivel particular, tenemos la posibilidad de influir en la eficiencia energética del país, esa que nos ayudará a evitar el calentamiento global y sus consecuencias.

En este apartado entran las mejoras energéticas que podemos llevar a cabo en nuestros hogares y también en nuestros desplazamientos cotidianos. ¿Y qué ocurre con los demás ámbitos? ¿Qué pasa con el transporte, la industria, los servicios o la agricultura, que concentran el resto del consumo de energía? Que también tenemos impacto sobre ellos como individuos: al ir a trabajar, al elegir qué productos y servicios adquirimos o, incluso, al decidir a qué destinamos nuestras inversiones.

Desde nuestro hogar a nuestro ocio o nuestro entorno laboral, existen muchos ámbitos sobre los que podemos crear hábitos de eficiencia energética. A continuación, veremos algunos de ellos, que nos pueden ayudar a incorporar la conciencia energética en nuestro día a día casi sin enterarnos.

– Utilizar regletas es más útil de lo que crees: todos sabemos que apagar los electrodomésticos en lugar de dejarlos en modo espera ahorra electricidad. En concreto, alrededor del 10% anual, según la OCU. Para ello, las regletas resultan especialmente útiles. Además, como nos facilitan la labor al desconectar varios aparatos a la vez, en vez de ir uno por uno, nos ayudarán a crear un hábito eficiente sin casi darnos cuenta. Este principio también se puede aplicar a las soluciones de domótica, que nos permiten controlar el consumo energético de nuestro hogar en cualquier momento y con un sencillo gesto.

– Cocinar y ahorrar energía: también en la cocina podemos encontrar una oportunidad para practicar otro principio de la eficiencia energética e incorporarlo a otros ámbitos de nuestra vida. Gestos tan sencillos como no abrir el horno cada dos por tres para revisar la comida o apagarlo antes de finalizar la cocción para aprovechar el calor residual pueden desencadenar otros hábitos similares. Al tomar consciencia de sus beneficios, nos costará mucho menos empezar a hacer gestos similares, tales como levantar el pie del acelerador de nuestro coche para utilizar la fuerza del motor o programar la calefacción de manera adecuada.

– Usar electrodomésticos puede resultar beneficioso: para aumentar la eficiencia energética no es necesario renunciar a los aparatos del hogar. Por ejemplo, afeitarse con maquinilla eléctrica puede ahorrar energía respecto a hacerlo con cuchilla. La clave está en el tiempo que el grifo esté abierto.

– Desplazamientos sostenibles: son todo un clásico entre los consejos para aumentar la eficiencia energética. Si la queremos incorporar a nuestro entorno, conviene reflexionar sobre cómo son nuestros trayectos cotidianos y si los realizamos de la manera más sostenible posible. De hecho, la Organización Mundial de la Salud subraya que las ciudades compactas que facilitan los desplazamientos a pie o en bicicleta son más eficientes y seguras.

– Conducción eficiente: al volante también se pueden desarrollar hábitos de ahorro de energía. Conducir con marchas largas y sin revolucionar el motor, moderar la velocidad o utilizar el cambio de marchas para frenar cuando sea posible son algunos gestos que disminuyen el consumo de combustible.

– Turismo sostenible y eficiencia energética: la eficiencia energética no es solo cuestión de nuestros actos más cotidianos, ya que también puede incorporarse a la manera que tenemos de viajar. Este es el caso del turismo sostenible, un concepto que engloba principios como considerar los medios de transporte que vamos a utilizar a la hora de elegir destino u optar por proveedores que demuestren su apuesta por la eficiencia energética.

– En la oficina: muchas empresas ya adoptan medidas de eficiencia energética. Este es el caso de CaixaBank, una de las compañías líderes contra el cambio climático. En 2019, Caixabank consiguió reducir el 4,7% su consumo de energía respecto a 2018, siendo la disminución del consumo de papel, por ejemplo, del 14,5%. Para alcanzar estos objetivos, la implicación del personal resulta fundamental: reducir los desplazamientos corporativos y apostar por las videoconferencias o usar herramientas tecnológicas en lugar del papel son algunas medidas que ayudan a ahorrar energía, junto a otras más evidentes como un uso racional de la climatización.

– Inversiones sostenibles: nuestros recursos económicos también pueden trabajar por nosotros para impulsar la eficiencia energética. Para ello, existen varios instrumentos financieros, como los fondos de inversión, que permiten apoyar a empresas y proyectos que cumplan con criterios estrictos en materia medioambiental. Las entidades como CaixaBank también utilizan préstamos y bonos verdes para financiar proyectos relacionados con la sostenibilidad ambiental.

Estos son algunos ejemplos de medidas individuales que, aplicadas a gran escala, pueden acercarnos de manera definitiva a la reducción de emisiones necesaria para frenar el calentamiento global. De este modo, la eficiencia energética puede marcar la diferencia tanto para muchas especies animales y vegetales como para comunidades enteras de personas, gracias a la repercusión favorable que tiene sobre su hábitat.

Convertir la eficiencia energética en un hábito está en nuestras manos. Hacerlo cuesta mucho menos de lo que parece y los resultados pueden ser espectaculares. Solo es cuestión de decidirse. Ponte en marcha, el tiempo de actuar es ahora.

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