En el Día Mundial de las Personas Refugiadas, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) anuncia cifras sin precedentes. En torno a 70,8 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares, entre ellas casi 25,9 millones son personas refugiadas, más de la mitad menores de 18 años. Además, se estima que hay 10 millones de personas apátridas a quienes se les ha negado una nacionalidad y acceso a derechos básicos como educación, salud, empleo y libertad de movimiento. Pablo Llano, director de la ONG CESAL: "Cuando conoces a las personas que hay detrás de las cifras no hay marcha atrás".
Detrás de cada refugiado, hay un ser humano que busca su lugar en el mundo

En la actualidad, en todo el mundo, cada dos segundos una persona se ve obligada a desplazarse como resultado de los conflictos y la persecución. El trabajo de ACNUR es más necesario que nunca. En junio de 2016, ACNUR lanzó la campaña #ConLosRefugiados para pedir a los gobiernos que colaboraran y cumplieran con su deber en relación a las millones de personas que precisaban ser acogidas. Hoy en día, la búsqueda de un lugar seguro es una realidad para los casi 70 millones de personas en el mundo.

Un día como hoy, 20 de junio, se celebra el Día Mundial de los Refugiados conmemorando la fuerza, valor y perseverancia de este colectivo. Para hacer frente al problema, ProFuturo y Education Cannot Wait (ECW) han anunciado una alianza estratégica para mejorar el acceso a una educación de calidad a niños en zonas de conflicto y crisis, a través de la educación digital y la formación docente. El programa ProFuturo, persigue reducir la brecha educativa proporcionando una educación digital de calidad a niños en entornos vulnerables de América Latina, África Subsahariana y Asia. Con el programa ProFuturo, iniciativa de Fundación Telefónica y la Caixa se quiere ofrecer educación digital de calidad a más de 10 millones de niños y niñas para el año 2020 y alcanzar los 25 millones en el 2030.

Por otro lado, la ONG CESAL reivindica la necesidad de mirar a la persona cara a cara, interpelar e interpelarse sobre las causas que les llevaron a abandonar su país o cómo viven aquellas personas que permanecen en sus lugares de origen, a pesar de desenvolverse en las condiciones más adversas. Esta reivindicación interpela tanto a abrir los brazos ante quienes están llegando a nuestro país, como a no caer en el olvido de quienes siguen sufriendo en sus países. En 1988, CESAL inició su trabajo de cooperación internacional en los países más vulnerables del mundo, donde ha colaborado con más de 3 millones de personas. En 2007, inicia su labor con población migrante y vulnerable en España, y en 2017, entra a formar parte del programa de acogida e integración de personas refugiadas del Ministerio de Trabajo. 

Tras 30 años de experiencia, la ONG ha aprendido que nadie quiere abandonar su país y dejar atrás su vida, desde CESAL creen que la mejor manera de proteger a las personas solicitantes de refugio y a las personas desplazadas es evitar que tengan que abandonar sus hogares y que detrás de cada una hay un ser humano que busca su lugar en el mundo. 

CESAL trabaja en 15 países, algunos de ellos con una alta tasa de personas migrantes y refugiadas como en Siria y por su cercanía Líbano; en Honduras y El Salvador en Centroamérica; o en Uganda en África. El trabajo de las ONG es fundamental para poder salir adelante, están combinando un trabajo de prevención de la violencia infantil y juvenil con el trabajo de integración sociolaboral.

Las migraciones internacionales tienen detrás unas causas específicas, pero lo más específico son las historias de una vida a sus espaldas. 

En el caso de Ricardo de 21 años ha decidido permanecer en El Salvador, y en su municipio, La Ceiba y se define a sí mismo como “un chico con poca iniciativa y poco comunicativo”. Cuando se atrevió a mirar al futuro: “estaba bastante claro: tarde o temprano acabaría cayendo en la violencia, en la mara, como víctima o como verdugo. Ahora cuento con formación profesional y espero encontrar las oportunidades que busco en mi país, no tener migrar o verme atrapado en la delincuencia”.

En España donde la ONG CESAL acompaña a más de 200 personas demandantes de protección internacional, conocemos las historias de Maika o Juevenal. 

Maika es una mujer rusa de 33 años que trabajaba en su país como reponedora en un supermercado. Tuvo que huir hace 6 meses, perseguida por sus creencias religiosas. Juevenal es un refugiado de 63 años, venezolano que salió por motivos políticos. Ambos coinciden en que su mayor tristeza es haber tenido que dejarlo todo y su mayor alegría poder pasear por las calles sin sentirse perseguidos ni amenazados. “Nada me hace más feliz que ver cómo mis tres niñas juegan en el parque del barrio donde vivo y sentir que aquí estamos seguras”, señala Maika.

El director de CESAL, Pablo Llano, afrima que: “Cuando conoces a las personas que hay detrás de las cifras no hay marcha atrás. Los números no son más que eso, números, pero lo que hay detrás son personas que huyen de la guerra, de la violencia, del hambre, de la falta de oportunidades, y que la mayoría de veces reclaman de nosotros cosas tan sencillas como atención y cariño. Esta es la cuestión fundamental en nuestro trabajo”.

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