Según el Informe de Desempeño Social de la Fundación Microfinanzas BBVA, de los más de 117.000 emprendedores a los que atendió su Fondo Esperanza en 2017, el 93% eran vulnerables y el 82% mujeres.
Las microfinanzas, al servicio del empoderamiento de las mujeres

El informe, titulado este año Midiendo lo que realmente importa, subraya que "proveer a emprendedores con pocos recursos y excluidos de los productos y servicios financieros adecuados a lo largo del tiempo es clave para la generación de desarrollo económico y social, mitigando la pobreza y sus consecuencias". Como ejemplo de sus logros, cita dos casos: en Chile, de los microempresarios que ingresan en Fondo Esperanza, el 44% supera la línea de la pobreza al cabo de dos años y aumenta anualmente un 42% sus ventas. En el caso de Emprende MF, un 4,4% de sus clientes son capaces de generar nuevos puestos de trabajo al cabo de dos años.

La Fundación MIcrofinanzas BBVA atiende a cerca de dos millones de latinoamericanos de los sectores más pobres y vulnerables del continente. De todos modos, según el informe aún hay 184 millones de personas que siguen sin posibilidad de  tener acceso al sistema bancario formal. Y estima entregar hasta 2030 más de 25.000 millones de dólares en créditos productivos para reducir la pobreza. Según Francisco González, presidente de BBVA, "la Fundación Microfinanzas BBVA es una herramienta de desarrollo y de mejora del futuro de las personas, claramente alineada con la cultura corporativa de BBVA y con los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas, a los que BBVA quiere explícitamente contribuir".

En Chile, uno de los países con más peso en esta fundación, los niveles de ingreso de los negocios liderados por mujeres son bastante menores que los de hombres; según la Encuesta EME del ministerio de Economía del país, un 68,2% de las microempresarias gana menos de 257 dólares al mes, mientras solo un 36,2% de los hombres se encuentra en este tramo. "Esto, porque los negocios de las mujeres son menos productivos debido a los múltiples roles que cumplen en el hogar, que no permiten que se concentren en sus negocios", explica. Y añade que "esta brecha se acrecienta, además, cuando nos acercamos a los sectores más vulnerables: entre los clientes que ingresaron a Fondo Esperanza durante el 2017, el 74% de los clientes pobres y el 86% que vive en extrema pobreza, son mujeres".

En conjunto, del total de personas que acuden a las instituciones de microfinanzas de la FMBBVA, un 70% de ellas proviene de zonas donde la concentración de la pobreza está en un nivel alto y medio. Además, un 60% de los emprendedores es mujer, un 43% tiene educación primaria como máximo y un 80% vive en estado de vulnerabilidad.

Esta vulnerabilidad se acrecienta en el medio rural. La mujer se encuentra con mayores obstáculos para incorporarse al mercado de trabajo y acceder a recursos financieros en las zonas rurales. Por eso, es habitual que muchas de ellas se dediquen al comercio o a otras actividades con menos barreras de entrada. "Aun así, cada vez más mujeres rurales derriban esas barreras y lideran actividades agropecuarias, como es el caso de las emprendedoras atendidas por la Fundación", dice el documento. Y cita el impacto del crédito Agromujer, que tiene en cuenta la falta de garantías propias de las mujeres rurales que emprenden, una de las barreras que les impide acceder a la banca formal. Junto con el préstamo, se ofrece capacitación financiera, cursos de emprendimiento y asistencia técnica.

 

 

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