“sólo la empresa que no se conforma con lo que hay, sino que trata de innovar en cada momento qué será lo mejor para todos los afectados por su actividad es una empresa socialmente responsable y entonces la ética no sólo es rentable, sino además fecunda.”


Adela Cortina, Directora de la Fundación para la ética de los negocios y las organizaciones, clausuró ayer el XVII Seminario ÉTNOR en el que, a lo largo de 8 sesiones, se ha analizado la cuestión de la rentabilidad de la ética en el nuevo orden mundial.

 

La profesora Cortina destacó durante su conferencia la necesidad de volver a plantearse la cuestión 17 años después de que se iniciara el seminario de ÉTNOR para ver qué elementos son los característicos de una ética empresarial en el momento presente. Las características del nuevo orden mundial, como el desarrollo de las TIC, la interdependencia de los países y mercados, el crecimiento de la inmigración, etc. se han traducido en una serie de compromisos entre los cuales destacan los objetivos de desarrollo del milenio, la gobernanza global y el Pacto Mundial de Naciones Unidas, pronunciado por Koffi Annan en 1999. Para Cortina, el Pacto Mundial "es la versión de los DDHH para las empresas".

 


En este sentido, destacó que hablamos de ciertos rasgos o tendencias que son ya una realidad, no de utopías, y la cuestión es qué tendencias merece la pena potenciar. Entre los elementos que ya están siendo desarrollados en el mundo empresarial destacó los códigos de buen gobierno, la responsabilidad social, el comercio y consumo justo, los microcréditos, los fondos éticos de inversión y la banca solidaria, los códigos y auditorias éticas, los observatorios sociales, la importancia y desarrollo de los recursos humanos, la empresa ciudadana, la gestión de la diversidad cultural y la extensión del contrato moral entre empresa y grupos de interés.

 


La pregunta, 17 años más tarde, no es, por tanto, si es rentable la ética o si es necesaria en el nuevo orden mundial, sino qué rasgos queremos potenciar para forjarnos un carácter u otro como organización, ya que la ética es una cuestión irrenunciable. "Del mismo modo –ejemplificó Cortina-que no concebimos una persona sin altura o sin peso, no es posible concebir una persona u organización sin ética. Y ya que tenemos que forjarnos un carácter parece más inteligente forjarnos un buen carácter, predispuesto a lograr el interés universalizable de todos los afectados por la empresa. En eso consiste la ética de la empresa y la responsabilidad social bien entendida.

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