La primera reacción de un ejecutivo cuando es trasladado de la casa matriz
de la multinacional en un país desarrollado a la filial en un país en vías de desarrollo es pensar que debe seguir siendo igualmente responsable que en el país de origen. Y se sentirá orgulloso de ello. Bajo ningún concepto piensa que hay que bajar los estándares sociales y ambientales, aprovechando que en esos países las reglas suelen ser más "flexibles" o que hay menos capacidad de supervisión de parte de la sociedad civil o de los gobiernos. Si así piensa, pues hemos empezado bien (¡no todos piensan así!). Salvo que el país de destino haya algunas prácticas que no sean aceptables (lamentablemente en algunos países es normal incurrir en discriminación racial o de género), hará bien en mantener el nivel de responsabilidad que sea el más elevado, aunque pueda ser necesario adaptarlo a las realidades nacionales.
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Antonio Vives
Principal Associate
CUMPETERE blog