En la pandemia de la Covid-19, la preocupación inmediata de los ciudadanos europeos es la propagación del virus y la crisis de salud pública, los confinamientos y sus consecuencias económicas y la respuesta de los gobiernos. ¿qué vendrá una vez termine la crisis? Después de la crisis, ¿volveremos por defecto a lo “malo conocido”?; ¿o podemos defender una provisión renovada de los bienes y servicios fundamentales que se han descuidado en la generación anterior?
Manifiesto por la Economía Fundamental 2020

En la pandemia de la Covid-19, la preocupación inmediata de los ciudadanos europeos es la propagación del virus y la crisis de salud pública, los confinamientos y sus consecuencias económicas y la respuesta de los gobiernos. La crisis demuestra la importancia de la economía fundamental. Esta es la parte de la economía que no puede cerrarse porque produce bienes y servicios esenciales. La lista de actividades y trabajos clave en cada economía nacional proporciona una definición práctica de lo que se considera fundamental.

Pero, ¿qué vendrá una vez termine la crisis? Después de la crisis, ¿volveremos por defecto a lo “malo conocido”?; ¿o podemos defender una provisión renovada de los bienes y servicios fundamentales que se han descuidado en la generación anterior?. Antes de la crisis, el grupo de Economía Fundamental, desarrolló y apoyó públicamente el concepto de economía fundamental; ahora el pensamiento fundamental es más relevante que nunca para un futuro habitable, sostenible y democrático. 

Cuando acabe la pandemia, necesitamos reequilibrar el peso de la economía comercial y competitiva, transitando hacia una economía fundamental blindada que produzca bienes y servicios esenciales favoreciendo la habitabilidad y la sostenibilidad. E, igualmente, aceptar que los modelos de negocio financiarizados de las empresas cotizadas y los fondos de private equity son una intrusión extractiva en las actividades básicas, que en cambio deberían ofrecer rendimientos moderados y constantes sobre la inversión a largo plazo. El objetivo general del programa presentado por el grupo de Economía Fundamental es simplemente la extensión de la responsabilidad colectiva a estos bienes y servicios esenciales en todas las áreas clave. Los diez puntos que contiene se refieren a cómo esta extensión ha de lograrse a través de diferentes medios, tales como las licencias sociales e impuestos a la riqueza; y cómo funcionaría de manera diferente frente a diversas infraestructuras y actividades, desde la vivienda hasta el suministro de alimentos y energía. Estos 10 puntos del manifiesto son, pues, un despliegue de su visión. 

1. Comenzar con la salud y los cuidados. La sanidad es la actividad en la que es más factible construir una alianza para el cambio. Los profesionales de la salud pueden proporcionar el liderazgo necesario. La medicina de alta tecnología necesita una inversión prudencial para aumentar su capacidad y evitar escándalos de falta de preparación (España invierte el 6% del PIB en salud, mientras que Alemania invierte el 9,5%). En la Comunidad de Madrid desaparecieron 3.267 profesionales y 2.966 camas hospitalarias; en Cataluña 2.407 médicos y 1.170 camas. El sistema público de salud se ha visto incapaz de atender las enormes necesidades de camas de cuidados intensivos para adultos, respiradores y laboratorios médicos, lo que hacía imposible adoptar una estrategia de tests y seguimiento a toda la población. Al mismo tiempo, es necesario ampliar los servicios de Foundational Economy Collective 9 salud y atención de base comunitaria, así como la medicina preventiva orientada al bienestar.

2. Vivienda y energía son las otras prioridades inmediatas. El gobierno debe asumir la responsabilidad de disponer de viviendas sociales que ofrezcan hogares descarbonizados de calidad, garantizando la permanencia mediante un alquiler adaptado a los niveles salariales locales y apoyándose en fórmulas de colaboración con la comunidad. La descarbonización implica tanto el suministro de energía verde como mejoras de aislamiento térmico de viviendas nuevas y ya existentes en todas las modalidades de ocupación.

3. La alimentación necesita reformarse. Unas pocas cadenas de supermercados tienen el poder corporativo y posición dominante en el mercado minorista nacional, pero el modelo de negocio de los supermercados es insostenible y frágil. Se basa en capturar las ganancias de los proveedores a través de la amenaza perpetua de sustitución, que es posible gracias a cadenas de suministro geográficamente difusas y cada vez más desintegradas; mientras que el just-in-time lleva el espacio de venta minorista a su máximo valor.

4. Introducir licencias sociales. Todos los proveedores de servicios básicos deberían tener obligaciones legales, sociales y ambientales. Los proveedores de esos bienes y servicios, con y sin fines de lucro, tienen en muchos casos dominio de determinados mercados territoriales a través de sus redes y sucursales. A cambio, quid pro quo, el gobierno debería Foundational Economy Collective 10 insistir en que garanticen su compromiso con la sociedad, como por ejemplo terminar con la elusión fiscal o el empleo inseguro. El resto de grandes corporaciones deberían incorporarse voluntariamente a este régimen de licencias, y desde luego hacerlo ineludiblemente cuando necesiten algún tipo de apoyo por parte del gobierno (por ejemplo, rescates, permisos de planificación, contratos públicos, capacitación, etc.).

5. Reforma de los impuestos sobre la renta, el consumo y la riqueza. El sector público necesita aumentar considerablemente la capacidad para incrementar sus ingresos. Sin una reforma fiscal, la carga del pago de la deuda contraída en la crisis de la Covid-19 comprimirá la prestación actual de servicios esenciales y desplazará la inversión necesaria en vivienda y salud.

6. La inversión de fondos de pensiones y compañías de seguros debería ir directamente a financiar la provisión de las infraestructuras materiales. La economía fundamental ofrece oportunidades de inversión a largo plazo, estables y de bajo rendimiento, que podrían y deberían financiarse en los mercados con la emisión de bonos sociales o sostenibles a bajo coste. No hay nada nuevo o revolucionario en esto dado que el capital que se invirtió en los ferrocarriles en el siglo XIX obtuvo un 5%, o menos, de rédito.

7. Acortar cadenas de suministros largas y frágiles en productos esenciales. Los servicios básicos, en general, tienen que ser distribuidos localmente, y hay margen para aumentar la producción local de alimentos, pero la mayoría de los productos finales y sus insumos forman parte de una cadena larga de suministro y en gran medida continuarán siéndolo. Ciertamente, no podemos volver a la época de la autarquía. Sin embargo, resulta ridículo importar equipos de protección personal esenciales para los médicos desde países tan lejanos como China. Sería sensato dotarse de cadenas de suministro más cortas con proveedores preferentes cuya producción no se venda al mejor postor. Para el caso de equipos más sofisticados, la solución para la próxima década debería pasar por dotarse de un pequeño número de proveedores europeos que acuerden abastecer el mercado continental sin especulación ni preferencia por el mercado nacional.

8. Cada ciudad, pueblo y área rural debería desarrollar un plan de transición de vida/trabajo. Los planes no solo deberían ser locales, sino que también deberían estar integrados en un marco nacional que los posibilite. La política cotidiana es local y la prestación de los servicios fundamentales es de base territorial, de ahí la importancia de los planes que se desarrollan con la participación ciudadana y que incluyen fórmulas innovadoras para involucrarla. Los consejos, los foros ciudadanos y mecanismos similares conjugan una gran diversidad de opiniones, pero son suplementos esenciales a la democracia representativa porque necesitamos entender lo que le importa a la ciudadanía. Al mismo tiempo, la emergencia climática requiere cambios en la forma en que vivimos y trabajamos porque la vivienda, el transporte y la alimentación representan más de la mitad de las emisiones.

9. Reconstruir la capacidad técnica y administrativa en todos los niveles de gobierno. En el Estado posdemocrático, las elecciones y la competencia continúan, pero las decisiones las Foundational Economy Collective 12 toma una élite político-económica. En el Estado posadministrativo, los departamentos del gobierno combinan estrategias de retórica gerencialista y declaraciones de misión con incapacidad para administrar cualquier cosa de manera efectiva y eficiente. La resolución de la crisis de 2008 puso de manifiesto la actuación del Estado posdemocrático. Las acciones durante la crisis de la Covid-19 revelarán la ineficacia de nuestro Estado administrativo. Esta es una limitación fundamental en el campo de la política.

10. Asumir nuestra parte de responsabilidad en la provisión de servicios fundamentales en regiones adyacentes a Europa. Por ejemplo, las regiones de Oriente Medio y Norte de África necesitan un programa de ayuda de tipo Plan Marshall para la reconstrucción de sus sectores orientados al comercio. La realpolitik sugiere que la responsabilidad constructiva es una postura adecuada en el plano internacional, porque el bajo rendimiento económico y la inestabilidad política en Oriente Medio y África del Norte producen inmigración masiva y refugiados económicos. Asumir responsabilidad por los demás aumentará el presupuesto de cualquier agenda, pero hacer lo correcto puede resultar política y económicamente mucho más rentable a largo plazo.

Para ampliar esta información puede leer ¿Qué viene después de la pandemia?, del Foundational Economy Collective, que contiene esta batería de diez puntos para renovar los fundamentos de la economía, explicados de manera más extensa,o el Manifiesto 2020.

Filippo Barbera,  Oriol Estela Barnet, David Bassens,  Lavinia Bifulco, Andrew Bowman, Luca Calafati, Joselle Dagnes,  Sarah de Boeck, Marta de la Cuesta,  Joe Earle, Ewald Engelen. Jessica Ferm, Julie Froud, Colin Haslam, Sukhdev Johal, Ian Rees Jones, John Law, Adam Leaver, Kevin Morgan, Stefano Neri, Andreas Novy, Leonhard Plank, Angelo Salento, Wolfgang Streeck, John Tomaney, Karel Williams

 

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