La carrera de la inteligencia artificial se ha contado como una carrera de velocidad: más chips, más datos, más parámetros, como si otro tipo de criterios o de indicadores no fueran importantes. Para las empresas europeas, la pregunta debería centrarse en cuánta inteligencia útil obtenemos por cada kilovatio y por cada litro que consumimos. Esa es la métrica diferencial para Europa a la hora de competir con otras IA existentes en el mercado.