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El transporte que no vemos: la gran asignatura pendiente de la acción climática

No se trata de demonizar ningún modo de transporte. Se trata de reconocer las alternativas que ya funcionan.

Cada vez que compramos un producto en el supermercado o llega directamente a nuestros hogares, hay una cadena invisible que lo ha hecho posible. Esa cadena se mueve, principalmente, por carretera. Lo que quizá desconocemos es que ese movimiento silencioso de mercancías es uno de los mayores contribuyentes al cambio climático. Y, paradójicamente, también una de las palancas más potentes y menos utilizadas para frenarlo.

Hoy, cuando la comunidad internacional se reúne en torno al Día Internacional contra el Cambio Climático, los datos nos interpelan urgentemente. Según el Global Energy Review 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las emisiones globales de CO₂ alcanzaron un máximo histórico en 2025: casi 38.400 millones de toneladas. El transporte representa aproximadamente un tercio de ellas (AIE, Energy Efficiency 2025). Dentro del sector, el transporte por carretera —tanto de personas como de mercancías— concentra cerca del 90% del consumo energético (AIE), y el movimiento de mercancías por carretera genera en Europa, 275 millones de toneladas de CO₂ anuales y se asocia a cerca de 50.000 muertes prematuras por contaminación (Rail Freight Forward, White Paper "30 by 2030").

No se trata de demonizar ningún modo de transporte. La carretera ha sido y seguirá siendo esencial para la capilaridad logística. Pero sí de reconocer el desequilibrio del sistema actual y las alternativas complementarias con un impacto ambiental radicalmente menor que existen.

"El ferrocarril mueve el 7% de las mercancías del mundo, pero solo genera el 1% de las emisiones del transporte."

El ferrocarril mueve el 7% de las mercancías mundiales y el 8% de los viajeros, pero solo genera el 1% de las emisiones del transporte (UIC, Global Rail Sustainability Report 2025). Un tren de mercancías consume seis veces menos energía por tonelada transportada y genera nueve veces menos CO₂ que la carretera. Sus costes externos: contaminación, accidentes, congestión, son seis veces inferiores (Rail Freight Forward). En Europa, el sector ferroviario ha reducido sus emisiones un 57% desde 2005, y las energías renovables ya representan el 48% de su consumo energético (UIC, 2025).

¿Por qué no aprovechamos más este potencial?

La respuesta tiene que ver con décadas de diseño logístico centrado en la flexibilidad del transporte por carretera, con infraestructura viaria ampliamente financiada con fondos públicos, mientras el ferrocarril ha afrontado barreras regulatorias y menor inversión intermodal. Además de otros factores históricos como escasez de terminales logísticas, limitaciones de capacidad en algunos corredores estratégicos, coexistencia de distintos anchos de vía y una percepción de menor flexibilidad frente al camión. En España, el tren apenas transporta el 4-5% de las mercancías, frente al 18% de media europea. Sin embargo, el Plan de Transporte Intermodal del Gran Consumo 2026, impulsado por la Oficina del Comisionado del Corredor Atlántico, Aecoc e Ineco, identifica 167 millones de toneladas anuales de tráfico interregional con potencial real de transferencia modal.

El reto no es demostrar que el ferrocarril es más sostenible, sino hacerlo tan fiable y sencillo como la carretera.

El cambio ya ha comenzado. La UE aprobó en mayo de 2026 el Reglamento sobre uso de capacidad de infraestructura ferroviaria (Reglamento UE 2026/1184), y el estudio Net-Zero Logistics de Europe's Rail demuestra que cada euro invertido en logística ferroviaria sostenible genera cinco euros en valor social, con un potencial de evitar 121 millones de toneladas acumuladas de CO₂. A ello se suman las inversiones en los corredores Atlántico y Mediterráneo, el desarrollo de terminales intermodales, los incentivos para impulsar el trasvase de carga de la carretera al ferrocarril. Además, la creciente apuesta empresarial por cadenas logísticas más sostenibles que favorecería una mayor demanda del ferrocarril.

Más allá de la tecnología: personas y estrategia

Pero la descarbonización del transporte no es solo una cuestión técnica. Es una transformación sistémica que requiere visión estratégica, colaboración público-privada y personas capaces de conectar la sostenibilidad con la operativa del negocio.

Necesitamos profesionales que sepan de logística y de sostenibilidad; que entiendan de cadenas de suministro y de huella de carbono; que traduzcan compromisos climáticos en planes de acción concretos y medibles.

"El reto climático no se resolverá solo con tecnología. Se resolverá con estrategia, gestión del cambio y liderazgo sostenible aplicado a sectores reales."

El Informe de Brecha de Emisiones de la ONU, nos recuerda que las emisiones globales deben reducirse un 45% para 2035. No hay margen para la inacción ni para el desánimo: las soluciones existen, están probadas y son económicamente viables. Solo necesitan escala, decisión y las personas adecuadas para implementarlas.

El tren no es el futuro del transporte sostenible. Es el presente que aún no hemos decidido aprovechar.

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Opinión#CambioClimatico26

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