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El futuro sostenible también  se construye desde la química

Si nos detenemos a pensar en nuestro día a día, es probable que la inmensa mayoría de los objetos que utilizamos tengan un punto de partida común. Desde el aislamiento térmico que nos ayuda a gastar menos calefacción en casa hasta los componentes que aligeran el peso de los vehículos de nueva generación o los productos de limpieza, la química desempeña un papel estructural en la sociedad. Pero, al mismo tiempo, también genera alrededor del 3% de las emisiones mundiales de carbono, según Deloitte. Nuestra responsabilidad, por tanto, es doble: reducir la huella de nuestros procesos y hacer posibles soluciones que ayuden a otros sectores a reducir la suya.

El primer reto está dentro de las fábricas. Descarbonizar una actividad industrial no consiste simplemente en cambiar una fuente de energía por otra. Supone transformar procesos complejos y garantizar un suministro renovable competitivo. Son decisiones que requieren mucho tiempo y altas inversiones. Por ello, si queremos que la transformación avance en Europa, necesitamos infraestructuras preparadas, acceso a energía limpia a precios asumibles y un marco regulatorio estable. La sostenibilidad y la competitividad industrial no pueden plantearse como objetivos enfrentados: necesitamos que ambas vayan de la mano para que la transición sea viable.

Hay una segunda transformación, igual de profunda, que comienza mucho antes de fabricar un producto y termina mucho después de consumirlo. La economía circular exige pensar ya desde el diseño en cómo utilizar menos recursos, incorporar materias primas alternativas o recuperar materiales al final de su vida útil. El desafío no es solo desarrollar nuevas soluciones circulares, sino conseguir, también, que funcionen a escala industrial de manera eficiente y competitiva. Porque el verdadero impacto de la innovación no está únicamente en desarrollarla, sino en conseguir que se pueda aplicar a gran escala.

Pero ningún avance de esta magnitud puede hacerse en solitario. Fabricantes, proveedores, clientes, centros de investigación y administraciones tenemos que trabajar juntos para abordar problemas concretos. ¿Cómo podemos aumentar el contenido reciclado de un material? ¿Qué podemos hacer para reducir el uso y coste de la energía en la producción? Para llegar más lejos, con proyectos reales y resultados medibles, las alianzas son clave.

Al mismo tiempo, nada de esto ocurrirá sin personas capaces de llevarlo a cabo. Nuestra industria necesita perfiles que combinen conocimiento científico, ingeniería y nuevas competencias vinculadas a la tecnología y la circularidad. Atraer talento, reforzar las vocaciones científicas y tecnológicas y actualizar las capacidades de los equipos actuales es indispensable. Porque detrás de cada nuevo avance hay profesionales que lo diseñan, lo operan y encuentran la manera de mejorarlo.

Afrontar el reto climático es, en esencia, un aprendizaje continuo que nos invita a actuar hoy pensando en el mañana. Las prioridades para los próximos años están claras y pasan por asegurar el acceso a la energía limpia y consolidar una cultura colaborativa. En este contexto, la resiliencia ya no consiste únicamente en resistir las dificultades, sino en aprovechar este momento de cambio para evolucionar y hacer las cosas mejor. Con unas reglas del juego estables, honestidad al comunicar y el talento humano adecuado, tenemos la capacidad de seguir creando los materiales que harán posible un entorno mucho más amable y equilibrado para todos.

El cambio climático nos obliga a actuar con urgencia, pero también con visión de largo plazo. Para la industria química, esto supone reducir las emisiones asociadas a nuestra actividad y, al mismo tiempo, desarrollar soluciones que ayuden a otros sectores a avanzar en su descarbonización. Conseguirlo exige algo más que fijar metas ambiciosas. Necesitamos energía limpia y competitiva, innovación aplicable a gran escala, colaboración y talento para hacer posible esta transformación. Porque la verdadera contribución de la química a la lucha contra el cambio climático no se medirá solo por cuánto consigamos reducir nuestras propias emisiones, sino también por nuestra capacidad para ayudar a reducir las del resto de sectores.

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Opinión#CambioClimatico26

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