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El próximo reto de la acción climática empresarial

El cambio climático ya no es un riesgo del futuro. Es una realidad que está transformando las condiciones en las que operan las empresas, desde la disponibilidad de recursos y la estabilidad de las cadenas de suministro hasta las decisiones de inversión y las oportunidades de crecimiento.

El pasado septiembre, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) recordó la importancia de seguir acelerando la acción climática. Sus análisis apuntan a que superar temporalmente el umbral de 1,5 °C de calentamiento global es ya prácticamente inevitable y que, incluso en el escenario más favorable, el calentamiento podría alcanzar un pico de al menos 1,8 °C.

Este escenario refuerza una doble necesidad para las empresas: acelerar la reducción de emisiones y, al mismo tiempo, prepararse para un clima que ya está cambiando. Esto implica integrar los riesgos físicos y de transición en las decisiones de inversión, las operaciones y las cadenas de valor. Cada décima de grado evitada importa tanto para reducir los impactos climáticos como para limitar sus consecuencias económicas.

En este Día Internacional contra el Cambio Climático, la pregunta ya no es únicamente qué compromisos asumimos, sino cómo conseguimos convertirlos en decisiones de inversión, soluciones escalables y transformaciones reales de nuestros negocios.

La acción climática también es una oportunidad de negocio

Aunque todavía persiste la percepción de que la sostenibilidad representa principalmente un coste, los datos ofrecen una perspectiva diferente.

Según el Carbon Disclosure Project (CDP), el coste mediano estimado de mitigar determinados riesgos ambientales es casi 13 veces inferior al impacto financiero potencial de esos mismos riesgos si llegan a materializarse. En otras palabras, anticiparse puede ser considerablemente más económico que asumir las consecuencias de la inacción.

Pero la oportunidad va más allá de evitar pérdidas. Un análisis del Foro Económico Mundial y Boston Consulting Group muestra que, entre 2020 y 2024, los ingresos asociados a productos y servicios sostenibles crecieron a un ritmo anual del 12 %, el doble que los ingresos convencionales. Además, el mercado mundial de soluciones sostenibles ya supera los cinco billones de dólares y podría alcanzar más de siete billones en 2030.

Estos datos refuerzan un mensaje fundamental: la descarbonización y la competitividad no son objetivos contrapuestos. Integrar la acción climática en la estrategia empresarial puede impulsar la eficiencia, fortalecer la resiliencia y abrir nuevas oportunidades de mercado.

Financiar, innovar y escalar: las claves de la transformación

Sin embargo, reconocer las oportunidades no significa que estas se materialicen automáticamente. Uno de los grandes desafíos para los próximos años será cerrar la distancia entre la ambición climática y su implementación. Esto exige traducir los objetivos de descarbonización y adaptación en proyectos concretos con resultados medibles, viabilidad económica y capacidad para atraer financiación.

También implica entender que innovar no consiste únicamente en desarrollar nuevas tecnologías. La verdadera innovación se produce cuando una solución demuestra su valor, supera la fase piloto y consigue integrarse en las operaciones y decisiones estratégicas de una organización.

El éxito de la acción climática no debería medirse únicamente por el número de proyectos que ponemos en marcha, sino por nuestra capacidad para convertirlos en una nueva forma de hacer negocios.

Precisamente este ha sido el foco del Clúster de Cambio Climático de Forética durante 2026: explorar cómo la financiación y la innovación pueden acelerar la descarbonización y reforzar la resiliencia empresarial. El Clúster reúne a más de 60 empresas de diversos sectores de la economía española, comprometidas con intercambiar conocimiento, compartir soluciones y colaborar para avanzar hacia una transformación real del sector privado.

Porque ningún sector puede abordar esta transición de forma aislada. Necesitamos conectar empresas, entidades financieras, administraciones públicas y agentes de innovación para movilizar inversiones, superar barreras y llevar las soluciones a una escala verdaderamente transformadora.

De cara a los próximos años, nuestra prioridad debe ser clara: pasar de identificar riesgos a incorporarlos en las decisiones empresariales; de desarrollar proyectos aislados a desplegar soluciones escalables; y de entender la sostenibilidad como una agenda paralela a convertirla en parte esencial de la competitividad.

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Opinión#CambioClimatico26

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